«Las familias agradecen que se les pregunte por el suicidio de su ser querido»

Agustín Erkizia, cofundador de Biziraun, valora de manera «muy positiva» la puesta en marcha de la Estrategia de Prevención del Suicidio. /MORQUECHO
Agustín Erkizia, cofundador de Biziraun, valora de manera «muy positiva» la puesta en marcha de la Estrategia de Prevención del Suicidio. / MORQUECHO

Como miembro de la asociación de personas afectadas por el suicidio, Agustín Erkizia, cofundador de Biziraun, ha participado en el diseño de la Estrategia de Prevención de este problema de saludpública en Euskadi

Iker Marín
IKER MARÍN

Euskadi cuenta desde esta semana con un documento de trabajo con el que los responsables sanitarios pretenden detectar de manera precoz conductas de riesgo suicidas entre la ciudadanía para actuar con celeridad, lograr una visibilización social del suicidio para acabar con estigmas y tabúes y cuidar de las personas supervivientes. El equipo multidisciplinar e interinstitucional que ha participado en la elaboración del plan (Gobierno Vasco, diputaciones, ayuntamientos, UPV/EHU y asociaciones y organizaciones de apoyo a los supervivientes) ha llamado al documento Estrategia de Prevención del Suicidio. El plan está compuesto por 57 medidas que se han repartido en cuatro bloques. Las acciones previstas en el primero de ellos, las más urgentes, se pondrán en marcha en el plazo máximo de un año.

Biziraun, la asociación de personas afectadas por el suicidio de un ser querido, ha participado en la elaboración de este plan. Han logrado incluir entre esas medidas dos que consideran básicas. Por una parte, «trabajar e impulsar a las asociaciones de supervivientes» y, por otra, «incorporar en el sistema sanitario las prestaciones asistenciales relacionadas con la atención a supervivientes». Agustín Erkizia (Aizarnazabal, 1963) es cofundador de la entidad, además de padre de Joseba, adolescente que se quitó la vida en 2013. Valora de manera positiva este plan pero le preocupa, sobremanera, qué hacer con todas las personas en riesgo que no acuden a pedir ayuda a los servicios de salud. «Debemos ganarnos su confianza. De lo contrario la gente va a seguir muriendo», dice.

- Desde Biziraun habían solicitado una herramienta con bases sólidas sobre las que trabajar. ¿Cómo valoran este plan?

-La valoración es muy positiva. Era absolutamente necesario que se contemplara la posibilidad de hacer políticas de prevención, intervención y postvención (cuando ya ha fallecido el ser querido). Están las tres áreas contempladas y por ello, en un principio la valoración es buena. Las 57 medidas están estructuradas en cuatro ámbitos de actuación, en función del plazo en el que se van a ejecutar. Las del primer bloque, llamadas A, van a desarrollarse en un máximo de un año, las del B en dos, las C en tres y las D entre cuatro y cinco años.

- ¿Qué medidas han aportado a la estrategia y en qué plazos se van a poner en marcha?

- Propusimos una serie de medidas para este documento pero al final han sido dos las que se han incluido en el plan, siempre relacionadas con la postvención. Por una parte, en el primer bloque se ha incluido trabajar e impulsar a las asociaciones de supervivientes y en el tercero se dice que se deben incorporar en el sistema sanitario las prestaciones asistenciales relacionadas con la atención a supervivientes.

- Las medidas se van a poner en marcha desde diversas instituciones. ¿Qué hay de la ciudadanía? ¿Cómo podemos contribuir a prevenir un suicidio?

- Cuando pensamos que hay que elaborar un plan, en este caso una estrategia, no podemos pensar que toda la responsabilidad recae sobre una institución determinada. No. Esto es mucho más integral. El Departamento de Salud tiene su responsabilidad pero hay muchos más ámbitos, como el de la educación o la seguridad. Y la ciudadanía también tiene su grado de responsabilidad. Y qué decir los amigos en el caso de los adolescentes. El tema de la identificación de las posibles señales es algo que puede ayudar mucho. Porque hay gente que consume el acto sin haber acudido nunca a los sistemas de salud, sin estar controlados. En esas situaciones es donde puede intervenir la ciudadanía si es que detecta que hay personas que pueden estar en riesgo. Cuando hablamos de socializar, visibilizar, de desestigmatizar el tema del suicidio, es eso. Todos podemos pasar malas rachas y el hecho de que se acuda a alguien a ofrecerle ayuda no es malo. Y la ayuda puede ser al vecino de al lado. ¿Como ciudadano puedo detectar algo que me haga intuir que hay un problema? Probablemente sí. Puede pasar que estés una semana sin ver a tu vecino y que vayas y le preguntes qué le pasa. Y desde este punto de vista, está claro que todos tenemos nuestra parte de responsabilidad en este asunto.

- En una situación como la que plantea, ¿dónde debemos acudir a exponer nuestra preocupación?

- Esa es una buena pregunta. La estrategia debe ser clara y establecer un protocolo único y claro. Actualmente los recursos están muy dispersos, cada uno cumple su función de la mejor manera posible, y lo que no podemos hacer es, habiendo una necesidad en mi opinión tan urgente, no abordar esta situación. La ciudadanía puede ayudar mucho en la prevención y también en la postvención, no ocultando esa realidad. En cuanto a medidas preventivas tenemos ejemplos claros que han funcionado. Por ejemplo, con los accidentes de tráfico. Entre 2006 y 2008 se redujeron un 28% cuando se implantó el carné por puntos. ¿Con este tema vamos a tener esa reducción? Pues no lo sé, pero sin ninguna medida no se ha corregido la problemática, ha ido al alza. Y eso que todavía no hemos entrado al detalle de las muertes que hay de aquella manera.

- ¿A qué se refiere?

- Hablo de muertes por caídas accidentales, ahogamiento, sumersión y sofocación accidentales, por ejemplo. El crecimiento de estos casos entre los años 2000-2017 ha sido bestial. Han aumentado en más de 3.500 casos en ese tiempo, de 2.663 a 6.173. Los registros son claves para saber de qué estamos hablando. En este sentido, el primer paso para ver la magnitud del problema era que el propio Gobierno Vasco tomara cartas en el asunto y elevara el problema a rango de salud pública. Pero tampoco podemos pretender que esto se solucione en cuatro meses, es imposible. Pero sí es bueno que la ciudadanía sepa que existe esa realidad. Y que esa realidad no conoce ni de aspectos sociales, ni religiosos, ni de edades, ni culturales.

- Los últimos datos publicados en 2017 señalan que en Gipuzkoa 60 personas se quitaron la vida, para un total de 182 en Euskadi. ¿Hay algo que le llame especialmente la atención de estos datos?

- Hay un par de colectivos que me preocupan, aunque la verdad es que me preocupan todos. Las muertes por suicidio son fallecimientos tan dolorosos. Piensas, ¡no había ninguna otra alternativa! A nivel de toda la CAV, y por tramos de edades, llama la atención los suicidios que hay entre los hombres mayores de 79 años. Ascendió un 47% respecto a 2016. Y entre los hombres en el tramo de 15-29 años, hay un incremento del 57% respecto al año anterior. Todos estos datos se deberán estudiar dentro de la estrategia presentada.

- Habla del caso de las personas que se quitan la vida sin acudir antes a un centro de salud. Es decir, sin dejar constancia del riesgo ni tener la oportunidad de poder recibir ayuda. ¿Cómo se le da la vuelta a esa situación?

- Tenemos que ganarnos su confianza poco a poco. Y eso no se puede conseguir de un día a otro. Visibilizar la situación, poner protocolos al servicio de estas personas, que sepan a donde pueden dirigirse... son pasos que deben ser inminentes, como elaborar un mapa de suicidios y de puntos de alto riesgo que ya se va a hacer. Pero debemos saber qué hacer con esa gente que lo está pasando mal.

- ¿Qué propone?

- Hay que acudir a esos colectivos vulnerables en relación a este tema. Debemos empezar a hablar abiertamente del tema y concienciar a la gente de que este problema tiene una posible solución, hablando y pidiendo ayuda. Si no lo hacemos, la gente se va a seguir muriendo. Es una pena. Hay gente en situación de riesgo que acude a nuestra asociación a pedir ayuda, a pedirnos asesoramiento, pero nosotros no podemos ofrecer ese servicio. Nosotros ayudamos a gente que desgraciadamente ha perdido a algún ser querido por suicidio. Pero tras un intento de suicidio, por ejemplo, la gente acude a Urgencias, al centro de salud. Y si allí la respuesta no es inmediata igual esa persona desiste de volver a acudir a pedir ayuda otra vez. Debemos ser más rápidos.

- ¿Cómo?

- Por ejemplo, poniendo un número de teléfono. Existen, y hacen una gran labor, pero habría que insistir en esa línea. ¿Es suficiente un teléfono que funciona de 8.00 a 15.00 horas? El Gobierno Vasco ya dijo que no contemplaba esta posibilidad pero hay que hacer todo lo posible para acercar a estas personas en riesgo. Estamos hablando de un tema en el que las decisiones se pueden tomar de una manera muy rápida, inmediata.

- Y en el que la situación de los familiares y amigos, es decir, de los supervivientes es dramática. En este plan se citan varias medidas para que ustedes dejen de ser los grandes olvidados de esta situación. ¿Se han sentido así?

- Sí, creo que sí. Porque nosotros no tenemos ninguna patología como tal, no tenemos ninguna enfermedad visible, pero sí tenemos un gran dolor, un dolor terrible que puede ser invalidante. ¿Cómo le damos la vuelta a esta situación? Nosotros como asociación siempre hemos pensado que hay que dar a todas esas personas una atención a través de un protocolo. En el que deberán intervenir varios actores. Una vez que fallece una persona, ¿cómo apoyamos a los supervivientes? Y no hablo solo desde el ámbito sanitario. Puede ser la Ertzaintza cuando acuda dentro del protocolo de intervención y de atención. Porque cuando sucede un hecho así, te quedas absolutamente desvalido y cómo estés en un lugar de riesgo, por tu cabeza puede pasar el irte por ahí, literalmente. La ruptura es de tal calibre que ya no atinas a encontrar una razón para seguir viviendo. Es así de sencillo. De ahí que pidiéramos que la asistencia a los supervivientes en el sistema sanitario se incluyera en el primer bloque de medidas que se va a poner en marcha. Finalmente irá en el tercero.

- ¿Los ciudadanos cómo podemos ayudar a los supervivientes? Nadie nos ha enseñado qué decir, ni cómo actuar, ante estas situaciones. Y muchas veces ese miedo a preguntar algo, por no herir, puede ser un obstáculo para saber cómo están y apoyarles.

- El 100% de los supervivientes que conozco agradece que se les pregunte por lo sucedido. Y que no se obvie al ser querido, que no desaparezca. Porque desaparecen. Si los supervivientes somos los grandes olvidados, la persona que ha fallecido lo es todavía más. Yo puedo entender que la sociedad, la ciudadanía, piense que mencionando a la persona que se ha quitado la vida, piense que te pueden infligir más daño del que ya tienes, pero no es así. El efecto es el contrario. Con el hecho de no mencionarlos parece que se quieren olvidar de esas personas. Cuando en la gran mayoría de los casos no es así. Yo entiendo ese comportamiento. Y la sociedad tiene otro reto, el de normalizar esta situación. Pongo un ejemplo. Ahora cuando alguien muere de cáncer ya se comenta más o menos abiertamente, cuando hace años también era otro estigma. Y con el VIH pasó exactamente lo mismo. En el caso del suicidio hay que tener en cuenta, que esa persona no ha cometido ningún delito, se ha hecho daño a sí mismo. Es decir, no hay ningún motivo para olvidarnos de ellos.

- El plan también se va a abordar en los centros escolares entre alumnos y profesores. ¿Cómo de importante lo considera?

- Se han puesto por parte del Gobierno ciertas iniciativas en marcha, por ejemplo, con el bullying. El suicidio está muy conectado a ese problema, también los malos tratos entre los jóvenes, el acoso que hay a través de las redes... todo está muy conectado. A mí me preocupa que no se hable abiertamente del suicidio en las aulas. Sé que en algún caso sí ha habido por parte de direcciones de algunos centros la orden de no hablar de este tema para no generar alarma. Es todo lo contrario. Es pedagogía. Y es para evitarlo. La mejor materia prima que tiene el suicidio para ir aumentado los casos es el silencio, con el silencio se desenvuelve de maravilla. Cuanto más silencio haya, mejor, se retroalimentan. Hay que romper el silencio.

- Hace escasos días conocimos que una mujer se suicidó tras hacerse viral entre sus compañeros de trabajo un vídeo íntimo suyo. ¿Qué tiene previsto la estrategia vasca para estos casos?

- Con las redes sociales creo que no puede ser tan complicado actuar, si sabemos dónde dirigirnos. Hoy en día está todo automatizado y si una persona permanentemente está incorporando en un navegador la palabra 'suicidio', que automáticamente un sistema de alerta se conecte y de el aviso dónde corresponda. Si cualquiera entra en un navegador y escribe 'suicidio' lo primero que aparece es un teléfono. Bien. Pero eso lo único que te dice es llama a ese teléfono. Es una medida, vale. Pero no es suficiente, creo yo. Podríamos ir más allá.

- ¿Haciendo exactamente qué?

- Por ejemplo, si esos sistemas detectan ese posible peligro, se podría contactar con los servicios de prevención para que se pusieran en contacto a su vez con esa persona. Es una manera de ser activos y prevenir. Si una persona está mal es muy difícil que se acerque, por mucho que le pongan un teléfono. Tecnológicamente hoy en día creo que eso se podría controlar, a través de una postura proactiva, llegando a un acuerdo con las grandes compañías en este sentido. ¿Ley de protección de datos? Para este uso, a mí sí me gustaría que me llamaran.

'Suicidio: Duelo y Prevención', curso de verano en julio

Los días 4 y 5 de julio el Palacio Miramar de Donostia acogerá un curso de verano de la UPV/EHU titulado 'Suicidio: Duelo y Prevención'. A lo largo de dos días, una decena de expertos hablarán sobre dos de los elementos que siempre están encima de la mesa cuando una persona se quita la vida. Para empezar el duelo. Se expondrán los fundamentos de su particularidad, síntomas o forma de afrontarlo. Como señala Agustín Erkizia por cada persona que se quita la vida «hay seis personas que salen muy tocadas del proceso». En cuanto a la prevención, se profundizará en algunos ámbitos específicos para la prevención, poniendo especial énfasis en que la atención a los supervivientes es también una herramienta preventiva.

Además, el curso busca «visibilizar el duelo por suicidio de un ser querido como fenómeno desconocido que es». Otro de los puntos fuertes de la cita tiene que ver con que se dará «voz a los supervivientes, ofreciendo al público testimonios de esta realidad exponiendo sus necesidades y las acciones emprendidas desde la sociedad civil en este terreno. El plazo de inscripción para participar en este curso está abierto. Más información en www.uik.eus y www.biziraun.org.