¿Qué oculta la tiranía de la corrección política?

</p><p>Justin Trudeau, disfrazado en una imagen de 2001. </p><p>/ RC
</p><p>Justin Trudeau, disfrazado en una imagen de 2001. </p><p> / RC

Una vieja foto del primer ministro de Canadá pintado de negro le pone en la picota por «racista».

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Si de pequeño alguna vez se disfrazó de cíngaro siendo payo, de hombre con bigote y bulto en la entrepierna siendo una mujer o de comanche siendo de la estepa aragonesa, tal vez haya truncado sin saberlo una prometedora carrera en la cosa pública. Al menos, en Canadá y puede que bastante más cerca también. Allí, el primer ministro, Justin Trudeau, se encuentra en el ojo del huracán después de que la revista estadounidense 'Time' haya publicado una vieja fotografía en la que aparece, rodeado de estudiantes y colegas, cuando era profesor en 2001 en la West Point Grey Academy, un reputado instituto privado de Vancouver, en la Columbia Británica. El morrocotudo escándalo consiste en que el ahora mandatario norteamericano, que ha hecho de sus soflamas en favor del multiculturalismo y en contra de cualquier forma de discriminación la marca de su gobierno desde que llegó al cargo, en 2013, está disfrazado de Aladino con turbante y maquillaje de color marrón oscuro.

La difusión de la instantánea, tomada durante una fiesta temática llamada 'Noches árabes' e incluida en un boletín mensual del centro de enseñanza, ha arrancado una reacción de arrepentimiento inmediato por parte del interfecto. Inmerso como está en una descarnada campaña electoral que cada vez se le pone más cuesta arriba, ha corrido a dirigirse a los periodistas que le acompañan en su periplo nacional para promocionar su reelección. Lo ha hecho de esta insólita manera: «Lo lamento profundamente. Jamás debí hacerlo. Fue un error. Me decepcioné a mí mismo». Compungido ante los micrófonos, el político liberal ha agregado que, si bien creyó durante todo este tiempo que no se trataba de un «gesto racista», «ahora lo sé». Trudeau ha ido más lejos y ha confesado que no se trataba de la primera vez (que se maquillaba de marrón oscuro). Ya lo había hecho antes, durante sus años de Secundaria, al objeto de hacerse pasar por un jamaicano para un espectáculo de canto del colegio.

Entonado el 'mea culpa', el canadiense ha descartado la posibilidad de dimitir, tal y como le exigen los adversarios a los que se medirá en los próximos comicios que celebrará su país, fijados para el 21 de octubre. «Me sorprendió mucho y me decepcionó, como a todos los canadienses, cuando me enteré de las acciones de Justin Trudeau. Es un acto de burla y racismo. Era tan racista en 2001 como lo es en 2019», se ha recreado su principal antagonista, Andrew Scheer, líder del Partido Conservador, para quien «alguien con una falta total de juicio e integridad no está en condiciones de gobernar el país».

Ramón Rufín Experto en marketing «El conservadurismo induce a despertar el dictador que todos llevamos dentro»

Javier Elzo, sociólogo: «La sociedad occidental está aburrida por su riqueza y busca llamar la atención»

Victoria Prego, periodista: «La polémica es ridícula pero que Trudeau se disculpe, un disparate»

Jagmeet Singh, miembro de la comunidad sij, donde el turbante froma parte de su indumentaria cotidiana, y dirigente del Nuevo Partido Democrático, ha aprovechado igualmente para afilarse las uñas. A su juicio, el «inaceptable» gesto de Trudeau (en la controvertida fotografía) le hace suponer que el comportamiento del liberal no es igual en público que en privado. El Consejo Nacional de Musulmanes Canadienses tampoco se ha quedado atrás. «Pintarse la cara de esa forma es reprobable y recuerda una historia de racismo y una mitología orientalista que es inaceptable», ha escrito en su cuenta oficial de Twitter, en donde ha agradecido después las disculpas ofrecidas por el primer ministro.

«Represión» y «puritanismo»

¿El afán bienintencionado de proteger a las minorías de cualquier ofensa ha superado los límites del sentido común? ¿Qué hay detrás de esta dinámica binaria y tóxica entre lo políticamente correcto y lo intolerable? ¿A dónde nos conduce la tiranía opresora de la ultracorrección? El catedrático de Investigación de Mercados de la UNED y profesor de Marketing Público Ramón Rufín sitúa este fenómeno en un contexto «represor». «Hemos pasado de querer una convivencia en libertad a reemplazarla por una opinión pública prohibicionista. Esta corriente es apreciable en muchos ámbitos del comportamiento social. Se establecen criterios sobre lo que hay que comer, cómo tiene que ser nuestro cuerpo, los libros que debemos leer, a dónde hay que ir a veranear... La riqueza de la que disfrutamos en Occidente lleva asociados históricamente dos tipos de fenómenos, el populismo y el conservadurismo (y no hablo de las derechas), y este último induce a despertar el dictador 'amateur' que está latente en todos nosotros. Es decir, a que intentemos que el prójimo se comporte como nosotros queremos. Hoy esto es tendencia», expone el especialista a este periódico.

La teoría de la conspiración

Una 'vendetta' de Trump tras la mofa mundial por esta imagen El atractivo de Justin Trudeau en las distancias cortas encuentra reflejo a menudo en la cara de muchas mujeres. Los fotógrafos han recogido a la duquesa de Cambridge visiblemente agradada ante la presencia del primer ministro canadiense o a la hijísima Ivanka Trump indisimuladamente hechizada con los ojos azules del político liberal, durante una reunión de trabajo bilateral. La última en dejarse retratar encantada de saludar a Trudeau fue Melania Trump. Ocurrió hace apenas un mes en la localidad francesa de Biarritz, donde el G-7 celebró su última reunión. La imagen de la esposa del presidente estadounidense a medio camino de besar las mejillas del mandatario de Canadá mientras su marido le asía de la mano con gesto serio dio la vuelta al mundo. De ahí que algunos medios al otro lado del Atlántico hayan interpretado que el dirigente republicano ha sido quien ha mandado frotar la lámpara de... Aladino.

Al catedrático de Sociología de la Universidad del País Vasco (UPV) Javier Elzo le llama la atención el «púlpito laico» en el que, dice, se han convertido los medios de comunicación «pontificando constantemente sobre lo que es y no es políticamente correcto, lo mismo en las salidas al campo que en el complejo debate de la mujer». Pero, matiza, «no toda la culpa es de la televisión y de los políticos». En su opinión, la sociedad se ha instalado en un estado de «puritanismo», de manera que «en cuanto alguien se sale un poco de la norma general, nos echamos todos encima». «Estamos perdiendo la cordura. Esta es una sociedad aburrida por su riqueza que busca desesperadamente el modo de llamar la atención», sintetiza en clara sintonía con Rufín. Esos esfuerzos denodados no se redoblarían, eso sí, si no tuvieran el poderoso respaldo difusor de las plataformas digitales y, en especial, de las redes sociales. «Son el mecanismo perfecto para amplificar el fenómeno y reponer el cubo de la basura», coinciden en destacar ambos expertos.

«Sacralizar sensibilidades»

En un plano más prosaico, la veterana periodista Victoria Prego arremete de manera tajante contra el «ridículo» de la polémica que sacude estos días la política canadiense. «¿Ya no se pueden celebrar fiestas de disfraces? ¿Si te vistes de la reina Nefertiti resulta que ofendes a los egipcios? Creo que todo esto es el reflejo de la exasperación del control y de la sensibilidad de todos los colectivos sociales y grupos étnicos. Se han sacralizado sus sentimientos y sensibilidades», aprecia para censurar, a renglón seguido, al protagonista de la controversia por cometer el «disparate» de pedir perdón. «No comprendo que diga que se arrepiente por una tontería así. Yo le echaría precisamente por eso», añade sin contemplaciones.

Sobre el terreno de juego, un país, Canadá, que en un mes decidirá a quién deja el bastón de mando. «Es lógico que los políticos intenten conseguir y mantener el poder. Lo que no es tan lógico es el tactismo feroz con el que se emplean últimamente, hasta el punto de que no se atrevan a decir alto y claro que disfrazarse de Aladino y pintarse para ello la cara de marrón es una absoluta tontería. Pero se han avenido con lo política correcto y están tomando de su propia medicina; han caído en su propia trampa», sostiene el catedrático de Investigación de Mercados de la UNED. «Lo políticamente correcto es tan evanescente que es una farsa», zanja el experto.