Las tres barreras de la neurotecnología
Se sobrevalora la tecnología y se subestima la biología
La manipulación cerebral con tecnología se trata con tal efectismo que parece estar a la vuelta de la esquina. Su objetivo es aumentar a demanda ... algunas funciones perceptivas, emocionales o cognitivas del usuario y se alerta del peligro de que alguien se aproveche de la información que se pueda extraer del cerebro. Sin embargo, por el momento, es muy improbable que nadie vaya a leer su pensamiento ni robar su identidad neuronal ni vulnerar su privacidad. El escepticismo proviene de tres obstáculos que la biología impone a la manipulación de sistemas sensibles y complejos: precisión, interacción e ignorancia. La hipótesis de partida es que se puede registrar la actividad neuronal relacionada con una acción (ver, oír, mover) y modificarla con la aplicación de una corriente eléctrica o magnética. Cierto, pero para que el proceso sea eficaz y seguro hace falta precisión.
Ser preciso supone manipular la actividad de neuronas individuales o agrupadas en pequeñas coaliciones, lo que se logra insertando miles de microlectrodos en el cerebro o un vector viral con genes. Como esto es arriesgado, solo se realiza en animales de laboratorio y en enfermos sometidos a cirugía intracerebral. La neurotecnología sin fin terapéutico emplea estrategias no invasivas (diademas y gorros) a partir de imágenes de resonancia o registros fisiológicos con electrodos de electroencefalografía. Así se actúa sobre extensas regiones cerebrales que contienen millones de neuronas conectadas e interactuando con millones de otras neuronas. Es decir, es un abordaje impreciso y tosco pensado para el divertimento y el bienestar.
Proporcionará información tan ingente como poco significativa para deducir con un mínimo de rigor científico el estado cognitivo y emocional de quien los porte (recuerda al detector de mentiras). Si alguien quiere usar los datos con un fin comercial, político o social, como ya ofrecen las compañías de neuromarketing, es probable que se equivoque. Por último, el desconocimiento del código neural (lenguaje de comunicación entre neuronas) impide vincular conductas complejas con una actividad neuronal concreta. También se plantea aumentar capacidades perceptivas con tecnología externa (auriculares, gafas, guantes). ¿Es seguro? Sí, si se hace de forma gradual y ordenada, siguiendo las reglas biológicas que rigen el aprendizaje y la plasticidad neuronal.
La precisión y la interacción, barreras para manipular un sistema biológico
Acelerar este proceso adaptativo puede ocasionar efectos indeseables. En suma, se avanza, pero seguimos estando ciegos, a menos que la función cerebral sea más simple de lo supuesto, cosa harto improbable. La tecnología se refina, pero se sobrevalora y no esquiva las tres barreras porque subestima la complejidad cerebral. Y es que «a más ciencia, más misterio» (V Nabokov). Con todo, se dedican recursos a elaborar recomendaciones para proteger la privacidad de los datos neuronales. El tiempo dirá si era necesario.
Por lo tanto, lean con escepticismo las declaraciones de científicos que suelen ser fruto de deseos y extrapolaciones precipitadas. Piense que una afirmación maravillosa requiere una explicación maravillosa (C Sagan) y pregúntese cómo piensa superar las tres barreras. La metodología, el cómo, afila el espíritu crítico frente al populismo científico, atempera la arrogancia y mata al gran titular. Tal vez la complejidad sea una ley natural inexorable y la función de un sistema complejo sea impredecible e imposible de manipular con precisión y seguridad. Miren: la edición génica permite manipular el genoma con exquisita precisión. Sin embargo, los expertos coinciden en que enredar en un gen puede tener consecuencias imprevistas por interacciones desconocidas y solo se recomienda para abordar patologías genéticas.
Apliquen este consejo al cerebro cuya organización es infinitamente más compleja. La complejidad impone límites al conocimiento, igual que las leyes físicas los imponen a algún deseo humano (atravesar muros, volar). De todos modos, «queda en manos de la ciencia del futuro cambiar, si es posible, este duro decreto» (S Ramón y Cajal).
¿Tienes una suscripción? Inicia sesión