Las fases de la Luna hacen que haya lechuzas blancas y rojas

Dos jóvenes lechuzas: una blanca y otra roja./Alenxandre Roulin
Dos jóvenes lechuzas: una blanca y otra roja. / Alenxandre Roulin

GONZALO LÓPEZ SÁNCHEZ

Las lechuzas (Tyto alba) son aves relativamente comunes. Vigilan los campos a veces volando en círculos, a baja altura, o bien acechando desde lo alto de postes o ramas. Sus ojos y sus oídos atraviesan la oscuridad de la noche para localizar a sus presas favoritas, los roedores, y descender como una exhalación. Son depredadores mortíferos capaces de cazar decenas de animales en una sola noche para alimentar a sus crías y, en parte, gracias a eso, han conseguido colonizar medio planeta.

Pero no sabemos todo sobre ellas. Por ejemplo, resulta que las lechuzas tienen una coloración que va del blanco al rojo oscuro. Mientras que las rojizas son menos visibles tanto de noche como de día, las blancas reflejan mucha luz y resultan, en teoría, más visibles, así que se desconoce el porqué de su coloración. Sin embargo, una investigación que se acaba de publicar en Nature Ecology & Evolution ha revelado que el color blanco sería una ventaja para las lechuzas en las noches en las que la luna brilla, porque la luz reflejada por su plumaje inmoviliza a sus presas, facilitando que sean capturadas.

«Nuestro estudio, basado en novedosos experimentos, sugiere que las lechuzas podrían estar explotando los sesgos de los sistemas sensoriales de los ratones», explica Luis Sanjosé, investigador en la Universidad de Lausana (Suiza) y primer autor del estudio.

Ya se sabía que los cambios de la actividad lunar influyen en la capacidad de los animales para comunicarse, encontrar comida y evitar a depredadores. Pero, ¿influyen también a las lechuzas? Para averiguarlo, los investigadores recurrieron a cámaras infrarrojas para estudiar las capturas que llevan a los nidos. También se han valido de cinco años de datos GPS para posicionar a estas aves y a 20 años de datos sobre puestas.

Nido de lechuzas en el interior de un granero, en Estados Unidos.
Nido de lechuzas en el interior de un granero, en Estados Unidos. / Wikipedia

Los investigadores sospechaban que la luz de la Luna influye en la eficacia de la caza de las lechuzas, porque los roedores son capaces de detectar el plumaje de estos animales en una escala de grises. Por tanto, predijeron que las fases más brillantes de la Luna disminuirían la cantidad de presas cazadas, y en especial en el caso de las lechuzas blancas, que son mucho más visibles.

Quedarse quieto para sobrevivir

Por medio de las cámaras infrarrojas, observaron que las lechuzas rojas empezaban a cazar menos presas desde la Luna nueva hasta la Luna llena. Sin embargo, lo interesante es que las lechuzas blancas cazaban lo mismo en las noches oscuras y en las noches claras.

Para averiguar por qué, midieron el tiempo de reacción de los topillos (Microtus arvalis) en el laboratorio. Con este fin, usaron lechuzas disecadas (halladas muertas en las carreteras) de color rojo y blanco, y simularon la iluminación de la Luna nueva y la Luna llena.

Así, observaron que el 83% de las veces los topillos se quedaban congelados al ver a su depredador, y que pasaban así 9,5 segundos, por término medio. Se cree que esto no ocurre por miedo, sino más bien porque los topillos tratan de no hacer ruido y de no moverse para delatar su presencia. «La apuesta es «decidir» que no he sido detectado, y no moverme», ha explicado Sanjosé.

Gracias a los animales disecados, observaron que las lechuzas blancas y las rojas llevaban a los roedores a estar el mismo tiempo «congelados» cuando había poca luz, en condiciones similares a la Luna nueva.

Pero también observaron que, durante la Luna llena, los topillos permanecieron quietos 5,15 segundos más cuando se encontraban con una lechuza blanca. Esto, tal como han mostrado otros estudios de laboratorio, aumenta la probabilidad de que las lechuzas capturen el topillo. El fenómeno parece deberse a la aversión a la luz, una respuesta encontrada en otros roedores y por la cual tienden a quedarse «petrificados» cuando son deslumbrados.

Además, observaron que, a causa de la distinta eficacia a la hora de cazar, el peso de la descendencia de las lechuzas rojas aumentaba menos que el de las lechuzas blancas, a lo largo del tiempo.

Las fases de la Luna influyen en el color

Por todo esto, la investigación ha confirmado que las fases de la Luna afecta de forma distinta a las lechuzas en función de su color. «Esta es la primera evidencia de que la variación de luz ocurrida durante el ciclo lunar influye en la selección natural y en la coloración que tienen los animales», ha explicado Luis Sanjosé.

A la vista de estos resultados, los autores han dicho que lo esperable es que todas las lechuzas fueran blancas. Pero, según han ugerido, este color «podría suponer unos costes». Por ejemplo, el color blanco facilita que las cornejas (Corvus corone) detecten a las lechuzas y traten de expulsarlas de sus territorios. Además, las rojas pueden acumular pigmentos oscuros que parecen tener capacidad de proteger las plumas frente a la abrasión, la humedad y las temperaturas frías, según otros estudios. Las plumas blancas serían más vulnerables.

Una lechuza acude al guante de un cetrero.
Una lechuza acude al guante de un cetrero. / Carlos Delgado

A continuación, los científicos investigarán la base genética de la coloración de las lechuzas y refinarán los estudios con GPS para estudiar su comportamiento en relación con la Luna.

El estudio implica que la contaminación lumínica puede interferir quizás en la coloración de estos animales. Además, se da la circunstancia de que la agricultura y el uso de rodenticidas ya han afectado a estos animales tan comunes hasta hacer retroceder sus poblaciones. La luz de los automóviles les desorientan y acaban muriendo con frecuencia en choques con automóviles en las autopistas. Por todo ello, comprender su ecología es un paso importante para poder protegerlos.