La crisis de la vivienda dispara al 35% los vascos que viven «en la cuerda floja» de la pobreza
Cáritas destaca el aumento de la «integración precaria» y ve en el precio de la vivienda el «epicentro de la desigualdad»
Más de la mitad de los vascos, un 53,5%, viven en «integración plena», sin riesgo de sufrir pobreza. En el otro extremo, el 12% – ... unas 259.000 personas–, están «fuera», en situaciones de exclusión, y 84.000 de forma «severa». Estos porcentajes están, todos ellos, por debajo de otros años. Pero muchos de quienes se encontraban en esas circunstancias, las buenas y las malas, conforman ahora una bolsa de ciudadanos que permanecen «en la cuerda floja» –con dificultades en ámbitos como la vivienda o el empleo– que se ha disparado del 27% al 35% desde 2018. Ese grupo cada vez más grande es uno de los que más preocupa, por su volumen –784.000 personas–, a la Fundación Foessa y a Cáritas Euskadi, que presentaron ayer un macroinforme sobre exclusión y desarrollo social en la comunidad autónoma. «No solo importa cuánta inclusión hay, sino cómo de frágil es», advirtió Thomas Ubrich, del equipo técnico de Foessa, que también destacó que nos encontramos «en un proceso de fragmentación social», con una «clase media en retroceso» y con el «desplazamiento de muchas familias a estratos inferiores».
Son varios los factores que están detrás de esta situación, pero los resultados del análisis, en base a 600 entrevistas en profundidad a una muestra de otros tantos hogares vascos, apuntan a la vivienda como «el epicentro de la desigualdad» y «la puerta de entrada» a estas situaciones de «precariedad». La exclusión residencial afecta, de acuerdo al documento, a un 17% de los habitantes de la comunidad autónoma, más de 380.000 personas. Son dos décimas menos que en 2022 aunque, debido al incremento de la población, afecta a 7.000 personas más que entonces.
Las cifras
35% Integración precaria
Unos 784.000 vascos están «en la cuerda floja».
12% Exclusión
259.000 vascos se encuentran «en los márgenes» de la sociedad.
17% Exclusión residencial
Afecta a 380.000 personas que residen en viviendas poco apropiadas.
13% Gastos de vivienda
122.000 hogares por debajo del umbral de la pobreza tras pagar suministros.
22,5% Gastos imprevistos
504.000 vascos no pueden costear, por ejemplo, arreglar un electrodoméstico.
13% Hambre
Hogares en los que han pasado hambre en los últimos diez años.
Se trata de ciudadanos que viven «en lugares no adecuados» o «insalubres», en situaciones de «hacinamiento», con «inestabilidad» o que tienen «dificultades para afrontar» los gastos de mantenimiento y que optan no ejecutarlos. Así, el 0,8% de los residentes en Euskadi pernocta en una chabola o una infravivienda, el 2,5% con humedades o suciedad, el 3,9% con menos de quince metros cuadrados por persona...
El incremento del precio de la vivienda abunda en la exclusión, en la medida en que un 13% de las familias (122.000), una vez pagados alojamiento y suministros, «caen por debajo del umbral de la pobreza», un punto más que en 2022 y casi tres más que en 2018. Los «gastos excesivos» en este ámbito tienen mayor incidencia en Euskadi que en España, puntualiza el informe. A nivel estatal, los hogares en exclusión que se encuentran en una situación de pobreza tras abonar las facturas ascienden a un 43,9%, frente al 54,6% en la comunidad autónoma.
Además de «la exclusión de derechos sociales como la vivienda» y el «ensanchamiento de la integración precaria», Ana Sofi Telletxea, responsable del equipo de Análisis y Desarrollo Social en Caritas Bizkaia, aprecia otra «tendencia preocupante»: la existencia de «bolsas» que dejan «a muchos hogares sin margen para afrontar nuevos golpes». El informe, en ese sentido, cifra en un 22,5% la población que no puede afrontar un gasto imprevisto, casi dos puntos más que en 2018, y en un 12% la que no logra mantener su vivienda a una temperatura adecuada (+6,5).
Familias con niños en pensiones para que no acaben «en la calle»
El informe de la Fundación Foessa y Cáritas Euskadi quiere poner «rostro» a la exclusión social en Euskadi. Y, sobre todos los demás perfiles, destaca el de las familias con menores a su cargo. Según refleja el análisis, los hogares con niños y adolescentes suponen «el 65%» de la población excluida, lo que se traduce en que «el sobrecoste de la etapa de crianza dispara los riesgos». Por eso no es de extrañar que «desde servicios sociales» se esté llevando a «hoteles y pensiones» a familias con niños para que «no caigan en una situación de calle».
Ana Sofi Telletxea, responsable del equipo de Análisis y Desarrollo Social en Caritas Bizkaia, lamenta que el sinhogarismo «se está arraigando y creciendo» en Euskadi. En estos casos también entra en juego la precariedad laboral o la carencia de empleo, que afectan especialmente a jóvenes y migrantes, perfil mayoritario de quienes residen en la calle. El informe recoge que las tasas de exclusión entre quienes poseen otra nacionalidad son cinco veces superiores a las de quienes tienen la española, 41% frente a 8%. En el caso de los jóvenes, subrayan, «la tasa de paro duplica a la tasa general». Y el último de los rostros que cita el documento es el de mujer: la exclusión afecta a un 15% de los hogares que encabezan, frente un 10% en los que el sostén es un hombre.
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