Las motos, junto a las hogueras

Un grupo de motoristas se dispone a almorzar en la concentración 'Pingüinos'. / NACHO/EFE
Un grupo de motoristas se dispone a almorzar en la concentración 'Pingüinos'. / NACHO/EFE

Casi 40.000 motoristas se reunieron en helados páramos y pinares. Pingüinos y leyendas que no cesan

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO VALLADOLID/CANTALEJO.

Las cifras oficiales publicadas en las redes sociales el domingo nada más levantar los campamentos afirman que 30.470 motoristas acudieron a la cita trigésimo sexta de la que probablemente sea la concentración de motos invernal más grande de Europa, 'Pingüinos'. Noventa kilómetros más allá de los terrenos de la Antigua Hípica de la ciudad cuyo equipo de fútbol preside Ronaldo Nazario, en Segovia, los mismos días, las mismas noches, bajo la misma luna creciente y con dos grados menos de temperatura, bordeando los -7 en las horas pequeñas de la madrugada, se celebró igualmente la trigésimo séptima reunión motorista llamada 'La leyenda continúa' en la que se concentraron, según datos igualmente tempraneros, 8.326 pilotos y copilotos.

Cada una de esas 38.796 criaturas alimentadas con gasolina, aceite y líquido anticongelante traían consigo un relato diferente. Los jinetes de una BMW 1200R recordaban que, tras pasar el desfiladero de Pancorbo cubierto de nieblas y hielo en suspensión, un gigantesco camión polaco Marielczarek había maniobrado elegantemente a la derecha en una rotonda para dejar que las máquinas de dos ruedas la atravesaran sin riesgo. Ricardo Fité, un joven explorador catalán, descansaba bajo una yurta en el pinar cercano al campo de fútbol del Hoyal. A su lado, una Honda 750 de las de antes, carburación, no inyección. En el recuerdo, una Yamaha 125. Había rodado hasta, por y desde Asia Oriental y lo cuenta en un libro que se titula 'No le digas a la mama que me ido hasta Mongolia en moto'. En las primeras páginas, unas frases parecen resumir el motivo y el afán de los casi 40.000 motoristas que han cruzado Castilla este fin de semana, «Sube a la cima / cruza el desierto, / descubre las selvas / pisa los polos / nada los mares y vuelve mil veces para compartirlo». A la luz, el crepitar y el calor de las hogueras.

En Valladolid cada cierto tiempo se llamaba a los acampados a recoger la leña que ardería junto a las tiendas de campaña. Y allí que se iban en procesión de motocarros, Vespas con baúles de reparto de Correos y sidecars que eran la evolución siglo XXI de una máquina soviética, la Ural, o metamorfosis deportivas (DJ Sport) de una Suzuki alterada.

En Cantalejo, entre homenajes a marcas españolas (Ossa) y el punto exhibicionista de los nuevos productos orientales que han llegado para quedarse, motoristas portugueses, polacos o cuáqueros parecían aizkolaris vascones pues cortaban grandes troncos para hacer el fuego que evitaría se congelasen en la noche mientras compartirían misterios cien. El de ese trike (vehículo motorizado de tres ruedas) con motor de Volkswagen 'Escarabajo'; el de esa irreverente X Diavel Ducati, auténtica cyborg desmodrómica.

Heló en los campos. Pero no faltaron los carajillos, los bocadillos de panceta o el queso de Olazti. Los miembros de la Biker Church (iglesia evangélica alemana de motoristas) repartieron biblias de bolsillo y los rockeros del grupo Menphis versionearon a Elvis con estilo. El fin de semana próximo, tercera concentración castellana e invernal: en Tordesillas, Motauros. En mayo, Pingüinos organiza aventura en USA: hacer la Ruta 66. Entre coyotes.