Un gran pastel del que comen unos pocos

Un gran pastel del que comen unos pocos

I. CUESTA

Ni en el mejor de sus sueños, Fritz Hoffmann-La Roche habría imaginado que aquel laboratorio pequeño que fundó con 28 años para fabricar y vender preparados farmacéuticos, algún día se convertiría en una de las empresas más prósperas del planeta. Poco más de un siglo después de abrir sus puertas por primera vez, Roche encabeza el top 5 de las compañías farmacéuticas, un mercado que en 2012 facturó 335.000 millones de dólares, un 29,8% más que los 235.000 millones del año 2004 y que, además, manejan unos pocos: el 40% está en manos de las diez compañías principales.

Con unas ganancias de casi 50 millones, Roche exhibe toda clase de hitos y hallazgos -entre ellos el más que mítico Valium-, pero no es el único titán farmacéutico. Con ella, la también suiza Novartis, la norteamericana Pfizer, Sanofi, Merck&co y J&J, son las pruebas vivientes de que la farmacéutica es una industria próspera y muy rentable. En forma de conglomerados empresariales, con participaciones y negocios repartidos por todo el mundo, unas y otras se van disputando el liderazgo en una suerte de carrera interminable en el que las vacunas son solo un trocito del enorme pastel que se reparten.

Por más que el negocio de las vacunas viva uno de sus mejores momentos, a las farmacéuticas les sale mucho más rentable vender Clamoxil, Nolotil o Viagra, por poner solo un ejemplo. Según datos publicados por la Organización Mundial de la Salud, las vacunas habían generado en 2010 ventas por valor de 23.000 millones de euros frente a los 5.000 de diez años antes y a los 33.000 que se espera muevan en 2020 pero, aún así, no es la gallina de los huevos de oro. En 2016, a GSK -líder en vacunas con cerca del 23% del mercado- solo le supusieron el 16% de sus beneficios, a años luz de la rentabilidad de otros medicamentos, o de los muchos productos de salud dental o nutrición que comercializa la empresa británica.

En cualquier caso, España es uno de los muchos países que ha ayudado a engordar su cuenta de resultados. El año pasado, el Gobierno firmó con ella, y con la estadounidense Merck, la mayor parte de los contratos para el suministro de las vacunas financiadas por el Estado para los próximos tres años. En total, casi 300 millones de euros a cambio de los cuales se garantiza la disponibilidad del número de dosis necesarias para atender el calendario de vacunación infantil. El concurso lo licita el Ministerio de Sanidad y la compra va destinada a los ministerios de Defensa, Interior y Hacienda y 14 comunidades autónomas, además de Ceuta y Melilla. Todas menos Andalucía, País Vasco y Valencia, que van por libre y cierran sus propios acuerdos con las compañías. ¿La más cara del calendario oficial? La vacuna contra el sarampión, paperas, rubéola y varicela. Esta vez la hemos comprado a 36,7 euros la dosis.

Países y Precios

La DTP. Protege contra la difteria, el tétanos y la tos ferina. España y Estados Unidos, pese a que el segundo dobla con creces nuestro PIB per cápita, pagan casi lo mismo: 13,28 euros en España y 13,86 en EE UU.

Polio. La vacuna, que EE UU compra a Sanofi, le cuesta al Gobierno norteamericano 11,4 euros frente a los 6,7 que paga Italia, los 9 de España o los 9,5 de Hungría. Mucho menos paga Unicef, exactamente 0,8 euros.

Hepatitis B. A los norteamericanos la dosis les sale por 11 euros mientras España solo paga 4,9; Portugal 4,4 y a GAVI y la OPS le salen por 0,4 y 0,2 euros, respectivamente. Una diferencia de precios más que sustancial.

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