Donostia, escala para los Sanfermines

Durante estos días la terminal refuerza los servicios a Pamplona para cubrir la demanda de pasajeros

La estación de autobuses donostiarra fue ayer testigo del ajetreo del primer fin de semana de Sanfermines/
La estación de autobuses donostiarra fue ayer testigo del ajetreo del primer fin de semana de Sanfermines
ESTRELLA VALLEJO

Se entremezclan en la estación de autobuses de Donostia, en el espacio que hay junto a las escaleras mecánicas y bajo las pantallas que anuncian el horario de salidas y llegadas. También en las dársenas. Pero es sencillo distinguir entre los que vienen y los que van. No hay más que fijarse en sus camisetas, pantalones o zapatillas. Y para qué negarlo, también en sus rostros. Los unos, impolutos. Los otros, solo piensan en una ducha y en meterse en la cama. No es para menos. Es casi el mediodía y la noche ha sido muy larga.

El ajetreo de la estación se multiplica esta semana con motivo de los Sanfermines. Ayer arrancaron a las 5 de la madrugada con la primera ronda de autobuses dirección Pamplona, para desplazar a aquellos madrugadores que no se quisieron perder el segundo encierro de este año, aunque estuviera lloviendo.

A partir de esa hora, las idas y venidas de autobuses hasta las 23.30 horas fueron una constante, ya que «se refuerza el servicio y puede haber golpes de hasta ocho autobuses que salen a la misma hora», explica un trabajador de la estación, sin perder ojo a la gente que hace cola para mostrar su ticket a los conductores.

La primera recepción en Donostia llegó hacia las 8 de la mañana, con pasajeros que llevaban el clásico atuendo rojo y blanco, aunque algo desteñido por el vino, un poco de hambre que se sació con una paradita en la cafetería, y mucho sueño. Pero no fue hasta las once de la mañana cuando se empezaron a dejar ver grandes grupos que se dirigían a la capital navarra a pasar el día.

Es el caso de María, Abel, Iñigo y Joseba, que estuvieron haciendo tiempo junto al río hasta las 11.30, hora en la que partía su autobús. «Nuestro plan es ir a tomar el aperitivo», comentó este grupo de amigos, que ya tiene cogida la vuelta a las ocho de la tarde. Esa es sin duda una manera de evitar tentaciones y que a uno se le vaya la fiesta de las manos, porque entre otras cuestiones hoy es lunes y hay que trabajar, pensaron.

Es la táctica que también utilizó la cuadrilla de donostiarras compuesta por las tres Anas, Jon, Pili, Martín, Koldo y Txomin. Su regreso lo tenían cerrado en el autobús de las 21.30 horas. El motivo: «Para no pecar», dice una de las Anas entre risas. Hasta entonces, todo el día por delante para «potear, después iremos a comer y si se puede también a la plaza de toros, aunque de momento no tenemos entradas», señalaron mientras se acercaban a su dársena.

Arizmendi

Gaupasa 'sanferminera'

Las escaleras mecánicas, a su vez, dirigían hacia la salida a pequeños grupos de supervivientes -en su mayoría jóvenes, aunque no fueron los únicos-. Sergio, Joxepo, Peio, Ander y Mikel -las risas y miradas cómplices al decir sus nombres apuntan a que seguramente no coincidirán con lo que consta en su DNI- llegaron con la mejor de las sonrisas. Partieron a Pamplona a las tres de la tarde del sábado y ya era casi mediodía del domingo cuando regresaron a Donostia, pero la «siesta» que se echaron en la terminal pamplonesa les permitió encarar la última recta hacia su cama con otra alegría.

«Hemos sido un poco tontos, porque cogimos la vuelta a las once, pero nos lo hemos pasado muy bien», indican. El que dice llamarse Joxepo está hablador, y continúa: «Hemos bebido, bailado y también cantado mucho por las calles», y subraya, «has apuntado que hemos cantado, ¿no? Pero ligar nada de nada y eso que lo hemos intentado», ríen entre todos.

Algo más tranquilas están Nora y Leire, que esperan a que la madre de la primera vaya a buscarles. Tienen 21 años y la juventud se nota en sus rostros porque apenas se aprecia la noche sin dormir. «Y eso que el viernes me fui a Lesaka», exclama Leire. Muchos terminaron la fiesta pasados por agua pero no fue su caso. «Estuvimos viendo el encierro desde la plaza de toros así que no nos mojamos», dijeron satisfechas.

A pocos metros estaban Lucía y Rocío, dos estudiantes de 18 años, que no tuvieron la misma suerte con la lluvia. En sus casi 24 horas en la Pamplona les cayeron varios chaparrones y sus zapatos y pantalones así lo demostraban. Eran sus primeros Sanfermines. ¿Y os ha gustado? «Claro, hoy repito», confiesa Rocío.

 

Fotos

Vídeos