«Compré una lonja para progresar en la vida y ahora tengo 20 'okupas' dentro»

La lonja de la calle Cantalojas es escenario de numerosos conflictos y reyertas. /LUIS CALABOR
La lonja de la calle Cantalojas es escenario de numerosos conflictos y reyertas. / LUIS CALABOR

Una mujer se reconoce «incapaz» de echar a las personas que «malviven» en su local de la calle San Francisco de Bilbao, convertido en un foco de hacinamiento y «tráfico de drogas»

DAVID S. OLABARRI

Irma llegó hace más de 15 años a España. Con ella vinieron su marido y sus cinco hijos. El pequeño apenas tenía meses de vida y hoy está a punto de empezar la universidad. Dejaron atrás su localidad natal en Bolivia para empezar una vida nueva. Llegaron a Bilbao y pronto consiguieron alquilar un local en la calle San Francisco. Montaron un negocio de alimentación. Les cuesta unos 500 euros al mes. El piso en el que viven, más de 800. «Muchos gastos». Pero iban tirando, «poco a poco». Hay semanas que Irma puede trabajar más de 12 horas al día. De lunes a domingo. Hay veces que le ayudan sus hijos, aunque normalmente es ella la que está detrás del mostrador. Muchos esfuerzos, pero siempre con la ilusión de ir «progresando en la vida».

Hace año y medio Irma vio un cártel de 'se vende' en la calle Cantalojas, no muy lejos de su tienda. Se trataba de una lonja y una «amplia» entreplanta que vendían por 50.000 euros. Irma vio una buena oportunidad de dejar de pagar alquileres y conseguir algo propio. El local era «perfecto» para montar allí su negocio de alimentación. E incluso pensó en que podría instalarse en el piso de arriba. Puso a la venta sus propiedades en Bolivia y llegó a un acuerdo con el propietario para pagar una entrada de 5.000 euros.

«Estamos desesperados»

Irma sabía que ya entonces había gente durmiendo allí. Pero pensaba que se irían cuando alguien les dijese que el local tenía dueños. «A mí no se me ocurriría meterme en una propiedad que no es mía. Me daría miedo», reconoce. El problema para ella es que, lejos de marcharse, pronto empezaron a meter más colchones dentro. Y hoy pasan la noche allí unas 20 personas en pésimas condiciones higiénicas. Hacinadas. De hecho, la lonja se ha convertido «en un punto en el que se suele traficar con drogas» -según explican fuentes policiales- y en el refugio de muchas personas a las que nadie alquila un piso o que, sencillamente, no tienen dónde pasar la noche.

Irma presentó hace varios meses una denuncia. La Policía local se presentó allí y, poco después, un juzgado bilbaíno le dio la razón. El pasado abril condenó a tres individuos como autores de un delito leve de usurpación de bien inmueble. Les dio 5 días para abandonar el edificio y les impuso una multa de 3 euros al día durante tres meses. La sentencia establecía que si estas personas no abandonaban el local de forma voluntaria, serían los agentes de la Ertzaintza los que les obligaran a hacerlo.

El problema llegó cuando los policías fueron a ejecutar la orden de desahucio. Ninguno de los tres condenados estaban allí ya, pero había otras muchas personas a las que, en principio, no había base legal para echar. Y se fueron. «Nos dicen que debemos iniciar procedimientos contra todos ellos. Pero siempre hay alguien dentro y nosotros estamos desesperados», confiesa. Irma explica que el tiempo pasa y que sólo tiene un año de margen para ejecutar la opción de compra. En caso contrario podría incluso perder los 5.000 euros que adelantó en su momento.