Comer y dormir mal, el cóctel más mortífero

Comer y dormir mal, el cóctel más mortífero

El 90% de los españoles dice que come sin fundamento por el alto precio de los alimentos y muchos reconocen que duermen poco y mal; es la combinación perfecta para las peores enfermedades

FERMIN APEZETEGUÍA

A veces, aunque sean pocas, la mayoría se equivoca. Una encuesta publicada hace sólo unos días revela que el 90% de los españoles come mal. Su alimentación no se ajusta, ni de lejos, a los patrones de la dieta mediterránea y la mayoría de ellos argumenta que lo hace así por dos motivos. Les falta tiempo y el precio de los alimentos resulta demasiado elevado. Como argumento puede valer, hasta cierto punto, pero como excusa carece de todo fundamento. Con un poco de imaginación y organización se puede comer de manera sana y ordenada sin necesidad de gastarse mucho dinero.

El informe contiene, además, otro dato que unido al anterior constituye un auténtico cóctel mortal. Hacemos, en general, poco deporte y como consecuencia dormimos poco y mal. La falta de sueño crónica unida a una mala alimentación es la principal causa de sobrepeso y obesidad, la pandemia que más muertes provoca en el mundo occidental en forma de infartos, derrames cerebrales y otras complicaciones vasculares.

El estudio, elaborado por una empresa ligada al sector del seguro, señala en línea con otros trabajos anteriores que se consume la cantidad de pescado adecuada, pero no se alcanzan los mínimos en lo referente a frutas, verduras y legumbres. La ingesta de lácteos, dulces y carnes está, en cambio disparada. Hasta tal punto que ni siquiera el 7% de la población –¡una de cada quince personas!– alcanza los mínimos de alimentación saludable.

Producto de temporada

Comer sano no es tan caro. Existen formas de hacerlo sin necesidad de gastarse un dineral, según explica la endocrinóloga y nutricionista Nerea Gil. «Muchas veces es más fácil quitar el hambre por pocos euros con una hamburguesa, patatas fritas y un refresco, pero eso no es sano», recuerda la especialista de la Red de Salud IMQ. La compra de productos de temporada, preferiblemente autóctonos que siempre abaratan costes, permite elaborar menús variados, sabrosos y saludables.

Abril es tiempo de acelgas, alubias de todo tipo, espinacas, cebolletas y calabazas, además de puerros, patatas, pimientos de Gernika (que ya empiezan), zanahorias y lechugas variadas. El mar comienza a ofrecer lo mejor de sí: anchoas, que esta temporada hay tantas que han bajado de precio, bacalao, merluza del Cantábrico, rape, verdel y la sanísima sardina. En la sección de carnes, a la oferta de todo el año se une el cordero lechal,y en la frutería, a las manzanas, peras y kiwis de marzo, se suman las fresas y las cerezas, más de primavera.

Los congelados como alternativa

Si adquirir producto fresco le resulta demasiado caro, no hay problema. Aún hay alternativas para llenar la cámara de salud. «Los productos congelados resultan en general bastante más baratos que los frescos;con un kilo de verdura, por ejemplo, tienes género para varios días», recuerda la especialista. ¿Es igual de saludable el congelado que el fresco? Pues lógicamente no, porque el proceso de congelación y descongelación favorece la pérdida de vitaminas, lo mismo que una cocción lenta en el caso de las verduras. «Nada que no resuelva una olla exprés, que además permite cocinar en 10 minutos», resuelve Nerea Gil. Por mucho nutriente que se pierda en el camino, no lo dude. Siempre será más saludable un buen producto –aunque esté refrigerado– que una 'comida basura'.

La falta del tiempo tampoco sirve como argumento. La comida del día siguiente puede resolverse en poco tiempo si se cocina para varios días, se utiliza una olla a presión o se eligen platos de preparación rápida, como una ensalada o pasta. Por la noche, es cierto que se llega cansado a casa y no apetece nada ponerse el delantal. Pero, como recuerda la especialista, un filete a la plancha no tiene demasiado secreto. Es sólo ponerse.