Pedro José María de Pablo, alcalde de Campisábalos: «Somos casi incombustibles»

Pedro José María de Pablo, alcalde de Campisábalos: «Somos casi incombustibles»

Pedro José María de Pablo es alcalde de Campisábalos, municipio de Guadalajara con el aire más puro del Estado. No es que le disguste, pero lo cambiaría por tener más actividad y vecinos

IRMA CUESTA

Pedro José María de Pablo (Madrid , 1941) está encantado con saberse alcalde del pueblo con el aire más limpio del Estado y el tercero del mundo, pero no tiene reparo en asegurar que cambiaría semejante reconocimiento, firmado nada menos que por la Organización Mundial de la Salud (OMS), porque Campisábalos, en la Sierra Norte de Guadalajara, tuviera algo de industria, más trabajo y, gracias a todo eso, más vecinos. «Aquí respiramos un aire espléndido, es verdad, pero tenemos sesenta personas censadas y apenas veinte que realmente pasan aquí todo el año. Un poco más de contaminación quizá no vendría mal», ironiza este hombre simpático, físico de profesión, que un buen día cuando se jubiló decidió que era el momento de hacer algo por ese pedacito de tierra situado a poco más de 150 kilómetros de Madrid en el que nacieron su padres y él pasó buena parte de los veranos de su infancia.

- Imagino que no habrá muchos como usted, un físico con una vida entregada a la meteorología, para valorar en su justa dimensión lo que supone estar respirando pureza a diario.

- Hombre, de algún modo, sí..., no cabe duda de que influye en la salud. Por lo demás, está bien que el tema sirva para que se nos conozca.

- Pero... uno debería sentirse un privilegiado sabiendo que el aire que respira solo es más limpio en dos sitios del planeta: Muonio, en Finlandia, y Norman Wells, en Canadá.

- Sí. Todo eso te hace sentir bien, aunque el mérito hay que atribuirlo a un capricho de la naturaleza: estamos a bastante altura y alejados de focos de contaminación. Le confieso que yo preferiría un aire menos puro y disponer en la zona de más trabajo, de actividad capaz de atraer a la gente. Hace años que aquí los hijos no quieren volver a coger un arado y trabajar de sol a sol en el campo, como hicieron su padres y sus abuelos.

- Bueno, tengo entendido que hay ya una empresa interesada en comercializar su aire; meterlo en envases y venderlo donde es irrespirable.

- Sí, por aquí han venido varios comentando esa idea. Uno incluso nos ha dicho que está buscando inversores para poder mandarlo a países como Japón, donde el aire está muy contaminado. Dicen que allí, en Asia, el mercado sería importante. ¿Que cómo se hace algo así? Pues lo meterían en botellas y lo llevarían a un lugar en donde podrían comprimirlo, imagino, antes de exportarlo.

- ¿Y de eso no podrían sacar ustedes algún provecho?

- No, qué va. Como mucho, imagino, un par de empleos si deciden que sea gente de la zona la que se ocupe del transporte...

- ¿Y no han pensado en hacer algo propio, tal vez una campaña para animar a la gente a instalarse en Campisábalos por salud? Un buen reclamo sería que apareciera usted y presentara a su madre, que, con 104 años, está fantástica.

- No sé si será el aire la razón, pero es cierto que en este pueblo somos gente muy longeva. Además de mi madre, hay vecinos de muchísima edad. Hasta hace poco teníamos uno con 108 años. Pero opino que no es solo eso. También somos gente dura. Está demostrado que el clima forja el carácter, y la de esta zona de España es gente que aguanta lo que le echen, porque durante siglos su vida ha girado en torno a dos cosas: trabajo y ahorro. Todo el mundo sabe que tras una cosecha buena puede venir un año malo y que hay que tener reservas en algún lado.

«Me cuesta dinero»

- Bueno, el hecho es que son ustedes poco menos que incombustibles...

- Pues un poco sí. Por todo eso que le he contado, muchos jóvenes nos fuimos de aquí y todos triunfamos. Creo que ha sido por nuestro carácter, no tanto por el aire que respiramos, cuyo único secreto es que el pueblo está situado en una extensa meseta a 1.365 metros de altitud, con una notable ausencia de industria en el entorno y fuertes vientos. Los dominantes aquí son del noroeste. Cuando llegan, han tenido un largo recorrido por toda Castilla y León y están bastante limpios.

- ¿Cómo es su vida como alcalde?

- Yo me hice alcalde porque, al jubilarme, mi padre me pidió que, ya que tenía tiempo libre, tratara de hacer algo por el pueblo. Un montón de tiempo después, debo reconocer que estoy verdaderamente entretenido. Cuando me junto con el resto de colegas de mi promoción de Físicas, siempre me preguntan si voy a seguir. Yo les confieso que ser alcalde me cuesta dinero, pero que estoy muy entretenido.

- ¿De qué se siente usted especialmente orgulloso?

- De nuestro centro de interpretación, que también es hotel, bar y restaurante.

- Con esto del aire, no darán abasto...

- Bueno, algunos vienen a respirar, es verdad, pero siguen siendo más los que nos visitan para ver nuestra iglesia. San Bartolomé es una auténtica joya del románico.

Personal

Hijo de inmigrante.
Aunque los padres de Pedro José María de Pablo emigraron a Madrid cuando eran jóvenes, la familia siempre ha seguido ligada a su tierra, en la Sierra Norte de Guadalajara.
Un lugar en ninguna parte.
En Campisábalos, además de aire puro, hay dos decenas de vecinos, una iglesia y un centro de interpretación.
Sanos.
La Agencia Europea del Medio Ambiente afirma que la contaminación causa 30.000 muertes prematuras al año en España. En Campisábalos, la mayoría de la población es especialmente longeva.