Ignacio Morgado: «Los humanos somos buscadores permanentes de placer»

Ignacio Morgado sostiene un cerebro. /Efe
Ignacio Morgado sostiene un cerebro. / Efe

El psicobiólogo dice que ahora es más fácil de obtener ya que no se desperdicia «nunca la ocasión»

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Los investigadores del Stalk Institute de Estados Unidos presentaron una píldora, una auténtica revolución. Funcionaba como una especie de comida imaginaria capaz de engañar al cerebro. Probada en ratones, fue capaz de reducir el aumento de peso, bajar los niveles de colesterol y controlar el azúcar en la sangre. «Pero no hemos sabido nada más de esta píldora. Y eso que si la comercializa alguna farmacéutica se forra», señala Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona. El profesor señala dos motivos de este desconocimiento: el primero, que no se hayan podido replicar los efectos después del éxito; o que los efectos secundarios, «cardiovasculares, neuronales o inmunólogicos», son demasiado perjudiciales para la salud.

Morgado rechaza este tipo de fármacos por «estar cerca de una línea muy peligrosa» y apuesta por los «mecanismos naturales» para estimular ese deseo de adelgazar. «Los programas conductuales deben encontrar la manera de que los pacientes no pierdan el deseo de seguir controlando adecuadamente la ingesta de alimentos», razona el profesor en su libro 'Deseo y placer' (Ariel), donde explica qué son «estas dos caras de la misma moneda» y cómo nos afectan en el día a día en todos los ámbitos de la vida.

«El placer es algo positivo porque satisface las necesidades de nuestro cuerpo pero también algo negativo, porque nos puede llevar a la adicción. Con el deseo buscamos el placer», explica el profesor. «Las neuronas y las sustancias químicas que originan el deseo de buscar placer no son las mismas que originan el placer. Están relacionadas pero son cosas diferentes», añade Morgado, que asegura que «los humanos son buscadores permanentes de placer».

Un placer que ahora es más rápido, por ejemplo, en la plano sexual. «Hay más medios, más rapidez de conseguirlo. No desperdiciamos nunca la ocasión», explica el profesor. Y habla sobre la pornografía que, dice, tiene dos lados. Por una parte, puede disminuir el sexo social, es decir con otra persona; por otra parte, puede provocar todo lo contrario, salir a buscar fuera lo que se disfruta en casa.

Más flexibles

En cuanto a las relaciones sexuales, el profesor Morgado destaca que las mujeres no se encasillan solo en homosexuales o heterosexuales como hacen los varones. «Son razones biológicas y los hombres, si lo hacen, lo esconden más. Esto nos viene a decir que la orientación sexual no es tan pura, que somos más ambiguos. Un ejemplo de lo que pasa es en las prisiones donde hay más relaciones homosexuales de hombres principalmente heterosexuales», añade el profesor Morgado sobre la orientación sexual, de la que está convencido de que «tiene factores biológicos». Nada que ver, recalca, con la conducta sexual.

El psicobiológo explica detalles genéticos asociados a la homosexualidad. Por ejemplo, que tienen un 39% más de probabilidades de ser zurdos; que el rizo de pelo de la coronilla de la cabeza va en sentido contrario a las agujas del reloj -en dirección opuesta al de los heterosexuales-. Y en la población estadounidense, se ha determinado que los gais tienen un pene en erección más largo (16,41 centímetros) que los heterosexuales (15,60).

Morgado hace hincapié en los misterios y las certezas sobre la atracción física. Entre los misterios está la atracción de los pechos grandes. «No conocemos ninguna razón biológica que lo justifique», indica el profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona. En cambio, sí se ha comprobado que para una relación pasajera una mujer prefiere un hombre «con rasgos faciales más masculinos»; en cambio, para una relación estable y duradera apuesta por uno con «rasgos más feminizados».

La mujer más deseada del mundo es aquella que presenta una relación del 70% entre el diámetro de la cintura y el diámetro de la cadera. Una relación de 0,7. Un 'cuerpo de guitarra'. «Se da en todas las culturas y en todas las épocas. Da igual si está más delgada o más gorda», explica el profesor que pone como ejemplo que las mujeres del Renacimiento eran más gordas que ahora. «Si tiene un cuerpo 0,7, gustará», remacha el profesor, crítico con la excesiva delgadez que se promueve en la actualidad. Además, tener un 'cuerpo de guitarra' es bueno para la salud: estas mujeres padecen menos enfermedades cardiovasculares y tumorales.

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