Los hijos hacen la comunión aunque sus padres no vayan a misa

Un grupo de niños, en el día de su primera comunión, en Avilés (Asturias)./Marieta AVI
Un grupo de niños, en el día de su primera comunión, en Avilés (Asturias). / Marieta AVI

El ritual católico cae levemente y resiste la secularización de los españoles, cada día menos propensos a seguir los magisterios

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

La cantidad de personas que hacen la comunión mantiene una leve caída desde 2012. En el último año contabilizado por la Conferencia Episcopal, se realizaron 238.671 comuniones en España, mientras que en el anterior fueron 240.094. El descenso de católicos que pasaron por el rito no alcanzó un punto porcentual. Pero ha disminuido de manera constante un 2,8% en el lustro de 2012 a 2016. Si los niños suelen hacer la comunión en las parroquias españolas entre los nueve o diez años, el dato de natalidad podría ser un factor de bajada en las comuniones. Sin embargo, la década anterior los nacimientos registraron un aumento del 13%.

«Las motivaciones que existen para comprender ese descenso responden ante todo a la secularización de los españoles y en menor medida a los conflictos generados por la ruptura conyugal. No tanto al menor índice de natalidad», explica Juan Luis Martín Barrios, director del secretariado de la subcomisión episcopal de Catequesis. «Ha bajado el número, la cantidad, pero mejora adecuada y progresivamente la calidad de la preparación y recepción de los sacramentos de confesión y eucaristía». En efecto, la pérdida de religiosidad de los españoles es superior al que reflejan las comuniones. En una década, aquellos que se reconocen católicos han pasado del 77,4% al 67,7% de la población, pero «practicantes» sólo se reconoce el 23,9% en 2018, mientras en 2008 era el 44%, según datos del Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Es decir, las comuniones en España resisten a la caída práctica de la fe.

«Son distintos tipos de fenómeno», explica Elizenda Ardèvol, profesora de los Estudios de Artes y Humanidades de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC). «Las comuniones bajan ligeramente, no tanto como acudir a misa los domingos, porque es un ritual de paso que marcan las distintas etapas de una persona en una sociedad. La comunión es un momento de entrada a la adolescencia. Aunque muchos padres no sean creyentes o estén secularizados, siguen dándole importancia a ese ritual dentro de la familia». De esta manera se explica por qué los números indican que los padres no van a misa pero sus hijos sí hacen la comunión.

Los niños van «de calle», pero las niñas «siguen vistiendo de blanco como pequeñas novias»

Sábado, cinco de la tarde. La niña de vestido blanco y grueso lazo en la cintura, que se ha confesado y comulgado esta mañana por primera vez, espera a que sus padres se despidan de los invitados, después del banquete celebrado en el mesón El Segoviano frente a la Basílica de Atocha de Madrid. «Antes, cuando la hice yo, se invitaba gente como en las bodas, más de cien personas, pero ahora sólo se invita a los familiares y a los más cercanos, veinte o treinta personas», recuerda Santiago, padre de un niño de doce años que también hizo la comunión. «Otra cosa que ha cambiado es que ahora se suele preguntar a los hijos si la quieren hacer. En una misma familia puede haber uno que ha hecho la comunión y otro no».

Para evaluar el grado de religiosidad práctica de los españoles hay que mirar aspectos sociales como la cantidad de parejas de hecho o del mismo sexo, las relaciones sexuales tempranas o los divorcios, todas prácticas que están «contra los magisterios», apunta Juanjo Picó, representante de la organización Estado Laico. «Hay una serie de temas, como la eutanasia o el uso de preservativos, que indican claramente esa secularización creciente. Por ejemplo, ya nadie tiene que esperar para entrar al confesionario. Hay un desapego que no está cuantificado».

Catequesis

La catequesis usual para hacer la comunión ha evolucionado hacia una que esté «al servicio de la iniciación cristiana», sostiene Martín Barrios. «Su objetivo es propiciar una experiencia de encuentro personal con Jesucristo. En este sentido, la catequesis es un proceso en el que se cuidan cuatro aspectos fundamentales para alcanzar la fe y que sintetizo en cuatro verbos: conocer, celebrar, vivir y orar». Comienza antes de los siete años con el «despertar religioso», dice Martín Barrios.

En la celebración de las comuniones, los padres no suelen trasgredir la tradición. Los niños se visten de marineros y a veces de oficiales; y las niñas usan un vestido largo y blanco. Las vestimentas, que se cotizan entre los 200 y los 300 euros nuevos en los grandes almacenes y por algo menos de la mitad en el mercado de segunda mano, permiten ciertas variaciones de modernidad: tonos rosas para las chicas y trajes de ejecutivo para los chicos.

Al acto formal en la iglesia le sigue el banquete o la fiesta, desde 40 euros por cabeza, a lo que se puede sumar otros tantos según la bebida que se invite. «Es el momento de exhibirse socialmente», señala Ardévol. La Iglesia intenta reforzar su significado católico. «Los ritos de los sacramentos de la confesión y la eucaristía no han cambiado en su esencia», mantiene Martín Barrios. «Con respecto a los trajes y vestidos, a las familias se les propone la sencillez. Algunas parroquias ofrecen túnicas para que todos puedan vestir lo mismo y no haya diferencias. En general, se nota un cambio progresivo más en los niños que van vestidos de calle y menos en las niñas, que siguen vistiendo de blanco como pequeñas novias».