La pista del crimen de Llanes estaba en Bilbao

Pedro Nieva es conducido por un guardia civil tras un registro/
Pedro Nieva es conducido por un guardia civil tras un registro

La clave del caso estuvo en un teléfono móvil que el supuesto inductor llevó a arreglar a una tienda de la villa y que la Guardia Civil requisó

DAVID S. OLABARRI BILBAO.

Pedro Nieva estaba siendo vigilado las 24 horas del día por la Guardia Civil: su teléfono estaba pinchado, los agentes habían colocado 'chinchetas' de seguimiento en sus coches, un BMW X3 y un Audi A6 de alta gama. E incluso habían recibido autorización judicial para entrar en su casa de Amorebieta y colocar micrófonos y cámaras de grabación durante un mes. Para esa época, la hipótesis de que se hubiese tratado de un crimen motivado por la actividad política de Ardines había perdido fuerza. Y Nieva, que tenía encima a decenas de agentes, era ya el principal sospechoso. Pensaban que había matado, u ordenado matar, a Ardines. Creían que lo había hecho por celos, por su incapacidad para superar que su mujer le hubiese sido infiel. Habían pasado dos meses desde que el concejal de IU había aparecido muerto, con un fuerte golpe en la cabeza y signos de haber sido asfixiado, en un camino rural de Belmonte de Pría. Y a los investigadores les faltaba algo de lo que poder tirar, una pista que les permitiese empezar a atar cabos. Tenían muchas sospechas, pero poco más.

La pista que buscaban apareció en Bilbao el 24 de octubre de 2018. En concreto, en la tienda Txesmika de la calle General Concha, en pleno centro de la villa. Nieva llevó su Iphone X a reparar a este establecimiento, dedicado a la venta de productos de Apple. Él no lo sabía, pero acababa de cometer un error fatal.

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El móvil dio acceso a mensajes, ubicaciones y permitió saber la identidad del resto de implicados

Los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil no perdieron ni un minuto. Sabían que una oportunidad así no se presenta todos los días y debían actuar rápido. Llamaron al juez y prácticamente de forma inmediata consiguieron una autorización para hacer una copia del contenido del móvil. Poco después se presentaron en la tienda con una orden judicial y acompañados de un letrado de la administración de justicia de Bilbao. Hicieron el volcado del contenido del Iphone y se marcharon. Nieva recogió el teléfono más tarde totalmente ajeno a lo que acababa de pasar.

El contenido confirmó las sospechas de los agentes de que se encontraban ante un crimen pasional. Pero, sobre todo, aportó una gran cantidad de información que resultaría decisiva en una investigación que a partir de ese momento entró en una nueva dimensión. Un trabajo policial que culminaría cuatro meses después con la detención de Nieva y los otros tres supuestos implicados.

En ese móvil había de todo. Lo primero que comprobaron los policías fue que Nieva entró en un estado «permanente de desazón, celos y rabia» desde el 9 de diciembre de 2017. Aquel día fue a comer al bar Muros con su mujer, Katia Blanco, y con Ardines. En un momento dado, el supuesto inductor se levantó un momento para ir al baño y dejó su móvil, oculto bajo una servilleta, con la grabadora encendida. Katia y Javier no lo sabían y hablaron de forma distendida de su relación y de que llevaban años «librando».

La visita del 27 de julio

Los mensajes del móvil de Nieva con su mujer en los días posteriores revelan el grave conflicto que se desató a partir de entonces en una pareja que llevaba juntos desde que apenas eran unos adolescentes. El supuesto inductor escuchó la grabación «1.000 veces». Pero su mujer negaba que le hubiese sido infiel. Pedro empezó a visitar páginas web de tiendas que venden equipos de vigilancia encubierta e incluso de establecimientos que realizan tests de ADN para determinar la paternidad. Después de aquellos mensajes siguieron meses de aparente calma.

El teléfono -y los repetidores que sirven para dar cobertura- aportaron otro dato clave. El 27 de julio Nieva se desplazó desde Amorebieta hasta Belmonte de Pría. En un momento dado, su coche se estropeó y pidieron un taxi para Pedro y otras dos personas. ¿Quiénes eran? La Guardia Civil examinó todos los repetidores y listados telefónicos y comprobó que un número determinado había realizado ese desplazamiento al mismo tiempo y en el mismo lugar. También comprobaron que había numerosas llamadas entre ellos. Esta persona era Jesús Muguruza, una persona de máxima confianza de Nieva que supuestamente se encargó de contratar a los sicarios. El otro ocupante del vehículo era Djillali Benatia, un argelino de apenas metro sesenta con diversos antecedentes por robos con violencia. Su teléfono también estaba en Llanes aquel 27 de julio, cuando según los investigadores acudieron a preparar los detalles del asesinato.

El día 5 de agosto se produjeron dos acontecimientos importantes. Ese día Katia se desplaza para iniciar las vacaciones en Belmonte de Pría, donde tienen su segunda residencia. Pedro viaja en otro coche. A media mañana algo grave debe ocurrir entre ellos dos. Porque a las tres de la tarde, cuando había emprendido el viaje de vuelta a Amorebieta, envía a la mujer y a la hija de Ardines el audio que había grabado meses antes en el restaurante.

El 15 de agosto, un día antes del asesinato, Pedro muestra un comportamiento agitado. Para empezar, envió a Ardines un mensaje en el que solo escribió un punto. Un SMS idéntico al que le mandó el 24 de julio, precisamente el día en el que supuestamente se entrevistó por primera vez con los sicarios. Horas después, cuelga un mensaje en las redes sociales en el que se pregunta si se puede superar una traición de pareja.

El día del asesinato, los repetidores sitúan a Nieva en su casa de Amorebieta. Muguruza también se encuentra fuera de Asturias. Pero Djillali viaja desde Bilbao a Llanes de madrugada en un Citröen Grand C4 Picasso. Junto a él va sentado Maamar Kelli, un antiguo amigo de Djillali, de complexión fuerte y con numerosos antecedentes por robos. Han comprado un bate de béisbol y botes de espray de gas pimienta. Este individuo fue identificado posteriormente por las llamadas que Djillali, antes de poner marcha hacia Llanes, realizó desde el barrio de Otxarkoaga a un teléfono que estaba en el barrio de Rekalde. Su viaje quedó registrado por las cámaras de la autopista. Y, lo que es más definitivo, los repetidores sitúan el teléfono de Maamar en el lugar del crimen en el momento de los hechos.

Djillali y Maamar colocaron unas vallas en el camino. Querían obligarle a bajarse del coche. Ardines salió de casa a las 6 de la mañana para ir al puerto a faenar. Esperaban agazapados. Fue entonces cuando le abordaron. Javier trató de huir. Pero le alcanzaron. Le rociaron con el gas, le dieron un fuerte golpe en la cabeza y después le estrangularon. Acto seguido volvieron a Bilbao. Su furgoneta fue fotografiada por las cámaras de un peaje de la Supersur. Más pruebas.

Un vecino encontró el cadáver sobre las 8 de la mañana. Cuando se enteró de lo que había pasado, Katia escribió a Pedro: «Parece que le an hecho algo. ¿Qué as hecho?» (Sic). El supuesto cabecilla niega su vinculación e insiste en que ha estado toda la noche en casa.

La Guardia Civil comenzó a interrogar a los testigos. Nuria, la mujer de Ardines, prima carnal de Katia, confesó a los policías la tormenta familiar que se había desatado en las últimas fechas. La UCO puso pronto el foco de la investigación en Nieva. Pero todo se aceleró cuando consiguieron acceder a su móvil en la calle General Concha de Bilbao. A partir de ese momento, fueron atando cabos hasta que el pasado 19 de febrero detuvieron a los cuatro implicados, a uno de ellos en Suiza. El supuesto intermediario confesó que Pedro le había encargado encontrar a alguien que pudiera «darle un paliza» a Ardines. Y Djillali confesó que el encargo era matarle por unos 20.000 euros. A Nieva, en todo caso, también le traicionó su propio teléfono móvil.

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