El «fuego valyrio» existe: científicos explican por qué arden las «llamas eternas» del monte Quimera

Las llamas del monte Quimera, en Turquía, llevan miles de años sin apagarse - Jyri Leskinen. /Wikicommons
Las llamas del monte Quimera, en Turquía, llevan miles de años sin apagarse - Jyri Leskinen. / Wikicommons

En el pasado se pensaba que eran el aliento de monstruos aterradores; ahora se sabe que el metano abiótico y el hidrógeno altamente inflamable suben a la superficie de la Tierra desde lo más profundo

P. BIOSCA

Se dice que las llamas del monte Quimera, en Turquía, llevan ardiendo miles de años. La leyenda cuenta que estas «llamas eternas» sirvieron de inspiración a Homero para que en la «Ilíada» describiera a la criatura mitológica que da nombre al monte como «ser de naturaleza no humana, sino divina, con cabeza de león, cola de dragón y cuerpo de cabra, que respiraba encendidas y horribles llamas». Aún hoy, a pesar de que se conoce que el metano y el hidrógeno son los responsables de que ardan las piedras de la ladera como si se hubiesen incendiado con el ficticio «fuego valyrio» de «Juego de Tronos», los científicos no saben con exactitud por qué se produce este fenómeno. Pero una nueva teoría por parte de un grupo internacional de investigadores cree haber encontrado la respuesta.

El enigma se encuentra en que la mayoría de los hidrocarburos -como el petróleo o el gas natural- tienen un origen biótico: los cadáveres de plantas, animales y algas enterrados crean estos combustibles fósiles. Pero otros, como el metano que surge del monte Quimera -y que también se da en otros lugares de la Tierra, como en las minas profundas en Canadá, las zonas de escudos precámbricos o en el fondo de los océanos- se crean por procesos geológicos y químicos donde no intervienen restos de vida. Es decir, tienen un origen abiótico. El metano se forma a altas temperaturas en el interior de la Tierra sin presencia de vida, pero lo extraño es que se cree en la superficie, donde el calor no es suficiente para generarlo sin estos restos bióticos.

Algunas teorías afirmaban que la clave estaba en las rocas ultramáficas (rocas ígneas y meta-ígneas con muy bajo índice de sílice) como la periodotita, formadas por la erupción submarina del material de la corteza oceánica y del manto superior. Sin embargo, el equipo internacional agrupado en el consorcio «Deep Energy» del programa « Deep Carbon Observatory» (DCO), ha encontrado otra explicación geológica: este metano se crea principalmente del hidrógeno creado por la hidratación de estas rocas, que se someten a un proceso que han bautizado como «serpentización» o el resultado de que el agua se encuentre con el mineral olivino que contienen.

Una extensa biosfera en un infierno

A esta conclusión han llegado los investigadores tras más de diez años de trabajo, según han explicado en un comunicado. En él explican que este hidrógeno también nutre las fuentes biológicas de metano, es decir, la vida que se crea alrededor de estas llamas. De hecho, y aunque pueda parecer un infierno, el equipo ha documentado un vasto ecosistema microbiano: una biosfera profunda alimentada por hidrógeno. Muchos de los microbios que viven en esta parte son los llamados metanógenos, que se «alimentan» de hidrógeno y expulsan metano.

Por ello, los investigadores ahora se encuentran en un escenario como el del huevo y la gallina: ¿qué fue primero, el metano o los microbios abióticos? Y las preguntas continúan: si el metano abiótico vino primero, como parece obvio, ¿dio lugar a los primeros microbios de la Tierra? En cambio, si los microbios fueron antes del metano, ¿cómo y por qué habitaban en lugares casi desprovistos de sustento?

Las primeras hipótesis

Cuando comenzó el proyecto del Observatorio Deep Carbon en 2009, la comunidad científica «Deep Energy» de DCO, ahora compuesta por más de 230 investigadores de 35 países, estableció el objetivo de clasificar en una década los orígenes del metano en la Tierra e intentar cuantificar las reservas repartidas por el mundo. Pero indican que no esperaban los resultados obtenidos.

Algunos plantearon la hipótesis de que los depósitos inusuales de metano, como el del monte Quimera, debían formarse a través de reacciones químicas que ocurren en las rocas circundantes. Otros sugirieron que los microbios contribuyeron a la producción de metano en algunos de estas reservas, metabolizando el hidrógeno para crear metano en un proceso completamente diferente. Tras estudiar con la última tecnología algunas muestras, los investigadores han determinado que los microbios tienen un papel mucho más importante de lo que se pensaba.

«Parece que los microbios saben cómo usar estos compuestos abióticos como combustible -o alimento- (...) Tenemos pruebas claras y crecientes de metano abiótico en la Tierra. Lo que no está claro es cuánto hay. Estas investigaciones han encontrado una complejidad increíble en la forma en que se produce el metano y estas complejidades conectan la química inorgánica y orgánica en la Tierra de manera fascinante», explica Isabelle Daniel, de la Universidad Claude Bernard (Francia), colaboradora del proyecto.

Cómo enlaza todo esto con la vida en Marte

Los expertos señalan que estos hallazgos ofrecen pistas interesantes sobre los orígenes de la vida en la Tierra, ya que las moléculas orgánicas que se forman en el proceso pueden ser precursoras de los componentes básicos de la vida (como, por ejemplo, los aminoácidos).

Y no solo en nuestro planeta, sino que los microbios metanógenos siempre han estado entre los objetivos de búsqueda de vida extraterrestre. Conocer las condiciones en que se desarrollan puede servir para hacer un «mapa» para buscar en otros mundos.