«La ley española me ha salvado la vida»

Fátima se casó obligada. Al llegar a España comenzó su infierno

Confiesa sin reparos que la Junta de Andalucía ha sido su «familia». Sin casa, sin dinero, sin familia y sin conocer el idioma, Fátima se vio de la noche a la mañana en la calle con un hijo recién nacido. El pequeño solo tenía cuarenta días cuando su marido le dio una paliza, que le abrió los puntos de la cesárea y la dejó malherida. Nacida en Marruecos, fue obligada por su familia a casarse. Hasta entonces, había trabajado en varias empresas, donde ganaba más de 1.500 euros. Pero su esposo no lo aceptaba y tuvo que dejarlo. Sufrió desprecios y abusos desde el principio, «pero en mi país lo consideran un asunto familiar y la policía no hace nada», explica. Fue al llegar a España, adonde se trasladaron por motivos de trabajo, cuando los episodios violentos se sucedían casi a diario. «Me encerraba en casa para que no pudiera salir sola a la calle, me violó en numerosas ocasiones y me pateó en la barriga estando embarazada de nuestro hijo», relata.

Aquello no era vida para su bebé y denunció. Se sentía «desamparada» tras haber sufrido aquel «infierno», pero en la casa de acogida en la que permaneció nueve meses con su hijo encontró todo el afecto, la formación, el apoyo psicológico y el asesoramiento legal para salir adelante. «He tardado dos años en recuperar mi autoestima, en volver a mirarme a un espejo y en salir sola a la calle, pero me siento protegida. Sé que si no hubiera estado en España y no hubiera estado amparada por la ley de violencia de género, hoy estaría muerta».

Por esta razón, detesta la postura que ha adoptado Vox en esta materia. «No llevan razón cuando hablan de desigualdad y de discriminación, porque la fuerza del hombre no es equiparable a la de una mujer, que siempre será más vulnerable. ¿Cuántos hombres han muerto en proporción a las mujeres?», expresa. Lamenta que los partidos políticos usen la violencia de género como «arma arrojadiza», en lugar de hacerlo para mejorarla. Ahora, confía en que la justicia española la siga protegiendo de su agresor. «Utiliza a mi hijo para seguir maltratándome. Temo por los dos».

 

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