Hazi eta Ikasi
«Marga me ha ayudado con el euskera y con las mates»Hazi eta Ikasi ·
La asociación y sus cien voluntarios dan clases de refuerzo a niños para que hagan los deberes y adopten buenos hábitos de estudio fuera del aulaUn encuentro entre generaciones con un objetivo común: aprender. La asociación 'Hazi eta Ikasi' nació hace casi veinte años después de que un grupo de ... docentes cerca de la jubilación detectara que algunos alumnos tenían dificultades para rendir en clase, en especial, aquellos extranjeros que se unieron en mitad del curso escolar y presentaban problemas con el euskera y otras asignaturas. Pero, precisamente, las familias de estos estudiantes no podían permitirse un profesor particular que ayudara a sus hijos, por lo que este grupo de docentes fundó la asociación Hazi eta Ikasi, que ahora es una red que acoge a 130 alumnos y alrededor de cien voluntarios que, dos veces por semana, se juntan en los distintos locales de la asociación para estas clases de refuerzo. Pero «no solo aprendemos, también lo pasamos bien», asegura Amine, de nueve años, mientras se sienta en el pupitre.
Cuando suena el timbre, sinónimo de que las clases en el colegio se han acabado por hoy, los alumnos salen pitando. Algunos, directos al parque para jugar con los amigos. Otros tienen la tarde ocupada con extraescolares. Pero hay niños que, mientras su padres trabajan, no tienen qué hacer. Desde hace cuatro años, Salakha y Amine tienen las tardes de los lunes y los miércoles algo más ocupadas, y encima estas tardes marcan un antes y un después en su recorrido escolar.
Aunque ambos nacieron en Gipuzkoa, sus familias son inmigrantes y no tienen la oportunidad de practicar «idiomas como el inglés o el euskera» en casa, explican estos compañeros de 4º de Primaria. «Mi familia viene del Sahara», cuenta contenta Salakha. A pesar de ello, los dos pequeños se defienden con gran soltura en euskera. «He mejorado un montón desde que vengo aquí», cuentan alegres mientras sacan la tarea del día de la mochila.
Las voluntarias de Hazi eta Ikasi Marga y Marina afirman que, en «la mayoría de los casos», los alumnos a los que atienden se ajustan a este perfil. Al mismo tiempo, Salakha y Amine terminan rápidamente una hoja de ejercicios, con sumas, restas y otras operaciones matemáticas;otra de las asignaturas «en las que más nos centramos, al ser una de las instrumentales o más básicas», explican las dos donostiarras. Ya jubiladas, aseguran que «este voluntariado lleva tiempo y compromiso, pero el horario es bueno. Es una muy buena experiencia, lo pasamos bien con los niños... Y encima les ayudamos», cuentan con una sonrisa.
Y esta ayuda constante fuera del aula, al final, se deja notar dentro de ella. Amine cuenta cómo «yo sufrí en segundo de Primaria y repetí». Sin embargo, tan solo un año después «terminé el curso con más de un 'sobre'». Pero las notas no son lo más importante. Las clases de refuerzo de Hazi eta Ikasi también hacen que los chavales adopten unos buenos hábitos de estudio. «En vez de llegar a casa y estar tirados con el móvil, vienen aquí y saben que lo primero que tienen que hacer después de clase es terminar su tarea o repasar el contenido visto en clase», explican las voluntarias.
Así, tanto Salakha como Amine confiesan que uno de sus hobbies favoritos es la lectura. «Yo siempre llevo un libro en la mochila», cuenta ella. Amine, además de leer, también disfruta del deporte, siendo el fútbol uno de sus favoritos. Viste una camiseta del Paris Saint-Germain, aunque su equipo predilecto es «la Real Sociedad, obviamente». Así, asegura que «de mayor quiero ser futbolista» pero sabe que «lo más importante son los estudios. Tengo muchas ganas de ir al Instituto», cuenta animado.
«Hacen falta voluntarios»
A día de hoy, Hazi eta Ikasi ayuda a 130 niños en sus estudios, ofreciéndoles clases de refuerzo a las tardes dos veces por semana. Un servicio extendido por Donostia, en los barrios de Bidebieta, el Antiguo, la zona de Gros de Egia, y en Amara, donde cuentan con varios locales. Así, diversos centros escolares de estas zonas de la capital guipuzcoana con las que trabaja Hazi eta Ikasi «son las encargadas de detectar qué niño puede cumplir las condiciones para beneficiarse» de estas ayudas, explica el presidente de la asociación, Mikel Arcelus. Los requisitos son simples: «Dirigimos nuestras clases a familias y niños que no pueden permitirse unas clases de refuerzo y las necesitan».
En el caso de los alumnos más pequeños, el refuerzo se centra, sobre todo, «en la comprensión lectora y en la fluidez con el euskara. Pero también en matemáticas». Cuando son más mayores, las necesidades cambian. «Normalmente necesitan más ayuda en biología, geografía, física...». Los alumnos y las familias lo agradecen. «Muchos nos dicen, si no tuviera esta ayuda, la probabilidad de llegar a Bachillerato sería cero», recuerda el presidente.
Con todo, Arcelus admite que «hacen falta más voluntarios, pues el número de niños a los que atendemos varía en función de la cantidad de voluntarios que tengamos disponibles. Cuantos más voluntarios haya, a más niños podremos ayudar». Así, añade que el perfil del «voluntario ideal es el de una persona recién jubilada, que tenga el suficiente tiempo como para poder comprometerse a lo largo del curso».
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