Los dueños del castillo de 'Downton Abbey' lo ponen en alquiler en Airbnb

Un mayordomo abre las ventanas de una de las lujosas estancias del inmueble que regentan los condes de Carnarvon. / R. C.
Un mayordomo abre las ventanas de una de las lujosas estancias del inmueble que regentan los condes de Carnarvon. / R. C.

El precio por noche es de 180 euros e incluye al mayordomo

ICIAR OCHOA DE OLANO

Pocas veces los idólatras se encuentran con la posibilidad, servida con guante blanco, de echarse en los brazos de su fetiche, bucear entre sus sábanas y despertarse convertidos en unos aristócratas británicos. Los televidentes que se quedaron colgados de las tramas de romances prohibidos, tragedias espantosas y secretos desenterrados en los que se veían envueltos los Crawley -una familia noble de Yorkshire agonizante por conseguir descendencia para no perder así sus privilegios, durante la opulenta época eduardiana- pueden retozar ahora como uno de ellos entre los elegantes muros de su castillo inglés. Los condes de Carnarvon, titulares de la distinguida propiedad donde se rodó el glamuroso melodrama 'Downton Abbey', la acaban de incluir en el catálogo de Airbnb.

El empresario de 62 años George Herbert y su segunda esposa, Fiona, no parecen pasar por apuros económicos. Muy al contrario, todo apunta a que se trata de dos zorros de las finanzas. Ahora que la serie que el aristócrata Julian Fellowes escribió y que la cadena ITV emitió entre 2010 y 2015 ha dado a luz un largometraje -se estrenó ayer en las salas de proyección españolas-, la pareja ha decidido espolear las taquillas ofreciendo a sus fans una experiencia 'downton'.

La cosa no va solo de pernoctar en la espléndida casa señorial donde se filmó el serial y la película. Los propietarios de Highclere, que es así como se llama el inmueble en cuestión, invitarán a dos personas a unirse a ellos para tomar un cóctel en el salón antes de cenar en el comedor con todos los sacramentos de la época. Allí serán servidos por el mayordomo del castillo. La inmersión en el 'universo Crawley' costará 150 libras esterlinas, unos 170 euros.

«Es un privilegio absoluto y todo un placer poder llamar al castillo de Highclere mi hogar y estoy encantada de poder compartirlo en Airbnb para una estancia que resultará verdaderamente única», promociona solemne Lady Carnarvon. La distinguida velada tiene una fecha fijada, el próximo 26 de noviembre.

Para convertirse en sus excepcionales invitados, los interesados deben enviar sus solicitudes al portal dedicado a la oferta de alojamientos a particulares y turísticos a partir del mediodía de mañana, 1 de octubre. Eso sí,los aspirantes deben tener una cuenta propia en esa plataforma, contar con al menos dos críticas positivas como huéspedes por parte de los titulares de otras propiedades en las que hayan pernoctado y «demostrar su apasionamiento por 'Downton Abbey' en el mensaje personalizado que dirijan a los dueños del castillo», agrega Hadi Moussa, gerente general de Airbnb en el norte de Europa. El conde y la condesa seleccionarán mano a mano a las dos personas que, a su juicio, sean merecedoras de pasar la noche en la icónica propiedad.

«Propaganda monárquica»

Entretanto, la película despega en los cines entre el entusiasmo de los admiradores de la serie y la frialdad de la crítica. «'Downton Abbey' está tan enamorada de la familia real (británica) que raya en la propaganda monárquica», afirma sin paños calientes 'The Independent'.

La cinta, que está ambientada en 1927, dos años después de la última vez que vimos al adinerado clan de los Crawley, pivota en torno a la agitación que vive la familia, en esta etapa venida a menos, ante la inminente visita de los Windsor. Para imprimir todo el realismo de cómo sería el protocolo de una visita real a un castillo de la nobleza de la época, el asesor histórico de la serie, Alastair Bruce, recurrió uno de los mayordomos de Isabel II y a un antiguo maestro de su marido, el príncipe Felipe de Edimburgo.

Michael Engler, director de cuatro episodios de la serie original, se ha vuelto a poner detrás de la cámara de esta secuela en formato largo, que vuelve a reunir a los sofisticados nobles y, también, a la carismática plantilla de criados. Se ignora si los condes de Carnarvon permitirán a sus huéspedes descender a las dependencias donde el servicio sacaba chispas al culebrón que alimentaban escaleras arriba sus señores.