Los rascacielos cortan el vuelo de millones de aves en EE UU

Las noches de niebla o lluvia obligan a volar bajo a los pájaros migratorios, que quedan atrapados en laberintos de rascacielos ./R. C.
Las noches de niebla o lluvia obligan a volar bajo a los pájaros migratorios, que quedan atrapados en laberintos de rascacielos . / R. C.

Nueva York o Chicago apagan luces en época de migraciones para evitar que las torres sean faros mortales

Javier Guillenea
JAVIER GUILLENEA

Llega la primavera con sus trinos y sus flores y en algunas grandes ciudades de Estados Unidos llueven pájaros cuando se hace de noche. Son aves que han recorrido miles de kilómetros en busca de lugares cálidos donde hacer más llevadera su existencia y se adentran sin remedio en grandes bosques de vidrio y cemento para terminar su viaje contra un simple cristal. Alrededor de 600 millones acaban cada año sus días estampadas contra los grandes rascacielos estadounidenses, que se han convertido en una trampa mortal para los pájaros. Solo en Nueva York mueren anualmente unos 90.000 debido a colisiones contra edificios. Y esa no es la ciudad en la que se producen más víctimas.

Las más peligrosas son Chicago, Houston y Dallas. Para los miles de millones de aves que, con la llegada de la primavera y el otoño, se ponen en marcha para emigrar de un extremo a otro del continente americano, estas urbes son una etapa más que deberían sobrevolar sin mayores complicaciones. Pero hay algo en ellas que las atrae irresistiblemente y las lleva hacia su perdición. La luz de las grandes metrópolis no solo pierde a los seres humanos. También mata a los alados.

Como tantas otras cosas, la tragedia se desarrolla de noche. En la oscuridad, especialmente cuando la niebla o la lluvia obligan a los pájaros a volar a altitudes más bajas, la combinación de vidrio y luz los atrapa en un laberinto del que muchos no son capaces de salir. Algunas aves se sienten atraídas por el resplandor de los ventanales y se estrellan contra ellos. Otras se desorientan con tanta luminosidad y revolotean durante horas entre los edificios hasta que se agotan y aterrizan en entornos inhóspitos donde son presa fácil para gatos y automóviles. También están las que creen encontrar un lugar seguro en los árboles o zonas verdes reflejados en los vidrios o en las macetas colocadas tras las ventanas. Se apresuran hacia su refugio con la engañosa tranquilidad de quien intuye que por fin está a salvo de desgracias sin saber que van a morir.

Aunque la migración de aves en primavera y otoño dura meses, la actividad más intensa se produce en un lapso de unas siete noches, que varía según cada ciudad y las condiciones meteorológicas. Calcular cuándo y dónde aparecerá el grueso de la bandada es importante a la hora de adoptar medidas para reducir el número de bajas entre sus filas. No es difícil conseguirlo, solo es cuestión de voluntad. Basta con apagar las luces para dejar el paso despejado.

La mascarita común

En 1993, el canadiense Michael Mesure recogió a un pájaro herido que acababa de chocar contra un edificio y lo metió en su coche. Era una mascarita común, que revoloteó por el interior del vehículo hasta posarse en el salpicadero, donde empezó a cantar. Poco después, se desplomó sin vida. Esa muerte fue el origen del Programa de Concienciación sobre la Luz Fatal (FLAP), una organización de Toronto que se dedica a proteger a las aves migratorias de los peligros que las amenazan en los entornos construidos por el hombre.

El FLAP planteó una serie de iniciativas, entre ellas la de reducir la luminosidad de las ciudades enclavadas en las zonas de paso de las aves. No había tiempo que perder. «Es una situación grave, porque se sabe que muchas especies que chocan contra edificios han ido disminuyendo desde hace mucho tiempo y algunas ya han sido oficialmente designadas como en peligro de extinción», advirtió Michael Mesure.

La propuesta cruzó la frontera y llegó a Estados Unidos, donde comenzó a aplicarse. En 2005 nació el movimiento Lights out New York, que ha conseguido que rascacielos emblemáticos de la Gran Manzana como el edificio Chrysler, el Rockefeller Center, el Time Warner Center y el Worldwide Plaza apaguen sus luces desde la medianoche hasta el amanecer durante los días con más tránsito de pájaros.

Oscuridad

En el corazón de Chicago, cerca de cien edificios -casi todos los inmuebles del centro de más de cuarenta pisos- se oscurecen después de las once la noche durante las migraciones de primavera y otoño. En Minnesota, su gobernador ha firmado un proyecto de ley que exige que las estructuras de propiedad o arrendadas por el Estado apaguen las luces después de la medianoche, y en Michigan, Massachusetts y San Francisco se han aprobado iniciativas para reducir el resplandor nocturno de las ciudades.

Puede que estas medidas quiten brillo a la noche, pero parece ser que salvan vidas. Según un estudio del Field Museum de Chicago, apagar las luces hace que la muerte de aves disminuya en un 83%, porcentaje que revela que lo mejor que una ciudad puede ofrecer a los pájaros es su oscuridad.

LAS TRAMPASLuminosidadMuchos pájaros se sienten atraídos por las luces tras los ventanales y se estrellan contra ellos. Otros se desorientan por el resplandor que emana de los edificios y revolotean perdidos durante horas hasta que se agotan y se desploman.

CristalesLos reflejos de zonas verdes en los ventanales y las macetas detrás de las ventanas atraen a las aves, que se abalanzan contra ellos en busca de refugio.

600millones de pájaros migratorios mueren cada año en Estados Unidos tras chocar contra rascacielos o estructuras humanas durante sus dos viajes anuales entre Canadá y América Latina.