El sector educativo vasco cuestiona el MIR para docentes que propone el Gobierno

Entrada principal de la Escuela de Magisterio de Donostia./USOZ
Entrada principal de la Escuela de Magisterio de Donostia. / USOZ

Los implicados opinan que se culpabiliza a los profesores del mal funcionamiento del sistema. El Gobierno Vasco también se muestra crítico porque se apuesta por un modelo centralizado sin tener en cuenta la idiosincrasia de cada autonomía

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN.

El Gobierno del Estado ha anunciado en varias ocasiones en los últimos meses, principalmente a través del ministro Íñigo Méndez de Vigo, que tiene la intención de aprobar un nuevo modelo de acceso a la docencia que incorpore una especie de MIR de dos años de duración, parecido al modelo que se usa con los estudiantes de medicina. Una medida que no ha sido recibida con buenos ojos en la comunidad educativa vasca. Eso sí, la necesidad de mejorar la formación del profesorado es algo que ninguno de los agentes implicados en la Educación cuestiona, aunque también entienden que no se puede culpar a los docentes de los malos resultados obtenidos por los alumnos en las distintas pruebas y evaluaciones comparativas.

El vicedecano coordinador de la Facultad de Educación, Filosofía y Antropología de la UPV, Javier Monzón explica que el debate o la reflexión debe ir más allá de si es necesario una prueba estilo MIR sino que es necesario adoptar una visión de continuo de la profesión docente para diseñar un modelo de carrera profesional con una articulación entre la formación, las prácticas y la inserción laboral. «Debe ser coherente con el profesorado que se busca y con las necesidades de la sociedad», apunta.

Entiende que un solo examen no puede identificar las características que de un futuro docente. «Son muchas las competencias y las capacidades que se escaparían a esa única prueba». Además, Monzón recuerda que «los propios decanos de las facultades de Medicina nos han comentado que el 50% del MIR consiste en aprender a hacer el examen».

Defiende que los alumnos de las facultades y escuelas de Magisterio salen bien formados. Una parte de ser un profesor tiene que ver con el aprendizaje, con la formación que reciben, y otra con la inserción laboral. Los alumnos tienen lo que denominamos el shock de la práctica. Cuando se nos van de prácticas y vuelven nos dicen 'ahí sí que hemos aprendido', pero han aprendido porque nosotros les hemos enseñado a mirar». Ahora realizan tres periodos de prácticum. Por ejemplo, para Infantil y Primaria son 138 horas en 2º, 210 en 3º y 354 en 4º. «El seguimiento que se les hace es intensivo por parte del profesorado y ayuda mucho», dice.

Para Monzón, antes de determinar si el MIR docente va a ser positivo o negativo, es necesario conocer qué tipo de prueba sería. «¿El MIR mide si se es un buen médico, si sabe escuchar, si es amable? No. En el caso de los profesores pasaría lo mismo. ¿Será bueno porque sabe mucho inglés y mucha historia o porque además tiene empatía y sensibilidad? ¿Cómo se mide eso en una prueba tipo test? La acumulación de saber no hace un buen profesor. Como pedagogo me preocupa cómo se van a medir las competencias que debe tener un futuro profesor».

Además, cree que hay que tener en cuenta otro tipo de variables «que los profesores no podemos controlar» de tipo laboral. Por ejemplo, ¿los centros sustituirían a maestros interinos por los que llegan para hacer los dos años de prácticas? «No deberían quitar puestos de trabajo, pero eso se nos escapa». También qué responsabilidad tendrían esos aspirantes a profesores o cómo se cuantificaría el trabajo de los encargados de realizar el seguimiento.

«Es un parche»

Unai Jauregi da el punto de vista de un estudiante que aspira a convertirse en maestro. «El Gobierno está intentando poner un parche a la educación, cuando lo que se debería hacer es cambiar el sistema». En su opinión resultaría más eficaz que «en lugar de alargar la carrera dos años más, sería más rentable cambiar los cuatro años que estamos en la universidad. No creo que esos dos años de MIR ayuden a mejorar el sistema educativo. Si van mal los niños y las niñas, el problema no es solo de los profesores sino de un sistema que crea depresión, ansiedad y tristeza en unos niños a los que nada más entrar en los colegios se les inculca el miedo a fracasar». Asegura que esta opinión está muy extendida entre sus compañeros de una carrera «a la que se apuntan muchos porque tienen nota y no saben qué hacer».

Muy crítico con esos dos años de más que implicaría el MIR, no le parecería mal un examen al final de la carrera en el que no solo se evaluaran los conocimientos sino otros aspectos que «aprendes en unas buenas prácticas como el saber relacionarte con los niños, saber interpretar sus emociones...».

«Pretenden impulsar una centralización y homogeneización de la educación» Gobierno Vasco

«Son muchas las competencias que se escaparían a esa única prueba» Javier Monzón, Vicedecano de la Facultad de Educación de la UPV

«No creo que esos dos años de MIR ayuden a mejorar el sistema educativo» Unai Jauregui, Alumno

«En la propuesta no se ha tenido en cuenta a la comunidad educativa para nada» Miren Zubizarreta, ELA

Pone como ejemplo su experiencia de un mes para hablar del papel que jugarían estos alumnos del MIR docente en los centros: «Como son niños muy pequeños es necesario que haya como mínimo dos profesores. Recurrían a nosotros como refuerzo y en otras ocasiones, como tienen mucho trabajo, parecía que molestábamos».

Este alumno de 2º de Educación Infantil, «una carrera muy vocacional», es crítico con un grado que «aunque se habla mucho de la escuela inclusiva, es todo muy teórico». Echa en falta más prácticas porque «estamos mucho en clase, pero lo que es de docencia aprendemos poco, los casos prácticos los leemos» y mayor atención a las competencia transversales: «Se trabaja poco las emociones».

Para Jauregi los políticos «están estigmatizando a los docentes. En Finlandia es muy complicado llegar a ser profesor, pero cuando lo consigues te tratan como a un dios».

Miren Zubizarreta, portavoz de Educación del sindicato ELA, critica que toda la información que han recibido sobre este tema ha sido a través de los medios de comunicación «como si fuera una propuesta que no tiene trascendencia. Es poco serio. No se ha tenido en cuenta a la comunidad educativa para nada». Por eso la valoración que realiza «no puede ser muy concreta», aunque de entrada la ven «con mucha desconfianza».

Para el sindicato vasco «la ocurrencia pretende tapar los problemas más urgentes del sistema educativo, cuya situación en nuestra comunidad autónoma es grave y precaria». Zubizarreta opina que «antes de hablar de si se establece una prueba para evaluar a los profesores hay que centrarse en temas como la falta de inversión pública en educación desde que comenzó la crisis, las elevadas ratios de alumnos en las clases, la falta de profesorado, la interinidad...». Según la portavoz de ELA, el anuncio de la prueba conlleva una culpabilización a los docentes de la situación estructural de la educación y de los malos resultados que se obtienen en las pruebas diagnósticas.

A Zubizarreta también le preocupa cómo quedaría la situación de los profesores interinos. «Hay muchos riesgos, como el de sustituir a trabajadores que están en una situación precaria por mano de obra más barata con personas en periodo de formación».

«No al distrito único»

El Gobierno Vasco, que todavía no tiene una postura oficial hasta que la propuesta no tome más cuerpo, se posiciona contrario a la implantación de un MIR educativo y critica la posibilidad planteada por Méndez de Vigo. Uno de los aspectos más cuestionados desde el departamento de Cristina Uriarte es el de un examen único -como es el caso del MIR sanitario- porque sus responsables entiende que «pretenden con ello impulsar una centralización y homogeneización de la educación», cuando cada autonomía tiene su propia idiosincrasia. Así comentan que «no podemos apoyar un sistema de selección único para todo el estado. No puede existir un distrito único, aquí tenemos dos lenguas cooficiales... tenemos el euskera».

El profesor de Educación Comparada de la UPV Luisma Naya sí ve más aspectos positivos que negativos en la puesta en marcha de un MIR en el campo de la enseñanza ya que «va a suponer una mejor captación de los futuros enseñantes en cualquiera de las etapas del sistema educativo».

Entiende que, si se sigue una planificación similar a la implantada en medicina, «una mentoría de dos años a los nuevos docentes puede ser positiva», siempre que se dediquen a ella «los medios necesarios» porque «hay que tener en cuenta que esto supondría una dedicación de parte de los profesionales de la educación al seguimiento de los nuevos». Para ello considera que «esa tarea de asesoramiento y supervisión debería ser reconocida» dentro de la carrera de los profesores, tanto en la red pública como en la privada porque considera que debe aplicarse en los dos sistemas.

Pero no todo es positivo, Naya considera que «se pueden prever tensiones entre el Gobierno central y las comunidades autónomas» porque al tratarse de una prueba de carácter nacional podría invadir las competencias y no tener en cuenta las necesidades de cada comunidad. Por esta razón se pregunta qué ocurriría con aquel profesorado que desconoce la lengua vehicular de una comunidad (euskera, gallego o catalán). Presupone, con cierto temor, que «las respuestas de Madrid y de las autonomías serían muy diferentes». Lo que sí tiene claro es que se trata de «una reforma de gran calado que necesita urgentemente de un pacto educativo para su aplicación que incidiría, indudablemente, en los cuatro años de formación del grado o en el máster de profesorado».

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