Los controvertidos mosquitos transgénicos de Burkina Faso contra la malaria

Los controvertidos mosquitos transgénicos de Burkina Faso contra la malaria

5.000 huevos de mosquitos modificados genéticamente fueron exportados a un laboratorio de la ciudad burkinesa de Bobo-Dioulaso por el Imperial College de Londres

AGENCIAS

El 3 de noviembre de 2016 llegaron en un discreto viaje a Burkina Faso 5.000 huevos de mosquitos modificados genéticamente para un experimento que, desde entonces, no ha dejado de causar polémica en este país de África occidental.

Fueron exportados a un laboratorio de la ciudad burkinesa de Bobo-Dioulaso (sur) por el Imperial College de Londres para ser utilizados por Target Malaria, «una investigación innovadora para desarrollar un nuevo método de lucha contra la malaria en África», según sostienen los responsables de ese proyecto.

Para Ali Tapsoba, portavoz del Colectivo Ciudadano por la Agroecología de Burkina Faso, que representa a una cuarentena de asociaciones opuestas a los organismos modificados genéticamente (OMG), aquellos mosquitos entraron «clandestinamente». «Decimos clandestinamente porque, según el Protocolo de Cartagena, la llegada de un OMG debe ir precedida de un debate nacional, pero la Agencia Nacional de Bioseguridad acordó la autorización sin consulta pública previa», explica Tapsoba. «Cuando hablamos con los responsables de Target Malaria fue cuando obtuvimos la información. A partir de ese momento, entendimos la peligrosidad de la situación y comenzamos a denunciarlo», añade.

Desde hace un par de años, la polémica está servida en Burkina con este proyecto, financiado desde Estados Unidos por la Fundación Bill y Melinda Gates, el Open Philanthropy Project Fund y fondos filantrópicos de la Fundación Comunitaria de Silicon Valley.

Para sus partidarios, Target Malaria es una oportunidad de terminar con esta enfermedad que afecta en un 90 % al continente africano, con 216 millones de casos censados en 2016, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero sus detractores creen que estos insectos «serían una catástrofe para el país», tanto medioambiental como sanitaria.

En una fase inicial, los mosquitos modificados genéticamente son machos a los que se ha esterilizado. De esta manera, cuando copulan con la hembra -que son quienes transmiten la enfermedad- no se procrean nuevos mosquitos y la población de este insecto disminuye.

El plan es soltar de manera «experimental» en los próximos meses un total de 10.000 mosquitos modificados genéticamente en tres pueblos del sur de Burkina Faso, tal como autorizó en agosto de 2018 la Agencia Nacional de Bioseguridad (ANB) del país.

Esos pueblos comparten unos requisitos: son accesibles todo el año, están bastante aislados de otras aldeas y no son muy grandes. «Los mosquitos machos estériles modificados genéticamente que vamos a lanzar no son necesariamente el producto final que usaríamos para tener realmente un impacto sobre la malaria», declara Abdoulaye Diabaté, principal investigador de Target Malaria en Burkina Faso.

En el producto final, se emplearía la tecnología Gene Drive basada «en sistemas de herencia sesgados que aceleran la transmisión de un carácter genético de padres a hijos a través de la reproducción sexual», indica un informe publicado el año pasado en favor del uso de esta tecnología por la Unión Africana (UA).

Tapsoba se pregunta si estos cambios genéticos afectarían a la cadena alimenticia del ecosistema o si, el hecho de destruir los mosquitos sin encontrar un reemplazo, ocasionaría que esta especie fuese sustituida por otra más peligrosa. Incluso se plantea la probabilidad de que esa esterilidad perturbe de algún modo a otras especies animales o a los humanos. «Son cuestionamientos. No tenemos pruebas que demuestren estos defectos, pero tampoco se nos ha demostrado por estudios científicos que esto no sea posible», argumenta Tapsoba.

Por su parte, el investigador Diabaté asegura que «Target Malaria se toma muy en serio las cuestiones de seguridad».«En todo producto, sea el que sea, hay cierto riesgo, incluso en el agua que bebemos. Lo que es muy importante decir es que estamos trabajando en un producto específico y tomamos todas las garantías necesarias para evaluar los riesgos potenciales y, en caso necesario, poder controlarlos», insiste este científico.

Además, la ANB tiene la última palabra. «Si la agencia da su autorización, quiere decir que han medido los riesgos y han estimado que son mínimos y que nuestro proyecto ha adoptado todas las garantías necesarias para poder gestionarlo», matiza.

La capacidad de difusión de los mosquitos machos estériles es muy limitada, porque su vida es corta y no tendrían descendencia. Sin embargo, el producto final con Gene Drive sí puede impactar en todo Burkina Faso y atravesar fronteras, advierte Diabaté. Así, ya no estarían sólo en juego cuestiones medioambientales, sanitarias o éticas, sino que la política de regulación regional e internacional de los OMG también afectaría a este polémico proyecto.

Para Tapsoba, el aspecto político va más allá, ya que percibe esta iniciativa como «una medicina colonial». «En África y Burkina -remarca- tenemos plantas capaces de prevenir y de curar la malaria. Sin olvidar que la mejor manera de luchar contra ella es una buena política de higiene y saneamiento».

«Queremos que la comunidad internacional sepa que hay capacidad endógena en África para curar la malaria, que los investigadores han encontrado plantas que la curan. Sólo necesitamos medios financieros a su disposición para terminar con la enfermedad», apunta.

Por su parte, Diabaté asegura que el tiempo para obtener el producto final puede ser de hasta diez años, periodo que «no está relacionado necesariamente con que la tecnología sea difícil sino con que hay que informar a todas las partes a nivel nacional, regional e internacional» para alcanzar un «necesario consenso».