«Al principio nos miraban como mujeres, no como compañeras»

Al frente de la formación, en el centro, la teniente Hernán Gómez./R.C.
Al frente de la formación, en el centro, la teniente Hernán Gómez. / R.C.

La teniente Beatriz Hernán Gómez formó parte, hace 30 años, de la primera promoción de mujeres de la Guardia Civil. «Si patrullábamos junto a un hombre, solo le preguntaban a él»

Miguel Ángel Alfonso Pino
MIGUEL ÁNGEL ALFONSO PINOMadrid

A la joven Beatriz Hernán Gómez se le ponía «la piel de gallina» cuando acompañaba a sus amigas a ver los desfiles de la Academia de Cabos de la Guardia Civil de Guadarrama (Madrid). «Soñaba con desfilar algún día con ellos», recuerda a este periódico, 30 años después, ya con el cargo de teniente. Su sueño lo hizo realidad un Real Decreto promulgado el 22 de febrero de 1988, que permitió ese mismo año por primera vez el acceso a las pruebas de selección a todas aquellas mujeres que sintieran que su vocación era portar el tricornio. Pese a las bromas que tuvieron que soportar, las críticas sobre la posible idoniedad y la mentalidad de la época, poco acostumbrada a ver a una chica de uniforme, Beatriz no se lo pensó. Tenía 18 años y acababa de terminar el instituto.

«Mis padres al principio alucinaron bastante pero viendo la ilusión que yo tenía con esto acabaron apoyándome incondicionalmente. Recuerdo que mi padre habló conmigo para preguntarme si estaba segura, para recordarme que esta profesión era muy dura. Pero yo estaba loca de contenta. Mi madre quizá lo llevó más en silencio todo este tema. Eso sí, hay algo que me llevo, mi padre falleció en 2009, justo después de que me ascendieran a oficial y siempre recordaré su cara de felicidad al verme», confiesa la teniente.

De un total de 2817 aspirantes, en el año 1988 ingresaron 197 mujeres en la Academia de la Guardia Civil, formando parte de la 94º Promoción. La consigna de los instructores era la de ser igual de duros con ellas que con sus compañeros, había que prepararlas para lo que se iban a encontrar cuando se graduaran. Pero no fue la única dificultad que personas como Beatriz se encontraron al llegar, ya que los baños eran compartidos y les entregaron unos uniformes hechos a la medida del cuerpo masculino o, directamente, que no eran funcionales para el servicio, como la falda pantalón o los zapatos de medio tacón.

«Te puedes imaginar cómo eran las cosas allí al principio. Un día estaban haciendo varios chicos el relevo de la guardia y al vernos pasar se chocaron contra una farola, no estaban acostumbrados, todavía nos miraban como mujeres y no como compañeras», explica con nostalgia Hernán Gómez.

El primer día de patrulla

Tras la graduación, a las primeras mujeres de la Guardia Civil les tocó el momento que llevaban deseando tanto tiempo, elegir destino y debutar con el uniforme. «Mi primer destino fue en Portbou, un pueblo de Gerona con la frontera con Francia. Allí hacía labores de aduana con el paso de trenes y coches. Llegamos en verano, una época en la que había mucha gente yendo y viniendo, y por eso pasamos desapercibidas al principio. Pero cuando llegó el otoño, y el pueblo se vacío, nos miraban como las vacas al tren, se quedaban asombrados. Patrullábamos de forma mixta, un hombre y una mujer, y siempre preguntaban al hombre, era curioso, nosotras podíamos ayudarles de la misma manera», señala nuestra teniente.

La mujer en la Guardia Civil

5.107.
Son las mujeres que prestan servicio en distintos empleos y escalas del cuerpo.
2,77%.
Es el porcentaje del total de oficiales, con grado igual o superior que teniente.
198.
Alumnas se incorporaron a la Academia en 1988 en la primera promoción.
1.
Teniente Coronel. Patricia Ortega, la única mujer que ostenta ese rango frente a 230 tenientes coroneles hombres.

En vez de rehuír los destinos complicados, Beatriz los encaraba con orgullo. Pasó por León y por Málaga, hasta que la destinaron a San Sebastián, en los años en los que cualquier agente de la Guardia Civil era un claro objetivo de la banda terrorista ETA. «Fueron los años mas duros de mi carrera, pero también los más bonitos. Mis padres lo pasaron fatal pero yo siempre he sido muy discreta y no le contaba toda la realidad a ellos. En San Sebastián no siempre estábamos 'de verde', también salíamos de discotecas, éramos jóvenes. Si se te acercaba un chico tenía que mentir, decir que trabajaba en Correos o en Renfe. Era dífcil tener que mentir y luego mantener la mentira en el tiempo. De aquella época conservo muchos amigos y buenos recuerdos».

Lejos de la paridad total

30 años después, la situación se ha normalizado, aunque todavía la paridad queda lejos, ahora ya son unas 5.107 mujeres de un total de 79.000 agentes del instituto armado, es decir, representan en torno a un 6,5%. En la escala de oficiales, con grado igual o superior a teniente, la cifra es menor, un 2'77 %. Sin embargo se ha ido avanzando en materia social con medidas como la creación en 2014 del comité para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, un órgano estatal integrado por vocales de la Administración y de las asociaciones de guardias civiles

«Nosotras abrimos paso, a nuestra promoción la han felicitado en varias ocasiones porque nos dieron duro, nos curtieron bien para que pudieramos salir a la calle a afrontar cualquier reto. Ahora la mayoría de las mujeres que entran lo hacen muy preparadas, con carrera, eso ha cambiado», defiende Hernán Gómez, a la que sus compañeros hace tiempo que dejaron de mirarla con tono paternalista por ser mujer. «Tengo que agracederle mucho a mi pareja estos años, tenemos un niño maravilloso. Siempre he intentado dejar un buen recuerdo en los destinos por donde he pasado. Estoy muy orgullosa de ser Guardia Civil y mujer», comenta, al mismo tiempo que hace una última petición: «Pon esto bien grande en el reportaje: la sangre no me corre por las venas, me desfila».

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