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«Muy pocos narcos llegaron a ser ricos»

./VIRGINIA CARRASCO
. / VIRGINIA CARRASCO

El juez Vázquez Taín, pesadilla de los capos gallegos, cree que perdieron sus fortunas por los embargos y la compañía de una «fauna» de abogados, empresarios y asesores fiscales

ANTONIO PANIAGUA

Laureano Oubiña, un hombre que había enterrado más de 1.250 millones de pesetas en la compra y rehabilitación del Pazo Baión, conocido por los gallegos como 'Falcon Crest', tuvo la osadía de presentarse en el juicio de la 'operación Nécora' calzando unos zuecos, como si fuera un pobre aldeano. En verdad, apenas sabía leer y escribir. Era y sigue siendo mentiroso, pendenciero, colérico y arrogante. Comenzó como estraperlista de gasoil, chatarra, café y tabaco. Con el tiempo, montó todo un tinglado que disponía de una flota de pesqueros con los que transportaba el hachís desde Marruecos. El de Cambados siempre ha negado que traficara con cocaína y se ha definido como un hombre de negocios al que le habían ido bien las cosas. El contrabandista, que ha pasado 32 de sus 72 años de vida en prisión, atesoró una fortuna ingente, pero ahora no debe de tener ni un euro. «El dinero fácil se gasta fácil», asegura en el documental 'Yo fui un narco', que emitirá el canal DMAX los próximos martes y miércoles. Le pasó lo que a otros muchos capos del narcotráfico gallego; la legión de asesores fiscales, banqueros, abogados y empresarios de que se rodeaban chuparon la sangre y el dinero de hombres poco instruidos.

El juez José Antonio Vázquez Taín, actual titular del Juzgado de lo Penal número 2 de A Coruña, estuvo destinado cinco años en Vilagarcia de Arousa (Pontevedra), entre 1999 y 2004, tiempos difíciles en que los niños «querían ser narcos o contrabandistas de tabaco». Vázquez Taín es uno de los muchos participantes en la producción, en la que también comparecen con sus testimonios el exjuez Baltasar Garzón, el entonces fiscal Antidroga, Javier Zaragoza, y el arrepentido Ricardo Portabales.

Los héroes de entonces para muchos gallegos se llamaban Manuel Charlín, José Ramón Prado Bugallo, 'Sito Miñanco', y el propio Oubiña, artífices de que la Rías Baixas fueran inundadas por la 'marea blanca' de la coca. Laureano Oubiño, impulsivo y arriscado, carecía del don de gentes y los contactos que hicieron célebre a Marcial Dorado, así como de las veleidades benefactoras de 'Sito Miñanco'. Tampoco estaba dotado del espíritu sanguinario y de la capacidad para urdir maquinaciones de 'El Viejo', Manuel Charlín Gama, patriarca de 'los Charlines'. «A falta de esas virtudes, encontró en Esther Lago, una administrativa de su emporio con la que acabó casándose en un segundo matrimonio, el complemento ideal». «Ella sabía manejar el dinero, sellar pactos, era la que iba a hablar con los abogados para que gestionaran las cuentas para el traslado de capitales», dice Vázquez Taín.

- ¿Está arruinado Laureano Oubiña tras el embargo del pazo?

- Muy pocos narcos llegaron a ser ricos. La mayoría, entre ellos Oubiña, se gastaban todo de forma inmediata porque se rodearon de un montón de gente que vivía a su costa, toda una fauna de asesores fiscales, banqueros y abogados. Había cientos de empresarios de corbata a su vera para sacarles el dinero de forma casi delictiva.

Los celos de Esther Lago

Los capos gallegos no derramaron demasiada sangre y los ajustes de cuentas que realizaron los hicieron de puertas para adentro. Sin embargo, su mayor error fue la ostentación. Los millones que amasó Laureano y que guardaba en cajas de tomates los blanqueó comprando un edificio medieval que albergaba 287 hectáreas de viñedos de Albariño. «Esther Lago, que era muy celosa y hasta acompañaba a su marido en las descargas, fue quien convenció a Laureano para que comprara el pazo», asegura Vázquez. Fue su ruina, ya que se convirtió en icono del enriquecimiento ilícito y blanco de las iras de madres contra la droga.

No menos ostentosos fueron Marcial Dorado, que se hizo construir en su mansión de Illa de Arousa un enorme Buda, o 'Sito Miñanco', que llegó a guardar en su garaje tres Chevrolet Corvette, al tiempo que hacía cientos de visitas al casino de A Toxa.

- ¿Se cree la versión de Núñez Feijóo, quien se hizo fotos con Marcial Dorado y dijo desconocer su faceta de narco?

- Sí que me la creo. Yo ordené la detención de Marcial Dorado. Tenía los teléfonos intervenidos y sabía que ambos no tenían ningún negocio en común. A mí personalmente me invitó a comer, a través de un abogado, claro está, en calidad de empresario. Era un hombre respetado, propietario de dos inmobiliarias, una compañía de gasóleos y varias bodegas de Albariño. Así como Villarejo grababa todo, Marcial era un obseso de sacar fotografías. Las imágenes que salieron publicadas son de 1997 y se sacaron cuando Feijóo estaba en Madrid y ejercía de director general de Correos, de modo que seguramente no conocía muy bien las actividades de este individuo. Garzón lo citó como testigo en la 'operación Nécora', ni siquiera lo imputó. La gente no se lo cree, pero en el registro encontré cientos de instantáneas en un cajón de Marcial con dirigentes públicos que hoy son todos cadáveres políticos. En el año y nueve meses que duró la investigación, no hallé nada que no fueran llamadas a la Xunta en calidad de empresario.

Para el juez, la complicidad de la clase política con los narcos no sería aceptada hoy en día. Cuando Vázquez vestía la toga en Vilagarcia, la sociedad miraba para otro lado, había «conciencias adormecidas» porque en el imaginario popular pesaba la fantasía de que todos podían sacar tajada de la 'fariña'. «Molestaba el yonqui que rompía la ventanilla del coche», pero no el palurdo que gastaba relojes de oro. «Es lo mismo que ahora está pasando con el tráfico de heroína y hachís en la Línea de la Concepción». No fue hasta que empezaron a caer como moscas drogadictos por sobredosis y sida, cuando la sociedad se sublevó.

El magistrado cree injusto que se considere solo a la antigua Alianza Popular como la única fuerza destinataria de los sobornos en la región. Si uno recibía una mordida, el adversario decía: «¿Y para nosotros no hay nada?». La coca lo impregnaba todo. No en balde, el 'informe Navajas' vincula la financiación de los GAL con el narcotráfico.

Lo que empezó con el 'Winston de batea', siguió con el hachís y terminó con los fardos de coca en las costas gallegas dejó un rastro de podredumbre incontrolable. Vázquez Taín llegó a contar con 27 hombres a su servicio entre miembros de la Policía y el Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA), un número manifiestamente insuficiente. En dos décadas, las que van de 1990 a 2010, estima que entraron por Galicia entre 80 y 90 toneladas al año de cocaína dirigidas al mercado europeo, a la luz de las estimaciones más prudentes, basadas en cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

A juzgar por las recientes detenciones de 'Sito Miñanco' y el jefe de 'los Charlines', quien luego fue excarcelado junto a sus compinches, los viejos capos son tan adictos a su negocio como los cocainómanos a la farlopa. «No saben hacer otra cosa, de modo que siguen trabajando».

Nuevas rutas

Después de los continuos golpes que sufrieron los capos gallegos tras el juicio de 'la Nécora', algunos cabecillas se han adaptado a las circunstancias. Unos se fueron a Andalucía, especialmente a Málaga, donde creyeron que pasarían más inadvertidos, y otros como el hijastro de Oubiña, David Pérez Lago, se afincaron en Madrid. «Uno de los grandes capos que nunca ha caído, y del que me abstengo de decir su nombre para que no se querelle contra mí, está viviendo en Colombia». Ahora se han rediseñado las rutas y los narcos han reanudado lazos con sus viejos aliados belgas, de manera que la cocaína no desembarca en las costas gallegas, sino que viaja al puerto de Amberes, donde resulta sencillo camuflarla en contenedores, para distribuirse después por carretera.

Es hora de hacer autocrítica. El juez piensa que se pecó de impaciencia y precipitación en la 'operación Nécora', además de que el sistema judicial adolecía de falta de especialización para enfrentarse a la delincuencia organizada. «Nunca me pareció bien que se basara todo el proceso en el testimonio de dos arrepentidos».

Cuando el Tribunal Supremo rebajó las penas del 'caso Nécora', ya de por sí contestadas por las organizaciones contra la droga, se puso de manifiesto que no bastaba con la declaración de un testigo indirecto. Había que reunir pruebas de quién impartía las órdenes y cómo se distribuían las tareas. Por lo demás, Vázquez Taín cree que España es demasiado «benévola» con las garantías que se aplican con miras a llevar a cabo pinchazos telefónicos, más pensados para proteger a «la gente honrada que para capturar a delincuentes». «En Inglaterra se hacen las escuchas sin autorización judicial».

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