Una larga travesía de siete meses

Dice Soulemanou Kenfack Ndikaye que se siente feliz porque en pocas horas en España ha logrado lo que en años no ha tenido en su país: seguridad. En noviembre de 2017 decidió abandonar Camerún acompañado de su mujer y su hijo. Huía «por cuestiones políticas», recalca este camerunés, que solicitará asilo alegando estos motivos.

Mecánico de profesión, nunca le faltó dinero para mantener a su familia. Pero su lugar de origen es un país en conflicto, que sufre las tensiones separatistas por la división entre el Camerún francés y el Camerún británico tras la Primera Guerra Mundial. Ante esta situación, Soulemanou buscó refugio en otros países, pero «nunca nos sentimos bien acogidos en África». Y a medida que ascendía por el continente, la idea de cruzar a Europa cobraba más sentido. Con trabajos esporádicos y la ayuda de la familia, lograron atravesar Nigeria, Níger y alcanzar Argelia, donde decidieron dar el paso final. Cruzaron a Marruecos y esperaron durante meses en un asentamiento en Nador la oportunidad de lanzarse en patera.

Sin embargo, Soulemanou acordó con su esposa dividir la familia para que, si ocurría una tragedia, no muriesen todos. No cabían más opciones. La avanzadilla tenía que ser él con su hijo. «El asentamiento está a tres días andando de la costa de Nador. Si dejaba al pequeño con mi mujer, le costaría llegar más que si iba sola», relata. Antes de 'saltar', la víspera de San Juan, dejó pagado el viaje de los tres: 3.000 dirham, unos 300 euros al cambio. Fueron 17 horas en una balsa neumática, con el mar en calma, pero sin rumbo fijo. Hasta que Salvamento Marítimo apareció. Ahora solo espera un mensaje de su esposa: «He salido ya».

 

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