Muni Jensen: «Mientras la gente piensa que está mal de la cabeza, Trump planea»

Muni Jensen, el jueves en Bilbao./Lourdes Pérez
Muni Jensen, el jueves en Bilbao. / Lourdes Pérez

Muni Jensen, asesora de la exsecretaria de Estado Madeleine Albright, desmenuza al Trump «negociador» y cómo le ha «arrebatado» la clase media al Partido Demócrata

Lourdes Pérez
LOURDES PÉREZ

La politóloga y periodista colombiana Muni Jensen presentó el jueves en Bilbao el libro 'Trump, el triunfo del showman', escrito por el recientemente fallecido Manuel Erice y en el que ella fue estrecha colaboradora. Invitada por la Asociación Mujer Siglo XXI, llegó casi recién aterrizada de Estados Unidos y con las notas frescas tomadas en el avión sobre el escrutinio de las elecciones de mitad de legislatura, las 'mid terms', que se celebraron el martes en el país. Jensen, que trabaja ahora como asesora para Madeleine Albright, la expoderosa secretaria de Estado de Bill Clinton, traza un perfil de Trump alejado del trazo grueso con que acostumbra a ser pintado y descalificado. Escuchándola, es inevitable pensar que el presidente estadounidense puede resultar incluso más inquietante de lo que parece.

-En el mundo hay millones de 'showmen' y algunos incluso se dedican a la política. Pero ninguno había alcanzado la Presidencia de la, todavía, primera potencia mundial. ¿Qué es lo que hace diferente a Donald Trump?

-Trump es un hombre de negocios que entendió su mercado, quién era su público. Y diseñó un discurso no basado en sus creencias o en una ideología, sino que cubría las necesidades, satisfacía las inquietudes y, sobre todo, llegaba al corazón de los miedos de una población específica de Estados Unidos. Identificó su cliente, montó una campaña feroz al centro del país –el votante blanco con educación baja- y le dijo exactamente lo que quería oír una y otra vez. Y lleva dos años con esa misma campaña para convertir a esos ciudadanos en uno de los grupos de votantes más leales y más concentrados que haya tenido nunca un político en Estados Unidos.

-¿Ese 'líder de los miedos' no es, por tanto, un fenómeno transitorio?

-Son votantes que se han sentido olvidados, que se sintieron ignorados por la Administración Obama, que sienten que Trump es su última esperanza para que el hombre blanco norteamericano no pase a la historia en un país que se está diversificando, que tiene ya 40 millones de hispanos. Estas personas, que suelen tener unos principios evangélicos muy fuertes, creen que el mundo se está acabando a su alrededor. Trump aparece como el salvador de ese grupo que aún es grande; es posible que ningún otro político en el futuro logre cautivarlo porque cada vez es más minoritario.

-¿Ha supuesto un gigantesco error minusvalorar a Trump?

-Sin duda. Pensar que está loco, que está desquiciado, que no sabe lo que hace es subestimarlo totalmente. Y él juega a eso, a ser subestimado, como cualquier jugador de casino. Es cierto que es muy errático e irracional. Pero cuando quiere algo, se dedica a ello hasta que lo consigue. Mientras la gente piensa que está mal de cabeza, él planea.

-¿Y escucha a alguien?

-A nadie. He conversado con asesores suyos que en público admiten: 'Trump es Trump'. Es una especie de mantra dentro de la Casa Blanca.

-¿El error resulta aún mayor cuando a quien se desprecia es a sus votantes?

-Sí, es un error presentar a esos votantes como una banda de impresentables, como hizo Hillary Clinton y se le volvió en contra, quedando como alguien insensible que no entendía el país. Son familias buenas, que van a la Iglesia, que crían a sus hijos, que tratan de hacerlo bien, que están intentando aguantar con dos salarios, que han perdido su puesto de trabajo… Y de repente, llega alguien que les dice que van a volver a la América fantástica de sus abuelos. No son despreciables, son personas que quizá no han tenido en sus comunidades vecinos de otras razas, que no han conocido otro mundo… Hay millones de estadounidenses que no tienen pasaporte. Y es muy fácil asustarlos.

-Ha mencionado a Hillary Clinton. ¿Protagonizó una campaña demasiado elitista?

-Absolutamente. Y muy confiada y mal organizada.

-¿Arrogante?

-Arrogantes son todas las dinastías políticas casi siempre (ríe). Tampoco tenía liderazgo ni empatía.

-¿Qué traducción hace de los resultados de las elecciones legislativas de esta semana?

-Han sido bastante predecibles. Ha habido una nueva ola de votantes para la Cámara de Representantes, que ahora se parece más al país que antes: tiene más inmigrantes, más afroamericanos, más hispanos, más mujeres, más miembros de la comunidad gay…

-¿Y eso conduce, como se aventura, hacia el final de Trump?

-Lo hemos dicho cien veces y no se cae. Es como el monstruo de las películas, que al final sigue vivo y sale de la ducha (vuelve a reír). Tiene mucha más fuerza y mucho más aguante de lo que la gente piensa. Sigue en el poder y ha retenido el Senado, que le va a ayudar en estos años mientras él está seguramente preparando la campaña. Él todo lo ve como una negociación. Se sienta y cree, de verdad, que es capaz de sacar de cualquiera algo bueno para él.

-¿Negociación en términos de hacer negocio?

-Sí. Yo soy Trump, hablo con el dictador de Corea del Norte y logro que rebaje sus apetitos nucleares y libere dos presos, a cambio de que no le pongo sanciones y desbarato el tratado con Corea del Sur. Es un ejemplo que parece tonto, pero es que él tiene en la cabeza la idea de que, en una negociación, si alguien gana, alguien pierde. Y todo el sistema multilateral está construido sobre el 'gana-gana' (todas las partes consiguen algo positivo de la negociación), algo en lo que Trump no cree. No cree en el bien común.

-Es decir, es así como va a negociar con los demócratas y su nueva mayoría en la Cámara de Representantes.

-Sí. ¿Qué necesita usted, qué necesito yo? La reforma migratoria, la de salud, versus algunos nombramientos en la Corte Suprema y en algunas Embajadas.

-¿Cómo se explica el voto femenino a Trump?

-Esa es una gran incógnita. Tiendo a pensar que la mujer que le vota lo hace por el empleo, por el bienestar y el futuro; por las promesas de recuperar la América profunda, industrializada, religiosa, conservadora, donde los valores estaban supuestamente más vivos; por alguien que les dice que les va a proteger de la amenaza exterior. Y votan por su partido.

-Se ha incrementado la presencia de electas en ambas Cámaras en estas 'mid terms' y mujeres de todo el mundo lo están celebrando. Pero Estados Unidos tiene a casi 70 países por delante en lo que a paridad se refiere en el Poder Legislativo.

-Es que Estados Unidos es un país todavía completamente machista. Un altísimo porcentaje de mujeres están en casa cuidando a los niños, trabajan menos… Y en las generaciones mayores, mucho menos que sus pares en otros países. La igualdad lleva tiempo. Hay movimientos que están creciendo mucho, como el antiacoso, aunque en algunos casos empieza a correr el riesgo de extinción por exageración. Pero Metoo es un movimiento importantísimo, que ha convertido el acoso en algo intolerable en muy poco tiempo. Y eso, con las redes sociales, puede convertirse en movimientos políticos también en poco tiempo.

-Dando por hecho que, si está en su mano, Trump optará a la reelección, ¿emerge algún candidato demócrata que vaya a hacerle frente?

-El Partido Republicano primero se opuso a Trump y después se puso de rodillas ante Trump; y el Partido Demócrata no tiene discurso, se lo dejó arrebatar por Trump y no lo ha recuperado. Es el discurso de la clase media, de los trabajadores, de los sindicatos, del pueblo americano. Candidatos hay muchos, el problema es que es pronto y surgen como la maleza. Sí me atrevo a pensar que el próximo presidente de Estados Unidos hablará español. Son más de 40 millones de votantes y una masa crítica.

-Como ciudadana de un país, Colombia, que está inmerso en un proceso para acabar con medio siglo de guerra interior, ¿cree que a Trump le interesa lo que ocurre allí? ¿Puede influir de algún modo en el contexto colombiano?

-Trump lo mira todo en blanco y negro. Con lo cual le pone a cada región unas prioridades bastante simplistas. Y sus prioridades ahora en America Latina son las drogas y la inmigración. Es en el narcotráfico donde entra, por ejemplo, la situación en Venezuela. En la medida en que Colombia sea un instrumento o un problema, Trump le prestará atención. Estados Unidos siempre ha considerado a Colombia un aliado, con independencia del presidente que esté en la Casa Blanca.

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