Cristina Ubani Bazán
La investigadora alerta sobre violencia digital, la viralización y la dificultad para borrar contenidos que siguen dando voz al machismo
El espacio digital se ha convertido en un terreno fértil para la misoginia, que se expande sin freno mientras plataformas, redes e instituciones miran hacia otro lado. Cristina Ubani Bazán (Irun, 1965), investigadora y activista feminista, aborda esta tarde, a las 19.00 horas, en el Convento de Santa Teresa de San Sebastián la violencia digital y el papel de la tecnología, un fenómeno que, advierte, «expone especialmente a las mujeres porque la actual falta de respaldo y protección favorece la proliferación de ataques y empuja a muchas a guardar silencio».
- ¿Qué es exactamente la violencia digital, y contra las mujeres?
- Depende del ámbito en el que se pregunte. Tal y como yo la entiendo, no es distinta. Es la misma violencia machista de siempre, solo que utilizando nuevas herramientas. A nivel legislativo se define como la violencia ejercida con instrumentos digitales, pero para mí esa definición se queda corta, porque tiene una causa estructural. Vivimos en una sociedad desigual, y lo digital lo traslada a un espacio donde ciertas características pueden agravarla.
- ¿Cuáles?
- Principalmente tres: el anonimato, la viralización y la dificultad para borrar contenidos. El anonimato complica identificar a quien ataca porque, realmente, no sabes quién es la persona que te está agrediendo. La viralización transforma un gesto puntual en algo que puede expandirse por todo el mundo en tan solo unos segundos. Y en cuanto a borrar contenidos... es que las plataformas no lo ponen fácil. Por eso el daño puede ser mucho mayor que fuera de internet.
- ¿La ley lo respalda correctamente?
- No lo suficiente. Es un fenómeno global y la legislación es muy local, así que siempre llega tarde. Un ejemplo muy claro es el Reglamento Europeo de IA de 2024. Porque no incluyó la violencia contra las mujeres, y eso obligó a aprobar una directiva específica después. Además, las plataformas no contemplan la misoginia como categoría de denuncia. Puedes denunciar insultos racistas, pero si a una mujer la insultan, no hay una categoría concreta. Eso demuestra que la misoginia se ha colado como algo normalizado y resulta hasta rentable.
- Hay quien piensa que lo digital 'no es tan grave'. ¿Es un error?
- Absolutamente. Lo digital afecta a la salud, a las ayudas a la dependencia, a procesos administrativos… y todos esos sistemas pueden reproducir sesgos de género. Hay algoritmos que asignan más ayudas a hombres que a mujeres en la misma situación, o que penalizan currículums femeninos frente a los masculinos. La IA reproduce los sesgos del mundo real, por eso necesitamos equipos multidisciplinares que los detecten.
- ¿Denunciar sirve?
- Sí, denunciar siempre sirve. Y lo cierto es que podrías estar todo el día haciéndolo. La desinformación de género está muy estudiada y afecta a cualquier mujer que esté en el espacio público digital. Da igual de qué ideología o de qué hable. Y si además es feminista, el nivel de ataque se multiplica.
«Algunos algoritmos asignan más ayudas, incluso oportunidades laborales, a hombres que a mujeres»
- ¿Las jóvenes son las que más sufren esta violencia?
- No, la violencia digital puede afectarnos a todas, pero es verdad que las jóvenes reciben un disciplinamiento muy fuerte. Es decir, se las empuja a autocensurarse, a hablar menos, incluso a abandonar las redes. Eso no podemos permitirlo. Las redes son espacios públicos y las mujeres tenemos que estar ahí.
- Circula mucho en redes la idea de que quienes más atacan a las mujeres son otras mujeres. ¿Es cierto?
- No, es completamente falso. En redes ni siquiera sabes quién hay detrás de un perfil. Además, lo mejor que tenemos las mujeres son nuestras amigas. Claro que hay mujeres con ideas sexistas, igual que también hay hombres, pero ese mito de que 'las mujeres son las peores entre sí' es profundamente machista y no tiene base alguna.
- ¿Qué podemos hacer para movernos en este entorno?
- A ver, considero que estas herramientas -conscientemente, me niego a llamarlas redes sociales- no son malas por sí mismas: lo problemático es el modelo de negocio, que se nutre del enfrentamiento. ¿Que qué podemos hacer? No entrar en el fango, no compartir barbaridades, guardar capturas si hay que denunciar, no alimentar el algoritmo en absoluto y formarnos en igualdad, tener pensamiento crítico y, sobre todo, dar luz a los espacios fiables. Creo que eso es fundamental.