«Si eres menor de 18 años prácticamente no tienes voz»
Ararteko ·
DV reúne a seis miembros del Consejo de Infancia y Juventud, que cumple 15 años dando la palabra a los adolescentes vascosSi eres menor de 18 años prácticamente no tienes voz; antes de cumplir la mayoría de edad no existes». Esa es la conclusión de Pello ... Chasco, irundarra de 19 años que ha participado en el Consejo de la Infacia y Juventud, un organismo adscrito al defensor del pueblo vasco (Ararteko) que, aunque sus propios miembros reconocen que «no es muy conocido», este año ha cumplido quince años desde que se fundó con el objetivo de empoderar y facilitar la libertad de expresión a los menores de edad.
A través de este organismo, los jóvenes –este año ha reunido a 27 personas de distintos puntos de Euskadi; seis de ellas guipuzcoanas– escogen cada año un tema que les interesa y trabajan en él durante cuatro fines de semana (tres sábados y un fin de semana completo). La dinámica es juntarse y proponer distintas soluciones a los temas escogidos con el objetivo de que las conclusiones que saquen acaben derivado en leyes u otras acciones políticas. Este año ha sido la salud física, pero en ediciones anteriores debatieron sobre la justicia climática, la situación de los menores de acogida o la pandemia del Covid-19, entre otros.
Con motivo del Día Mundial de la Infancia y del Niño, que se celebrará mañana, DV ha reunido a seis jóvenes guipuzcoanos que han formado parte del Consejo. Algunos de ellos, como Pello Chasco o Teo Carballo, son antiguos miembros, mientras que Irati Uranga, Yaiza Gutiérrez, Ane Azkona y Kevin Maldonado siguen en él en la actualidad.
Pello Chasco Irun (19 años)
«He aprendido la importancia de la igualdad y la libertad»
Pello Chasco, irundarra de 19 años, es tajante al responder cuál es el valor más importante que ha aprendido durante sus tres años de participación en el Consejo. «Lo tengo claro: ser consciente del valor que tienen para la sociedad la igualdad y la libertad». Una libertad que va desde la «expresión de ideas hasta la posibilidad de pensar lo que quieras», comenta con una madurez inusual para su edad.
Esta capacidad de comunicar sin ataduras sus opiniones, subraya, está «muy limitada» por la edad. «Parece que el derecho a voto determina si puedes o no puedes hablar. Si eres menor de edad prácticamente no tienes voz. Se puede tener en cuenta, pero antes de los 18 años tu opinión no existe para la sociedad», critica, aunque admite que últimamente ve que está mejorando la situación.
Chasco conoció el Ararteko por casualidad, mientras estaba en una clase de la ESO. «Mi profesora me sacó del aula y me mandó a hablar con el director. Al principio pensé que había hecho algo malo, pero vi que había otras alumnas a las que estaban explicando algo de un grupo en el que íbamos a poder expresarnos y opinar sobre algunos temas». Cuando aceptó en 2019, este guipuzcoano no sabía el alcance de aquella decisión. «El Ararteko me despertó la vocación por la Justicia. Mis padres querían que hiciera una carrera de Ciencias, pero yo he escogido hacer un doble grado de Administración y Dirección de Empresas con Derecho. Mi sueño es poder ser abogado especializado en niños, para poder defender sus intereses», comenta con una sonrisa.
Además de haber impactado en su elección de estudios, su paso por el Consejo de Infancia también le ha permitido conocer los temas que más le interesan. «El segundo año tratamos la justicia climática, que es el tema que más me impactó por su trascendencia. Ahora, en la Universidad de Deusto, estoy metido en proyectos para poder buscar posibles líneas de acción para este problema».
Yaiza Gutiérrez Irun (16 años)
«Los políticos hablan de menores sin preguntarnos»
Yaiza Gutiérrez también es de Irun, pero en su caso todavía forma parte del Consejo, en el que lleva dos años. «Este organismo es muy necesario porque nos permite expresarnos. Muchas veces los políticos hablan de los menores, pero no nos tienen en cuenta», critica.
Su historia es muy diferente a la de su compañero. Vive en una familia de acogida y a través de su educador conoció la iniciativa hace dos años, cuando el Consejo se disponía a tratar los derechos de menores que como ella viven en esas condiciones. «Ese es el tema que más me ha gustado porque mis compañeros trabajaban en soluciones, pero yo lo vivía. Me metí para representar a otros menores que como yo vivimos esta realidad».
El Consejo de menores, formado por 30 jóvenes de toda Euskadi, se reúne cuatro fines de semana al año
A lo largo de sus 16 años esta guipuzcoana confiesa que ha vivido situaciones en las que la edad era una limitación para su libertad. «Cuando era más pequeña sentía que las personas mayores, como mis profesoras, tomaban decisiones por mí sin siquiera consultarme por el hecho de ser menor. Alguna vez he notado que me quitaban el derecho a decidir», explica.
Una sensación que, según recalca, no ha sentido en el Consejo del Ararteko, que le ha dado «por primera vez» la oportunidad de opinar y de desarrollar su pensamiento. «Estar aquí es un choque porque te escuchan y te toman en cuenta. Pero fuera, por el simple hecho de ser menor, no te tienen en consideración».
Kevin Maldonado Donostia (15 años)
«Ser menor implica que la sociedad es crítica contigo»
Kevin Maldonado tiene 15 años y vive en el barrio donostiarra de Altza. Descubrió la iniciativa a través de un miembro de su familia. «Acepté enseguida porque quería expresarme. Es una oportunidad poco común en la gente, porque ser menor implica que la sociedad va a ser crítica contigo y no te va a escuchar en nada», sostiene.
Antes de entrar le dieron algunas claves sobre el Consejo –el tema de ese año, la dinámica, la finalidad...–, pero lo que descubrió superó todas sus expectativas. «Cuando empecé a participar pensaba que solo iba a ser decir cuatro cosas que no iban a ningún sitio, pero fue todo lo contrario. Es un sitio en el que escuchan tus opiniones sin que te juzguen y en el que te hacen sentirte a gusto expresándote».
Es más, gracias al Ararteko, Kevin ha podido asistir este año a Enya, una iniciativa internacional en la que miembros de diferentes consejos de Infancia de varios países europeos proponen soluciones a problemas que afectan a los menores de edad con el fin de presentarlos ante representantes de las Naciones Unidas. «Quién me iba a decir a mí que iba a poder ir a Croacia, conocer jóvenes de otros países, poder proponer soluciones a problemas como el de la salud física –tema de este año–. Sentir que tu voz puede cambiar algo es muy reconfortable, y eso lo ha conseguido el Ararteko».
Pero además de esa satisfacción personal, este organismo le ha permitido desarrollarse como persona. «Aquí he aprendido que cualquier persona merece ser escuchada, sea joven o adulta. Por eso yo no me voy a callar ni a quedarme de brazos cruzados», explica, y dice sentirse apenado por el hecho de que la sociedad en general «no conozca una iniciativa como esta».
Irati Uranga Donostia (17 años)
«Me ha enseñado a hablar libremente, sin tapujos»
Irati Uranga, donostiarra de 17 años, es lo que el Consejo denomina una «veterana». A punto de entrar en la universidad y de estudiar Ingeniería Biomédica, afronta con tristeza sus últimos meses en el proyecto, en el que ha estado durante tres años. «Este proyecto es muy importante y es una pena que lo conozca tan poca gente. Aquí nos ayudan a expresarnos para poder mejorar nuestras condiciones. Por eso se lo recomiendo a cualquier joven, porque he aprendido que todos tienen algo que aportar».
Los adolescentes escogen todas las ediciones un tema que les interesa e influye. Este año han elegido la salud física
Uranga se enteró mientras estudiaba cuarto de la ESO en el Liceo Santo Tomás y no dudó «ni un momento» en aceptarlo. Una pequeña decisión que le ha enseñado a «hablar libremente, sin tapujos», porque la libertad «es el valor más importante».
Teo Carballo Donostia (19 años)
«Se pueden mejorar muchos de los problemas sociales»
El donostiarra Teo Carballo dejó el proyecto hace dos años, al cumplir la mayoría de edad, aunque reconoce que lo echa «mucho de menos». Aunque ya no sea menor de edad, también llegó a percibir desatención por parte de algunos adultos. «Muchas veces llegué a sentir que me oían, pero no me escuchaban. Entiendo que solucionar todos los problemas de la sociedad es una utopía, pero hay muchas cosas que se pueden mejorar».
Una de ellas, considera, es la forma en la que se educa en el colegio a los niños. «Este proyecto te da la oportunidad de hablar de temas que no tratas mucho. En la universidad –estudia Comunicación Audiovisual– sí se habla un poco más, pero en el colegio te tratan como robots y no te forman en pensamiento crítico, y es una pena».
Los efectos de esa formación también los siente al tener que explicar a otros jóvenes lo que es el Ararteko. «Es muy complicado de definir y la mayoría se piensan que no sirve de nada, pero esto es más importante de lo que creen y es una lástima que no se conozca tanto».
Ane Azkona Donostia (17 años)
«Con el Ararteko demostramos que tenemos opinión crítica»
Ane Azkona tiene 17 años y decidió meterse en el Consejo de Infancia y Juventud porque también lo hacía Irati Uranga, compañera en el colegio Santo Tomás. «Estaba en clase y, de repente, una profesora me sacó fuera para hablar conmigo. Me dijo: 'Mira, me pareces una buena candidata para Ararteko'. Yo me quedé sorprendida porque nunca lo había escuchado. Me contestó que era para darle voz a los jóvenes, y aun sin saber qué era exactamente, creí que era una buena oportunidad».Hoy en día, tres años después y a unos pocos meses de tener que dejar el proyecto, puede confirmar que en efecto lo fue. Entre las cosas que le ha enseñado esta experiencia es la necesidad de expresar sus opiniones en público. «Este organismo es muy importante, pero es una pena que lo conozca tan poca gente. El Ararteko nos da la posibilidad de demostrar a los adultos que tenemos opinión crítica», concluye.
«La sociedad vive en un profundo adultocentrismo: se dice que se piensa en los niños sin escucharlos»
Elena Ayarza, como directora de la Oficina de Infancia y Juventud del Ararteko desde su fundación en 2010, es la persona que mejor conoce el organismo. El Consejo de menores, explica, tiene sus bases en la Convención sobre los Derechos de Niños, creada el 20 de noviembre de 1989. «Desde ese momento los niños pasaron de ser objetos de protección a sujetos con derecho a ser escuchados y a que su opinión tenga incidencia sobre la política. Y este sistema no es más que una forma de garantizar esos derechos».
Con el objetivo de empoderar y ser una garantía para que se cumplan los derechos de los jóvenes que cada año participan en la iniciativa, la institución que dirige organiza cuatro reuniones anuales para poder tratar un tema escogido por los propios menores. «Trabajamos en grupo y con materiales didácticos y visuales, como si fueran juegos. Queremos escuchar sus voces para que sus opiniones planteen incidencia política y transformación social», define, y añade que se trabaja como «escuela de ciudadanía y valores» en la que intentan que los menores aprenden a «tratarse con respecto, a ser escuchados y a no juzgar» a los demás.
Pero, que existan proyectos como este no significa, explica, que la situación en cuanto a igualdad de derechos sea la idónea. «Nuestra sociedad vive en un profundo adultocentrismo, en el que se dice que se piensa en los niños, pero en realidad no se les tiene en cuenta ni se les pregunta. Y lo cierto es que en la actualidad, según un estudio que hicimos en 2024, las debilidades en el cumplimiento de los derechos de niños y niñas no están muy lejos de lo que pueden ser la vulneración en los derechos de las personas adultas», comenta. No obstante, Ayarza cree que en Gipuzkoa se están dando pasos importantes para solucionar esta situación con la creación de consejos municipales en localidades como Pasaia o Donostia que incluyen a menores.
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