La inesperada dieta del primer animal del mundo

A diferencia de muchos de sus parientes terrestres, muchas babosas marinas son carnívoros que se alimentan de pólipos, esponjas o se devoran entre sí. /Daniel Stolte/
A diferencia de muchos de sus parientes terrestres, muchas babosas marinas son carnívoros que se alimentan de pólipos, esponjas o se devoran entre sí. / Daniel Stolte/

Una sorprendente investigación profundiza en la alimentación en el reino animal desde hace 800 millones de años

DV

El primer animal del mundo probablemente fue un carnívoro. Esta es una las sorprendentes conclusiones de un estudio sin parangón que profundiza en las preferencias dietéticas a través de todo el reino animal desde su aparición hace 800 millones de años. La investigación, publicada en la revista «Evolution Letters», revela también que hay muchos más aficionados a la carne de lo que los científicos creían y que la opción humana -comer de todo- es la más extraña.

Los investigadores del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Arizona (EE.UU.) buscaron datos sobre los hábitos alimenticios de más de un millón de especies animales, desde esponjas hasta insectos o gatos domésticos. Una especie se clasifica como carnívora si se alimenta de otros animales, hongos o protistas (organismos eucariotas unicelulares, muchos de los cuales viven de bacterias). Como herbívora, si depende de plantas terrestres, algas o cianobacterias; y omnívora si come una mezcla de dietas carnívora y herbívora.

Después, los científicos mapearon el vasto conjunto de datos de especies animales y sus preferencias dietéticas en un árbol evolutivo construido a partir de datos de secuencia de ADN para desenredar las relaciones entre ellos. «El nuestro es el estudio más grande realizado hasta el momento que examina la evolución de la dieta en todo el árbol de la vida animal», afirma Cristian Román-Palacios, autor principal del artículo.

La investigación sugiere que, entre los animales, los carnívoros son los más comunes: el 63% de las especies. Otro 32% son herbívoros, mientras que los humanos pertenecemos a una pequeña minoría, solo el 3%, de omnívoros.

Protistas en el plato

Los investigadores se sorprendieron al descubrir que tirando del hilo de muchas de las especies carnívoras actuales se llega hasta la base del árbol evolutivo animal, hace más de 800 millones de años, anterior a los fósiles más antiguos conocidos que los paleontólogos han podido asignar a los orígenes animales con certeza. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los herbívoros, cuya dieta que parece ser mucho más reciente.

Pero si el primer animal fue un carnívoro, ¿de qué diantres se alimentaba? Según los autores, de protistas, incluidos los coanoflagelados: organismos pequeños y unicelulares considerados los parientes vivos más cercanos de los animales. Viviendo como el plancton en agua marina y dulce, los coanoflagelados recuerdan vagamente a un volante de bádminton. Es posible que el ancestro común de los animales de hoy fuera una criatura muy similar.

«La antigua criatura que está más estrechamente relacionada con todos los animales que viven hoy podría haber comido bacterias y otros protistas en lugar de plantas», dice John Wiens, coautor del estudio.

Comer verde

En cuanto a la dieta basada en plantas, los autores creen que no es el motor evolutivo de la aparición de nuevas especies como se creía. Un ejemplo frecuentemente citado son los insectos, con 1,5 millones de especies. Muchas nuevas especies de plantas con flores aparecieron durante el período Cretácico, hace unos 130 millones de años, y se cree que esa diversidad botánica sin precedentes coincidió con un aumento en las especies de insectos. Sin embargo, lo que ocurrió con los insectos no necesariamente se aplica a otros grupos dentro del reino animal.

El estudio también reveló que las dietas omnívoras («comer de todo») son bastante raras, lo que insinúa la posible explicación de que la evolución prefiere a los especialistas sobre los generalistas. «Puedes ser mejor haciendo lo que haces si eso es todo lo que haces», apunta Wiens. «En los vertebrados terrestres, por ejemplo, comer una dieta de hojas a menudo requiere dientes y un intestino muy modificados. Lo mismo ocurre cuando se es carnívoro. La naturaleza en general parece evitar el dilema de ser 'aprendiz de todo, maestro de nada', al menos para las dietas».

Somos raros

Esta necesidad de especialización podría explicar por qué los omnívoros, como los humanos, son raros, según los autores. También podría dar sentido al hecho de que las dietas no hayan cambiado mucho durante tanto tiempo. «Hay una gran diferencia entre comer hojas todo el tiempo y comer frutas de vez en cuando», dice Wiens. «Las especializaciones requeridas para ser un herbívoro o carnívoro eficiente podrían explicar por qué las dos dietas se han conservado durante cientos de millones de años», afirma.