Patxi Baztarrika: «Jugar con las lenguas es peligroso, puede afectar al núcleo central de la convivencia»

Patxi Baztarrika lleva casi tres décadas vinculado al proceso de normalización del euskera./LUIS MICHELENA
Patxi Baztarrika lleva casi tres décadas vinculado al proceso de normalización del euskera. / LUIS MICHELENA

«Tenemos que seguir alimentando, reforzando y ampliando el alto nivel de consenso social y político sobre la cuestión que hemos alcanzado en Euskadi», afirma

NEREA AZURMENDISAN SEBASTIÁN.

Patxi Baztarrika (Ataun, 1958) lleva casi tres décadas vinculado al proceso de normalización y revitalización del euskera. Cuando se incorporó en 1981 al Ayuntamiento de Andoain como traductor y, posteriormente, como técnico de euskera, apenas se hablaba de política o de planificación lingüística. Ha sido en dos ocasiones viceconsejero de Política Lingüística del Gobierno Vasco, y presidente de NPLD, la red europea para promover la diversidad lingüística entre 2015 y 2017. En 2010, publicó 'Babeli gorazarre', 'Babel o barbarie', título que deja meridianamente clara su posición acerca de lo que supone proteger y fomentar el plurilingüismo o, por el contrario, ponerle obstáculos.

- Recogidas de firmas para evitar la 'imposición lingüística' que, a juicio de sus promotores, perjudica al español; manifestaciones para protestar contra determinadas políticas lingüísticas; recursos contra decretos que regulan el conocimiento de la lengua propia en el acceso a algunos puestos de trabajo... ¿Se n0s está atragantando la diversidad lingüística?

- Yo creo que el tema del plurilingüismo nunca ha terminado de ser asumido con naturalidad en el Estado español. Mi pensamiento está en las antípodas de lo que subyace bajo esos ejemplos pero, como creo en la libertad de opinión, debería discutirse cualquier planteamiento. Lo que me preocupa es que en esas cuestiones se mezcla el peso del argumento y el peso de lo que algunos necesitan como munición en la pelea partidista. Me inquieta que se utilicen torticeramente las lenguas, tratando de sacar rédito político al punto en el que se sitúe cada uno en la pelea por ver quién es el más uniformizador. Ahí podrían empezar a peligrar las cosas, porque con las lenguas no se debe jugar. Las lenguas y la organización del plurilingüismo no se pueden tratar como un tema sectorial, porque afectan al núcleo central de la convivencia.

- Ya hay partidos que están dando claros pasos al frente. Ciudadanos, por ejemplo, quiso cambiar la legislación vigente para prohibir que las lenguas cooficiales se consideren a la hora de ser funcionario público. La propuesta no ha prosperado pero, en el ambiente que ha descrito, ¿cree que podrían intensificarse ese tipo de planteamientos?

- Lo de Ciudadanos, de momento, es una amenaza, y yo creo que no va a prosperar, porque es un planteamiento absolutamente rupturista con la Constitución. Con esa proposición han hecho algo que no es fácil. Han vulnerado la Constitución tanto en el espíritu como en la letra, han vulnerado la legislación autonómica, la Carta Europea de las Lenguas Regionales y Minoritarias... Todo al mismo tiempo, y haciendo tres cosas que son inquietantes. Por una parte, su propuesta establece la obligatoriedad solo del castellano, haciendo ver que es la única lengua constitucional, lo que no es cierto. Por otra, prohíbe expresamente que se pueda plantear el conocimiento de las otras lenguas como requisito, y eso me parece muy grave porque 'prohibir' tiene las connotaciones que tiene. Y, además, van más allá y se prohíbe que se plantee como mérito en todas las plazas salvo en aquellas en las que, «según el peso social de la lengua», pueda ser «justificable». Lo que están proponiendo es una LOAPA lingüística. Y no podemos olvidar que aquella ley (Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico, aprobada por las Cortes en 1982) acabó siendo declarada inconstitucional. Me parece muy grave no garantizar la libertad lingüística de la ciudadanía en sus relaciones con la Administración en base a un mero cálculo electoral. Es algo que va contra los derechos lingüísticos y contra la libertad de elección de los ciudadanos.

-En Euskadi hemos tenido un episodio reciente con una OPE de la Administración del Estado en la que el conocimiento de la lengua cooficial no figura ni tan siquiera como requisito puntuable.

-Efectivamente, en ninguna de las 340 plazas de esa OPE que había para la CAV se garantiza el conocimiento del euskera. Desde esa perspectiva, es inconstitucional, y no es una afirmación gratuita. Incumple el requisito de doble oficialidad, e incumple expresamente un artículo de la ley de Normalización del Euskera de 1982, en el que se establece que las administraciones en la CAV tendrán que decidir para qué plazas es requisito y para qué plazas mérito el conocimiento de euskera, pero no se contempla que se ignore por completo que hay dos lenguas oficiales. Ese artículo está expresamente validado por una sentencia del Constitucional de 1986, y las obligaciones de cumplimiento de esa doble oficialidad atañen por igual a todas las administraciones, incluida la Administración General del Estado en la Comunidad Autónoma Vasca. Y, por cierto, también incumple el artículo 56 de la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público, que es justamente el que quiere modificar Ciudadanos.

-Si el marco legal es tan claro, ¿dónde está el problema?

-Hace cuarenta años que se aprobó la Constitución española, cuyo artículo 3, además de establecer ese principio de la doble oficialidad en las comunidades con lengua propia, dice expresamente que «la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección». Ese precepto constitucional será de los pocos que en 40 años no ha tenido ningún desarrollo. Ni bueno ni malo, ninguno. Y en política lingüística 'ninguno' no equivale a cero, sino que empieza a restar. Como decía Koldo Mitxelena, el «laissez faire, laissez passer», la mera tolerancia, es un mecanismo muy eficaz para favorecer a unas lenguas y postergar otras. Es lo que sucede en el caso español. Los cuatro informes de evaluación del grado de cumplimiento de la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias del Consejo de Europa, que España debería cumplir porque lo firmó y lo ratificó, y en tres de los cuales he participado de un modo u otro, le dan un tirón de orejas también en ese aspecto. Piden al Estado que haga más pedagogía y ponga en valor el plurilingüismo, especialmente en las comunidades monolingües. Ese es un déficit grande que tiene el Estado español.

Implicar a todos

-En Euskadi, sin embargo, parece que se vive un momento de paz política y social en torno a las lenguas. En su opinión, ¿existe algún riesgo de que se produzcan réplicas de lo que está sucediendo en otras comunidades?

- En el caso de Euskadi, los niveles de consenso político, y los de acuerdo social no digamos, siempre han sido muy importantes. Ha habido episodios de tormenta, normalmente vinculados a momentos electorales, pero el nivel de consenso ha sido y sigue siendo muy elevado. ¿Eso es así para siempre? No necesariamente. Yo soy de los que piensan que para que una política lingüística sea eficaz es imprescindible un grado de acuerdo social y político muy elevado, pero eso no se compra en el supermercado. Hay que ir alimentándolo, enriqueciéndolo y ampliándolo.

-En estos momentos se está gestando una dinámica de activación social e individual, Euskaraldia, que será más productiva cuanto más compromisos recabe. ¿Puede ser un momento idóneo para alimentar, enriquecer y ampliar ese consenso?

-Reforzar y ampliar el consenso es un tema que nunca está cerrado y, en ese sentido, todos los momentos son idóneos para hacerlo. Lo que damos por ganado se ha ganado justamente porque se han producido dinámicas que no han dado por cerradas las puertas que abrió la Ley de Normalización del Euskera. Se aprobó con un nivel de consenso importante, pero luego también se han ido trabajando temas potentes, temas troncales para la convivencia, con unos niveles de acuerdo igualmente altos. Sinceramente, no creo que los planteamientos que se están dando en otras comunidades vayan a tener éxito en Euskadi.

«El plurilingüismo nunca ha sido asumido con naturalidad en el Estado español»

«Lo que proponen algunos, como Ciudadanos, es una LOAPA lingüística»

«No creo que los planteamientos de otras comunidades vayan a tener éxito en Euskadi»

«Tenemos que situar al euskera de manera más clara en el centro de la agenda social»

-¿Por qué está tan seguro?

- Porque el nivel de consenso social respecto a las políticas lingüísticas es muy elevado y trasciende al mundo políticamente nacionalista, tal como ha reflejado en todas sus ediciones, y con línea claramente ascendente, la Encuesta Sociolingüística. Creo que el que planteara otro tipo de cosas aquí se situaría fuera de la realidad. Cuando hablo de reforzar el consenso en Euskadi no me refiero a establecer barreras de contención por lo que pudiera pasar, sino de seguir avanzando, de ir un poco más allá. Necesitamos situar al euskera de una manera mucho más clara en el centro de la agenda social de este país. Hay sectores muy influyentes que apoyan que se fomente el euskera, pero todavía lo ven como si fuera una cuestión ajena, algo que no va con ellos. Esa actitud está muy extendida en nuestra sociedad, y sería bueno que niveles más altos de compromiso con relación a un mayor impulso del uso del euskera alcanzara también a esos sectores.

-¿A qué sectores se refiere?

- A la sociedad en general. Por eso me refiero a la agenda social, porque cuando hablamos de estos temas tendemos a fijar la atención en la agenda política. Y tiene que estar en la agenda política, obviamente, pero también tiene que estar en la agenda económica, en la mediática, en la sindical, en la cultural... Al final, si queremos llegar a una sociedad en la que el euskera sea una lengua realmente viva hay que darle, además de crecimiento demográfico, un crecimiento funcional sostenible en todos los ámbitos. Y eso no se puede conseguir a través de decretos. Necesita dinámicas específicas para que una lengua académica sea una lengua lúdica, de ocio, de relaciones interpersonales... Para eso es muy importante que seamos conscientes, en caso de que queramos serlo, de que nos queda por delante una batalla importante. O la afrontamos con el impulso de la mayoría de la sociedad, o es difícil que la ganemos.

-No obstante, hay mucha gente que, como usted indica, prefiere no ser consciente.

-En el tema lingüístico hay una variedad de miradas enorme, hay muchas maneras de vivirlo y sentirlo, y creo que esa diversidad de sensibilidades merece muchísimo respeto. Pero tiene que ser un respeto mutuo, tiene que funcionar en un sentido, y también a la inversa. Y qué mayor muestra de respeto que hacer posible, entre todos, que no tengamos que cambiar de lengua porque no nos queda otro remedio.

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