La mitad de las personas con empleo viven al filo de la precariedad

La mitad de las personas con empleo viven al filo de la precariedad

La escasez y la temporalidad hacen que tener un trabajo ya no garantice la integración en la sociedad, según Cáritas, que presenta su informe 'Economía y personas'

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Marietta Guerrero trabajaba como asistente de una persona mayor. Al morir la mujer a la que cuidaba, se quedó en la calle. Con tres hijos y sin mayor formación, pasó a una categoría que siempre estuvo acechando, la de la vulnerabilidad extrema. Un pequeño soplo puede ser suficiente para que alguien con empleo, caiga en la escala social.

«Nuestros estudios señalan que el 52% de las personas con empleo están afectados por al menos un indicador, como los de las condiciones de trabajo y la vivienda, que hace que su integración a la sociedad sea precaria», explica Francisco Lorenzo, director de Acción Social de Cáritas Española, durante la presentación del informe 'Economía y personas', sobre sus proyectos de empleo y economía solidaria.

«Dentro de esta población que trabaja, que no está en exclusión, un único impacto, como perder el empleo, les lleva a bajar un escalón. No se les puede perder de vista porque los ciclos económicos se suceden muy rápidamente». Aun con un empleo fijo, las familias se ven obligadas a reducir sus gastos en vestimenta, alimentación u ocio, apunta Lorenzo.

Los datos que adelanta Cáritas, del comité técnico de la Fundación Foessa, son contundentes: En el colectivo de desempleados, un 46% se encuentra en espacio de exclusión y 17% en pobreza severa. «El hecho de no contar con un empleo multiplica por 2,5 el riesgo de caer en situaciones de exclusión», dice el dossier. Sin embargo, «el problema no es la coyuntura sino de modelo económico», asegura Lorenzo. «El empleo no es el escudo inmunizador que dábamos por hecho que era».

Entre los sectores más vulnerables se encuentran los del trabajo del hogar, la hostelería y la agricultura. «Los datos demuestran que es posible una estrategia de inserción laboral, en un entorno caracterizado por la precariedad y la temporalidad», sostiene Natalia Peiro, secretaria general de Cáritas, cuyo programa de empleo invierte una media de 1.800 euros en cada persona que logra un contrato después de hacer sus cursos de formación. «Los que acuden a nosotros tienen un panorama complicado. Sobre todo las familias monomarentales, cuyo sustento depende de una mujer».