Los loteros venden ya el 'Gordo' de Navidad

Cartel que anuncia el sorteo de Lotería de Navidad expuesto en una marquesina de autobús en pleno mes de julio./R. C.
Cartel que anuncia el sorteo de Lotería de Navidad expuesto en una marquesina de autobús en pleno mes de julio. / R. C.

«Un cliente me encargó décimos con el número de la matrícula del coche que había atropellado a su suegra»

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUAMadrid

No lo parece, pero ya es tiempo para adquirir lotería de Navidad. Desde el pasado 10 de julio se pueden comprar números del sorteo del 'Gordo', como se ha encargado de poner de manifiesto el organismo Loterías y Apuestas del Estado, que procura de esta manera que los ciudadanos se animen a aflojar el bolsillo con la esperanza de que la suerte les acompañe comprando décimos en el lugar donde veranean. Con todo, las ventas ahora no son relevantes y apenas suponen entre el 12% y el 15%. La temporada comienza de verdad a partir de septiembre, a la vuelta del éxodo playero. La entidad pública ha puesto en marcha una campaña para incentivar las ventas en periodo estival. De momento, la iniciativa ha impulsado un repunte de las ventas y las adquisiciones de boletos han subido en algunos lugares hasta un 20%.

Según las apreciaciones de los expertos, se ha producido un relevo generacional en el perfil y los gustos de los apostantes. A partir de la crisis, los mayores de 55 años fueron relevados por jóvenes que frecuentan los salones, casinos y locales de apuestas deportivas en vez de las loterías tradicionales. Parejo a este cambio de tendencia, se registra un descenso de las quinielas y de la asistencia al bingo.

El negocio lotero está sumido en un proceso de transición, caracterizado por la irrupción de las nuevas tecnologías y el márketing digital, así como por la competencia cada vez más acusada del juego 'online'. «No somos unos privilegiados, la gente piensa en la facturación de las cuatro o cinco administraciones de referencia y no todas están en una situación tan boyante», alega Josep Manuel Iborra, presidente de la Agrupación Nacional de Asociaciones Provinciales de Administradores de Lotería (Anapal).

«Los jóvenes apuestan cantidades modestas, más a la Bonoloto y Primitiva que a otras cosas»

Javier Meroño solo lleva cinco años regentando la administración murciana de Mazarrón El Dólar, sobrenombre de su abuelo, el hombre que la abrió y que bautizó con su apodo el establecimiento. Luego su madre se hizo cargo del negocio y él ha tomado gustoso el testigo. Ha mamado el oficio desde pequeño, cuando aprendió sus secretos ayudando a su madre en la venta de billetes durante las vacaciones escolares. Observa desde primera línea cómo va cambiando el sector. Pese a la pujanza de las transacciones digitales, Meroño cuida con mimo la venta presencial. Tanto es así que se sabe de memoria la onomástica de algunos de sus clientes, a los que felicita cumplidamente para fortalecer una relación cuajada a lo largo de los años.

Ha dado algunos premios de relumbrón, como el Gordo de Navidad de 2014, año en que distribuyó 20 millones de euros. En esas ocasiones el ganador lo agradece al cabo de los días agasajando al lotero con una caja de vinos, un jamón o cualquier otra vianda, si bien el público cada es más remolón y se resiste a celebrar en público su buena suerte. «Nunca decimos quiénes son los ganadores, por norma y porque la gente te lo pide; incluso si se trata de un premio pequeño de 3.000 euros, la gente reclama el anonimato».

Venta por internet

Es consciente de que su negocio se está transformando, de que aunque apenas vende un 5% de los décimos por internet, el futuro del sector reside en su digitalización. De hecho, cada año crecen las ventas electrónicas, un fenómeno que Meroño cree que irá en aumento. Con todo, el lotero no descuida el trato personal: «Si alguien me manda un correo intento que la gente se dé cuenta de que detrás del ordenador hay alguien que le atiende, que no sea todo tan frío».

Grandes cifras

5.144 millones de euros
alcanzó la facturación de lotería nacional en 2017, el último año de que se disponen datos. Es una cantidad inferior a la de 2007, antes de la crisis, cuando las ventas supusieron 5.713 millones.
Administraciones.
Las administraciones de lotería se cifran en 4.100 establecimientos y dan trabajo a entre 12.000 y 14.000 personas. Sus titulares se quejan de que la Sociedad Estatal de Lotería y Apuestas del Estado (Selae) es a veces una rémora, pues aparte de tardar una media de dos años en autorizar nuevos juegos, mantiene invariables desde hace 14 las comisiones de los loteros, que oscilan entre un 5,5% y un 6,5%.
2,15 % de incremento
experimentaron las ventas de lotería del sorteo de Navidad en 2018 frente al año anterior, según datos provisionales. Así, se facturaron 2.189 millones de euros, de los que el 70% se destina a premios. El de Navidad supone el 30% de los ingresos de Loterías y Apuestas del Estado.

Juan Carlos Couceiro no se queja, lleva apenas un lustro detrás de la ventanilla de la administración número 4 de Ourense y aún está pagando la amortización del traspaso. «No gano millonadas, pero estoy contento», dice Couceiro, cuyo negocio está bien ubicado, a solo diez minutos del centro paseando. Si acaso, le inquieta el poco apego de la gente joven a la lotería. «Si juegan apuestan cantidades modestas, más al Euromillón y a la Primitiva que a otra cosas. Se empieza a gastar cuando se tiene un trabajo estable». Como casi todos los loteros consultados en este reportaje, Couceiro asegura que el público, lejos de huir como de la peste del 13, considerado un número de mal fario, lo busca con denuedo, sobre todo en las terminaciones. Por ahora él no ha dado ningún gran premio, algo que atribuye al pequeño tamaño del negocio, su aún corta trayectoria y a que está afincado en una ciudad periférica.

Administración generosa

Rafael Sanchís, que dirige la administración número 3 de Manises (Valencia), ha repartido hasta cinco veces el Gordo de Navidad, lo que convierte el municipio huertano en el que más veces ha dado este premio. Esa prodigalidad les ha granjeado fama, circunstancia que hace que en diciembre, al acercarse la fecha del sorteo, el despacho esté muy concurrido. «Cuantas más ventas, más probabilidades tienes de repartir un premio, eso es un hecho. En los últimos diez años hemos dado el primer premio de Navidad en tres ocasiones, más que las administraciones de Sort y Doña Manolita», subraya Sanchís, quien destaca que estos despachos míticos se mueven en otra liga, a una distancia «estratosférica» del suyo.

Establecimiento de lotería en un puerto deportivo vizcaíno. Rafael Sanchís, segundo por la izquierda, en su administración de Manises. Javier Meroño, en su despacho de Mazarrón. / P. URRESTI y R. C.

Sanchís conoce el mundo de las apuestas. Su familia tenía un negocio de quinielas y en el año 2000 ganó un concurso público para poder vender lotería. La experiencia acumulada le ha deparado contemplar situaciones sorprendentes: «El año pasado me hizo muchísima gracia una persona que me pidió un número que coincidiera con la matrícula del coche que había atropellado a su suegra», dice Sanchís. El lotero es una tumba guardando los secretos de su clientela, de manera que jamás divulga el nombre de los afortunados. «A veces te lo cuentan un poco a escondidas solo a ti. Porque la gente al final necesita comunicar su alegría».

Ser agraciado por los bombos de la suerte no significa necesariamente la llegada de tiempos venturosos. Sanchís ha conocido a «gente sin cabeza» que se ha dejado llevar por impulsos y cuya riqueza se ha desvanecido tan rápido como llegó. «Normalmente, las personas son sensatas. Pero no siempre es así, algunos invierten en cosas desmesuradas, sin mucho conocimiento previo del sector en que se meten. Si te toca, hay que mantener los pies en el suelo y no cambiar mucho de vida», recomienda el lotero.

La 'envidia preventiva' mueve a la mitad de los compradores

Casi todos los que se gastan el dinero en adquirir un décimo lo hacen por ser una tradición arraigada, y cerca del 60% lo hacen movidos por lo que se conoce como 'envidia preventiva', es decir, para evitar la desagradable sensación de ver cómo la suerte pasa de largo pero les toca a amigos y compañeros. Para no sufrir ese reconcomio, se echa mano de la billetera. Así lo acredita el último Anuario del Juego en España, de Codere y la Universidad Carlos III.