Gentrificados: barrios 'invivibles' para sus vecinos de toda la vida

Barrio de Cabanyal, en Valencia. /EFE
Barrio de Cabanyal, en Valencia. / EFE

Comenzó ya en los años 90 en Barcelona y Madrid, donde está plenamente instalada, y ya se ha extendido a otras receptoras de turismo o de estudiantes, como Palma de Mallorca, Salamanca o Granada

ADAYA GONZÁLEZ

Malasaña en Madrid, el Raval de Barcelona, el Cabanyal de Valencia, la Magdalena de Zaragoza o el casco viejo de Bilbao... Barrios una vez populares pero que ahora son 'invivibles' para sus vecinos de toda la vida, que luchan contra los elementos para frenar la causa: la gentrificación.

Se habla ahora de ella, pero la gentrificación 'salvaje' que están experimentando nuestras ciudades comenzó ya en los años 90 en Barcelona y Madrid, donde está plenamente instalada, y ya se ha extendido a otras receptoras de turismo o de estudiantes, como Palma de Mallorca, Salamanca o Granada, explica la socióloga y profesora de la Universidad Complutense de Madrid Celia Díaz.

No tiene por qué ser negativa, porque «rehabilita barrios y los pone en valor«, añade Pascual Fernández, presidente del Colegio de Economistas de Madrid. Pero la realidad es que los encarece y termina »expulsando a los vecinos de menor poder adquisitivo«.

El resultado es que esos barrios se han hecho «invivibles para las clases trabajadoras». Y cuando se da en forma de turistificación, también lo son «para las élites», puesto que la convivencia se hace difícil cuando muchos de los visitantes «viven el día como una fiesta continua».

A lo que se suma la desaparición progresiva de servicios cotidianos y el comercio de proximidad.

«Un barrio no lo conforman solo unas calles y unos edificios, eso es solo un decorado. Lo que le da a un barrio la condición de tal es el conjunto de relaciones sociales y culturales que se han producido durante años, producto de la gente que ha vivido en él», subraya Marina, del colectivo «Lavapiés, ¿dónde vas?».

En su opinión, urgen «cambios legislativos y normativos», como limitar el precio de los alquileres, expropiar edificios con «procesos especulativos o vacíos», aumentar el parque de vivienda pública y social, prohibir la conversión de viviendas en apartamentos turísticos o limitar la implantación de usos hoteleros en zonas saturadas.

Muchas veces se confunden, pero gentrificación y turistificación no son exactamente lo mismo, aclara Fernández; sin embargo, ambas están «bastante unidas con el desarrollo de Airbnb» y otras plataformas de alquiler de pisos turísticos a las que se achacan parte del aumento de los arrendamientos en los centros urbanos.

La inquietud por la falta de vivienda asequible es tal que se ha convertido en el principal quebradero de cabeza para los habitantes de grandes ciudades como Barcelona, según la última encuesta de Servicios Municipales.

El asunto llegó incluso a la ONU, donde el año pasado una docena de ciudades de todo el mundo, entre ellas la capital catalana, exigió una mayor protección de los barrios ante la especulación y frenar el exilio de sus vecinos.

Y es que no es para menos: según un reciente estudio de Idealista, seis capitales -Palma, Málaga, Valencia, Castellón, Madrid y Barcelona- han experimentado subidas en los precios de alquiler por encima del 30 % en los últimos cuatro años.

Algunos consistorios han tomado cartas en el asunto y quieren seguir tomándolas para limitar los pisos turísticos.

Madrid, por ejemplo, acaba de aprobar una nueva normativa que exige a los propietarios una licencia de actividad y un acceso independiente para los pisos que se alquilen más de noventa días al año. Además, para reducir el coste de los alquileres, la alcaldesa, Manuela Carmena, ha propuesto reducir el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) a los dueños que lo hagan a un «precio módico».

Cataluña fue pionera hace siete años en empezar a regular las viviendas turísticas y ahora prepara una nueva norma que permitirá alquilar a los visitantes una habitación dentro de una casa. Además, el Govern ha lanzado un decreto ley para limitar los precios en los barrios con falta de vivienda asequible.

En Barcelona, donde la concesión de licencias turísticas está congelada desde 2014, se contempla que si un piso deja la actividad en el centro se pueda compensar en la periferia.

Mientras, en Palma no hay esta clase de pisos porque desde abril del año pasado el arrendamiento vacacional está prohibido en plurifamiliares por decisión del Ayuntamiento, tal y como pidió la Federación de Vecinos.

En Bilbao, los pisos turísticos solo se permiten en la primera planta de los edificios residenciales o en las inmediatamente inferiores a las viviendas habituales; el incumplimiento puede acarrear una sanción de 100.000 euros.

La misma cifra se impone en la Comunidad Valenciana a quienes alquilen viviendas para actividad turística que no estén previamente registradas; así, la Generalitat y el consistorio valenciano han impulsado un nuevo plan de acción contra el intrusismo en las viviendas turísticas que permitirá llevar a cabo inspecciones por parte de la Policía Local y técnicos del Consell.

¿Hay marcha atrás? Los expertos difieren: si para Pascual Fernández la gentrificación es «imparable», para Marina «son numerosas las cosas que se pueden hacer» siempre que haya «energía social suficiente para reclamarlas y forzar a las administraciones a actuar».

Celia Díaz lo tiene claro: Menos perder el tiempo en pensar si se puede frenar y más «concentrarnos en ponerle freno». «La autenticidad se está perdiendo. Las ciudades que están de moda se están convirtiendo en calcos unas de otras. No hay más que ir por la Gran Vía y ver los negocios que podrían estar en cualquier otra ciudad europea». Y así, «para qué vamos a viajar», lamenta.