Los errores que te llevan a comer más y peor de lo que crees

Los errores que te llevan a comer más y peor de lo que crees

RAQUEL ALCOLEA DIEZ

«No hay que comer de todo». El Dr. Nicolás Romero, autor de 'Si te gusta comer, aprende a adelgazar' asegura que una cosa es recomendar que haya variedad en los alimentos y otra muy distinta es «comer de todo». «¿Para qué necesitas comer salchichas, bollería industrial, patatas fritas, bebidas azucaradas, embutidos o hamburguesas?», pregunta. «¡Para nada!», contesta de forma rotunda.

El Dr. Romero está convencido de que, en líneas generales, la mayoría de las personas seguimos una alimentación impulsiva e improvisada, en la que los ultraprocesados van sustituyendo casi sin que nos demos cuenta a los alimentos frescos. Así, revela que durante las charlas con los pacientes en las que suelen hacer juntos un recuento del contenido de los menús del último mes se descubren cuestiones tan interesantes como estas:

- Las raciones suelen ser más grandes de lo que recuerdan.

- Llegan con muchísima hambre a las comidas y devoran.

- Comen tan deprisa que no son capaces de calibrar la cantidad de comida que ingieren.

- Beben refrescos azucarados o bebidas alcohólicas durante la comida.

- Usan todo tipo de salsas de acompañamiento y sienten que no les puede faltar el pan.

En conjunto, tal como revela el Dr. Romero, algunos de sus pacientes descubren haciendo un recuento de lo que consumen cada día que toman muchas más calorías de las que creen. «En alguna ocasión he contado más de veinte picoteos en un mismo día. Los tentempiés comenzaban poco después de haber desayunado, con bollos y refrescos, y terminaban a las dos de la madrugada, con chocolate y embutidos. Muchos están convencidos de que no comen tanto como para estar así, pero lo cierto es que no tienen en cuenta las comidas entre horas», argumenta el autor de 'Si te gusta comer, aprende a adelgazar'.

La clave está, según explica en que suelen autoengañarse para tener la sensación de comer menos. Algunos de los «trucos» que se suelen utilizar para tener esa sensación son dedicar poco tiempo a comer, hacerlo de pie, o deprisa, tomando cualquier cosa que tengan a mano, eliminar algunos alimentos en cada comida principal y tomar raciones poco abundantes en las comidas más importantes del día.

Otro de los autoengaños comunes tiene que ver con el ejercicio físico. «Caminar una hora a ritmo normal puede hacernos perder 250 calorías y para bajar un bollo de 100 gramos hay que caminar casi dos horas. Por eso hay que tener cuidado con lo que se come. Los que dicen que se bajan las comilonas con un par de paseos se equivocan. No es tan fácil. Hacer ejercicio no gasta tantas calorías como se tiende a creer», revela.

Para comer sano, planifica el menú

Lo único que se consigue con estos engaños es desviar la atención sobre lo que realmente es importante. «El gran error es abandonar los tres platos y simplicar los menús con comidas de picoteo en las que se suele abandonar la fruta como postre», revela.

Así, el experto está convencido de que el precio que se paga en términos de salud se duplica si no dedicamos tiempo a programar las comidas que se hacen a lo largo del día. «Los cambios reales en la alimentación se producen no cuando comes, sino cuando compras en el supermercado. Debes aprender a soportar la presión y ser consciente de que intentarán que compres de más. Y a estas alturas, debes saber que la comida que adquieras de más, de una manera o de otra, te la acabarás comiendo», explica.

Cómo elegir los productos del supermercado

La lista de la compra tiene que salir a partir de los menús saludables que elabores y no al revés. Lo aconsejable es comprar fijándonos en puntos concretos y evitar los imprevistos. Así, el Dr. Romera recomienda mirar la cantidad de calorías por 100 gramos, las grasas (teniendo en cuenta su calidad), la cantidad de azúcares añadidos, la cantidad de sal, la cantidad de fibra, los tipos de conservantes y las cantidades a las que equivale una proporción de ese producto. Después hay que atender a la cantidad de proteínas tanto de productos de origen vegetal como animal, y el contenido de otros carbohidratos como las féculas, los almidones, las vitaminas y los minerales.

Teniendo en cuenta que el orden de los ingredientes de un producto está determinado por el contenido de mayor a menor, debemos hacer estos descartes:

- Si el azúcar ocupa uno de los primeros lugares, el producto tiene mucha azúcar. El azúcar añadido por el fabricante aparece a menudo como sacarosa, glucosa, dextrosa, fructosa o maltosa.

- Los edulcorantes artificiales suelen aparecer como sacarina, sucralosa o aspartamo.

- La sal o el sodio suenan a menudo como sinónimos, por lo que el contenido de sodio nos parece mucho menor y puede llevar a confusión. Como regla general, deben evitarse los productos con mucha sal, es decir, un gramo y medio o más por cada 100 gramos de producto.

- En cuanto a las grasas, hay que fijarse en la grasa total por cada 100 gramos. No deben contener grasas trans o parcialmente hidrogenadas, ni aceite de coco ni de palma. En los alimentos envasados es preferible que exista la menor cantidad de grasa saturada como sea posible.

- El contenido de fibra es crucial para la salud y la saciedad. Revísalo. Es importante. La recomendación de consumo de fibra es de 20 a 35 gramos diarios.