Los libros dejan paso a los portátiles en el colegio San Ignacio de Donostia

Alumnos del colegio San Ignacio de San Sebastián, minutos después de recoger los ordenadores portátiles que utilizarán a lo largo de este curso y de los siguientes. /
Alumnos del colegio San Ignacio de San Sebastián, minutos después de recoger los ordenadores portátiles que utilizarán a lo largo de este curso y de los siguientes.

El centro educativo pone en marcha una iniciativa única para que los alumnos de entre 14 y 18 años trabajen con estos dispositivos en las aulas

DANI SORIAZU SAN SEBASTIÁN.

«Debemos dar respuestas del siglo XXI a los alumnos del siglo XXI». Amaia Arzamendi, directora del colegio San Ignacio de San Sebastián, tiene claro que en su centro educativo las nuevas tecnologías deben ocupar un lugar cada vez más importante. Por ello, a partir de ahora, desde tercero de la ESO y hasta segundo de Bachillerato, los alumnos de este colegio utilizarán ordenadores portátiles en clase. Unos dispositivos de pequeño tamaño, elegidos y programados por el propio centro y que sustituirán a los libros en algunas de las materias, como Matemáticas, Euskera, Economía o Biología

euros por curso deben pagar las familias del colegio san Ignacio durante cuatro años por la adquisición de estos ordenadores.

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Se trata de una iniciativa única en el Estado. Hasta el momento, el programa Eskola 2.0, puesto en marcha por el Gobierno Vasco en el año 2010, ha sido el único proyecto con el fin de digitalizar las aulas de los colegios implantando ordenadores. Concretamente, desde quinto de Primaria hasta segundo de la ESO. El colegio San Ignacio ha querido ir más allá y plantear la continuación de la enseñanza a partir de ese curso combinando las nuevas tecnologías con las clásicas hasta acabar el Bachillerato.

El pasado martes, 16 de septiembre, fue el gran estreno de esta iniciativa con la entrega de 235 ordenadores portátiles a los alumnos de tercero y cuarto de la ESO. «Un acto en el que quisimos que los estudiantes viesen que se trata de una apuesta importante y de que ahora son ellos los protagonistas, que lo tienen que hacer bien para que esto funcione», señala la directora del centro. ¿Es una apuesta arriesgada? «No tenemos miedo al fracaso en la medida en que creemos que quedarse anclado es lo que puede provocar el fracaso», afirma convencida.

En ningún caso esto supone la muerte de los libros de texto. Ni siquiera el papel y el boli van a desaparecer, aunque sí quedarán en un segundo plano con respecto a lo que ha sido el modelo de enseñanza tradicional. Habrá problemas de matemáticas que se harán en papel, así como los exámenes, mientras que otras pruebas sí que se podrán hacer online, apuntan desde el colegio.

Ahora bien, Arzamendi asegura que «los libros de texto, por muy nuevos que sean, no están actualizados. En cambio internet no tiene ese problema». Es sin duda una de las razones que justifican la decisión adoptada por este colegio. «Son los propios profesores los que han creado los contenidos que se darán en clase y a los que tendrán acceso todos los alumnos. Porque había libros de texto que se utilizaban en un porcentaje muy bajo», añade.

La lista de razones a favor de este cambio digital y tecnológico va muy encaminada a la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos para que el alumno se sienta motivado por el aprendizaje. «Esto nos permite pasar del modelo tradicional en el que el profesor explica y el alumno escucha, a otro en el que se puede aprender haciendo, mediante aprendizaje cooperativo y también interactivo», apunta Amaia. Además, cree que «hoy día el profesorado sufre mucho en clase cuando ve que con las herramientas de las que dispone no puede mantener la atención de los alumnos».

Se abren otras posibilidades, como que el propio alumno pueda preparar la lección en su casa mediante el contenido publicado en internet y que las horas de clase se dediquen a resolver dudas. Y por otra parte el poder llevar a cabo conversaciones a través de videoconferencia con alumnos de otros países y mejorar, con todas las herramientas disponibles a día de hoy, las capacidades lingüísticas del estudiante.

Implantación difícil y larga

Implantar este sistema ha requerido tiempo de preparación previo. Por una parte, el de los profesores, que entran en un modelo de enseñanza al que no estaba acostumbrado. Y, por otra parte, de las propias infraestructuras del centro educativo «para que 600 ordenadores puedan estar conectados a la vez», señala la directora del colegio. En cuanto a las familias, Arzamendi apunta que han sido receptivas a los cambios, «se han mostrado a favor y les hemos resuelto todas las dudas que pudieran tener».

El portátil que usarán los alumnos es un ordenador de marca Acer, del modelo ChromeBook. Un dispositivo pequeño -pesa un kilo y medio aproximadamente-, se enciende en apenas siete segundos y cuenta con la ventaja de tener una batería que aguanta más de ocho horas y media. Las familias de los alumnos deberán pagar una cuota de 100 euros por curso, es decir, 400 euros en total -por 3º y 4º de la ESO y primero y segundo de Bachillerato-. El precio incluye el valor del dispositivo más el seguro correspondiente y una mochila para poder transportarlo con seguridad. Al finalizar los estudios en el centro el alumno se queda el ordenador por un precio simbólico de cinco euros.

«Facilitamos a las familias que puedan pagar esta herramienta y que puedan trabajar los materiales digitales en clase. Además, al sustituir ciertos libros por el uso del dispositivo reducimos el coste del material escolar y aligeramos el peso de la mochila», apunta Arzamendi.

euros por curso deben pagar las familias de los alumnos del colegio San Ignacio durante cuatro años por la adquisición de estos ordenadores. El precio incluye el valor del dispositivo, los seguros pertinentes y una mochila en la que pueden llevar el portatil y los libros.