«No saben qué hacer con nosotros»

Tres asociaciones vascas de personas ciegas y con baja visión se unen para «acabar con la segregación laboral»

De izquierda a derecha, Mertxe Sánchez, Josean Txintxurreta, Aritz Sala y Ander Cornejo./USOZ
De izquierda a derecha, Mertxe Sánchez, Josean Txintxurreta, Aritz Sala y Ander Cornejo. / USOZ
NEREA AZURMENDI

Desde que en 1939 la ONC (Organización Nacional de Ciegos, ONCE desde 1952), fundada un año antes, creó el llamado cupón pro-ciegos, su venta ha sido una de las principales salidas laborales de las personas ciegas o con baja visión. Afortunadamente, el abanico de posibilidades se fue ampliando cuando la propia Organización, sobre todo en los años 60 del pasado siglo, abrió talleres ocupacionales o centros como la Escuela de Telefonía y la Escuela de Fisioterapia, en la actualidad Escuela Universitaria, que sigue en funcionamiento.

En 2018 la ONCE está conmemorando su 80 aniversario con datos que atestiguan su posición de «cuarto mayor empleador estatal». Convertida en Grupo Social ONCE –que engloba a la Fundación ONCE, la ONCE propiamente dicha y las empresas de Ilunión–, la entidad que permitió a las personas con diversidad funcional visual acceder a la formación que el sistema escolar no les proporcionaba y, durante décadas, ha sido su principal y casi único empleador, les sigue facilitando las cosas en muchos órdenes de la vida. Sin la ONCE, las actividades cotidianas de las personas con discapacidad visual –la expresión que utiliza la propia ONCE para referirse a sus asociados- sería mucho más complicada. Nadie lo pone en duda.

No obstante, la organización que Josean Txintxurreta, de Begiris, asociación para promover la inclusión de las personas ciegas o con baja visión llama «nuestro país de los ciegos», ya no es la garantía de empleo que en su día fue. Y fuera de ese 'país no hay demasiadas oportunidades de desarrollo profesional para las personas con discapacidad visual. Prácticamente agotados esos nichos tradicionales de empleo para un colectivo que, en ámbitos como la educación, ha alcanzado en unas décadas una integración casi plena, la asociación guipuzcoana Begiris, la alavesa Itxaropena y la vizcaína Aukera Barriak proponen «que se aplique el modelo que ya rige en la enseñanza»

La ONCE es también, a su juicio, «la organización en la que las instituciones públicas han delegado su responsabilidad en lo que respecta a las personas con diversidad visual, la que les ha quitado de encima miles de problemas». Y es directamente a esas instituciones a las que apelan «como ciudadanos» los miembros de las tres asociaciones vascas. Llevan varios años trabajando en la búsqueda de alternativas laborales para las personas con discapacidad visual, ahora que los nichos tradicionales de empleo para ese colectivo están «prácticamente agotados» o no corresponden a las expectativas de las nuevas generaciones.

«No pedimos que nos coloquen, sino que nos den los medios necesarios para poder trabajar»

Han trasladado sus reflexiones y sus reivindicaciones a un manifiesto, y ya están colaborando con Lanbide, en cuyas listas, pese a no existir un censo específico de inscritos ciegos o con baja visión, han encontrado 536 personas con discapacidad visual, 197 de las cuales constan como empleadas. Están convencidos de que muchos ni tan siquiera se han inscrito, porque han tirado la toalla ante una batalla que dan por perdida.

La acogida por parte de Lanbide ha sido buena, van avanzando «pasito a pasito». Y, desde el primer momento, han constatado lo que ya intuían: «Como la administracion se ha desentendido de nuestras necesidades en el ámbito laboral, porque esa tarea ha estado delegada, ahora no saben muy bien qué hacer con nosotros».

Cuatro integrantes de ese 'nosotros', miembros de las citadas asociaciones, han accedido a compartir sus experiencias. Los testimonios de Josean Txintxurreta, Mertxe Sánchez, Ander Cornejo y Maialen Solaun reflejan momentos vitales diferentes, pero comparten un mismo objetivo: la integración plena, también en el aspecto laboral. Les acompaña Aritz Sala, asociado de Begiris que ha sufrido una pérdida severa de visión a raíz de un accidente y que todavía está adaptándose a sus nuevas circunstancias.

«Hacen falta puentes entre la enseñanza y el mercado laboral»

«Hacen falta puentes entre la enseñanza y el mercado laboral» josean txintxurreta, jubilado

A Josean Txintxurreta, ya jubilado, le tocaron los buenos tiempos del cupón. «No había tanta competencia, uno se ganaba bien la vida, pero en los últimos diez años el número de vendedores se ha reducido mucho, y las condiciones de trabajo se han deteriorado bastante». Además, «como para incrementar las ventas se prima la movilidad, y los ciegos mucha movilidad no es que tengamos, cada vez es menor el porcentaje de vendedores con ceguera o baja visión, y está aumentando el número de vendedores con otro tipo de discapacidades».

Según los datos que figuran en la propuesta realizada por las tres asociaciones para mejorar la empleabilidad y el grado de inserción laboral del colectivo, en los últimos 10 años el número de vendedores se ha reducido en un 40%; la mayoría de los nuevos contratos son temporales; una parte considerable de los ingresos depende de las ventas, y casi la mitad de los contratados acaba perdiendo su empleo. Los datos correspondientes a Euskadi que facilitaba la ONCE en su balance de 2017 indicaban que contaban en la comunidad con 540 'agentes vendedores', sin especificar el porcentaje de personas ciegas o con baja visión.

Txintxurreta tiene claro que «hay que acabar con la segregación laboral, tal como se acabó en los años 80 con la segregación escolar. Entonces se tomó la decisión de poner los medios para que los niños y niñas ciegos o con problemas de visión se integraran en el sistema educativo, proporcionándoles los apoyos necesarios. Ha sido una experiencia muy positiva, y es una de las razones por las que en la actualidad muchas personas ciegas están bien formadas y aspiran a un futuro profesional acorde con su formación y su vocación».

A su juicio, «es el momento de trabajar por la auténtica inserción laboral y, tal como ocurre en otros países, tenemos que pedir a las administraciones que asuman una responsabilidad hasta ahora delegada. Hacen falta puentes entre la enseñanza y el mercado laboral, recursos, orientadores bien formados, adaptaciones...». «La situación actual es grave –concluye–, porque se incorporan al mercado laboral jóvenes bien formados que no encuentran oportunidades suficientes, y los empleos que eran típicamente de ciegos están desapareciendo».

«Si el sector público no da ejemplo, ¿cómo vamos a exigir al sector privado?»

«Si el sector público no da ejemplo, ¿cómo vamos a exigir al sector privado?» mertxe sánchez, telefonista

La trayectoria vital y profesional de la vizcaína Mertxe Sánchez se ajusta a la perfección al relato de Josean Txintxurreta. Pertenece a una generación en la que la única posibilidad de formación la ofrecían los colegios específicos para niños y niñas con diversidad funcional visual. Proseguir con los estudios exigía años de internado, lejos de la familia. Ella realizó el esfuerzo y, hace 25 años, tras aprobar la correspondiente oposición, consiguió trabajo como telefonista en Osakidetza.

Empezó con una centralita física en la que, con las adaptaciones necesarias realizadas por la ONCE, desempeñó el trabajo para el que estaba formada sin especiales problemas. Llegó la digitalización a las centralitas telefónicas de Osakidetza, y la del centro en el que trabaja, el hospital San Eloy de Barakaldo, volvió a ser objeto de las necesarias adaptaciones, de nuevo a cargo de la ONCE. Ahora Mertxe se siente como el último ejemplar de una especie en peligro de extinción. La única instalación de Osakidetza que ha permanecido al margen de la última renovación tecnológica es la suya, porque con la aplicación que se han implantado en casi todo el sistema ya no hay adaptaciones que valgan...

«Ya es bastante grave que una administración pública dependa de una entidad privada para realizar las adaptaciones necesarias, pero lo es aun más que ni tan siquiera se haya tenido en cuenta esa necesidad a la hora de optar por una nueva aplicación», afirma, convencida de que será ella quien cierre un capítulo en la historia de la inserción laboral de personas con diversidad visual en las centralitas de Osakidetza.

Este episodio ilustra, entre otras cosas, la paradoja de las nuevas tecnologías que recoge la propuesta de las tres asociaciones: «Para nosotros, las TIC han supuesto un punto de inflexión en las posibilidades de acceder a la información, pero no han creado nuevos puestos de trabajo», subrayan. En este caso, el efecto ha sido justo el contrario.

«Si este trabajo ya no es una alternativa, y fuera de la ONCE apenas hay nada, por lo menos como ciudadanos tenemos que visibilizar que esto está pasando, que tenemos necesidades, que no podemos quedarnos en un rincón con una pensión no contributiva de 360 euros. Y si el sector público no da ejemplo, ¿cómo vamos a exigir al sector privado?», se pregunta.

«Ni tan siquiera nos dan la oportunidad demostrar nuestra valía profesional»

«Ni tan siquiera nos dan la oportunidad demostrar nuestra valía profesional» Ander Cornejo, Periodista

Ander Cornejo es de Gallarta, tiene 25 años y, aunque nació con visión, la perdió de muy pequeño a causa de una enfermedad. Como tantos otros chicos y chicas con diversidad funcional visual, completó su itinerario preuniversitario en las aulas ordinarias de un centro público, contando con la ayuda del CRI, el servicio de apoyo del Departamento de Educación del Gobierno Vasco que, desde 1980, colabora con los centros educativos, con los alumnos y sus familias para conseguir la plena inclusión en el sistema educativo del alumnado con ceguera y baja visión.

Cuando dio el salto a la universidad, tuvo que agudizar el ingenio, y redoblar el esfuerzo, para apañárselas «de manera más autónoma, con menos apoyos». No obstante, terminó su grado en Periodismo en la UPV/EHU sin añadir ni un solo año a los cuatro de los que consta la carrera. A eso le ha añadido un máster en Comunicación Corporativa. Está, como muchos jóvenes de su generación, sobradamente preparado. Y ha demostrado, también sobradamente, que su capacidad de trabajo y de compromiso está fuera de toda duda.

La relación con el mercado laboral, sin embargo, es complicada. Vender cupones, si se terciara, sería para él «un último recurso para sacarse un dinero, como ser camarero o descargar cajas en Eroski». De momento, está ilusionado: va a incorporarse, con una beca, al departamento de comunicación de la ONCE Euskadi. Sin embargo, en el futuro le gustaría ejercer en un entorno laboral ordinario la profesión para la que se ha preparado, que en su caso es auténticamente vocacional.

«Me consta que la discapacidad visual es de las más difíciles de integrar en el mercado laboral, y más aún en una profesión en la que se está imponiendo el perfil del periodista multitarea que escribe, tuitea, hace fotos y videos... Es evidente que algunas de esas cosas no puedo hacerlas, pero puedo hacer otras muchas, que se multiplican si dispongo de las adaptaciones necesarias», afirma, subrayando, con el acuerdo de sus compañeros, que «hay que invertir en adaptaciones».

Ander no es absoluto un caso aislado: «Hay compañeros de Derecho, de ADE y de otras carreras que se enfrentan al mismo problema. Ni tan siquiera nos dan la oportunidad de demostrar nuestra valía. Te descartan sin conocerte, por puro prejuicio... Y nosotros no pedimos que nos coloquen, sino que nos faciliten los medios para que podamos trabajar».

«Me dijeron que no iba a poder, que me confundía, pero yo no me rindo»

«Me dijeron que no iba a poder, que me confundía, pero yo no me rindo» Maialen Solaun, Estudiante

Maialen Solaun, la benjamina del cuarteto, es de Laudio y en noviembre cumplirá 18 años. No pudo compartir con sus compañeros la cita que tuvo lugar en San Sebastián porque su vida es un no parar... Maialen perdió la visión como consecuencia de un accidente. Sucedió hace cuatro años y medio, y la pérdida fue total. «Soy ciega de bastón», dice con el humor, rápido y un punto ácido, que comparte con sus compañeros. La recuperación fue muy larga, perdió dos cursos y, cuando se incorporó a clase, «tuve que volver a aprender a leer y a escribir, aunque no esperé a hacerlo para seguir avanzando, y en cuanto pude empecé a ponerme al día a base de ejercitar el oído...».

En el centro en el que estudiaba «se tomaron mi caso como un reto. Nunca se habían encontrado en una situación así y, aunque también he tenido malas experiencias, este pasado curso he acabado la ESO, con la ayuda del CRI, que nunca me ha dejado sola». Según datos de las asociaciones, en la CAV hay unos 400 estudiantes preuniversitarios con diversidad funcional visual. 400 personas que, antes o después, se incorporarán al mercado laboral.

La ceguera ha truncado su sueño de niña, ser veterinaria, pero ha alumbrado una nueva vocación: «La atención psicológica que he recibido me ha ayudado tanto que quiero hacer algo orientado a ayudar a las personas». Su objetivo, realizar Grado Superior en Integración Social. Como paso previo, en lugar de acceder al Bachillerato adaptado «al que se empeñaban en orientarme» decidió cursar un Grado Medio en Atención Sociosanitaria. No lo ha tenido fácil hasta que ha encontrado, en Bilbao, el centro dispuesto a adaptar el plan de estudios a sus necesidades. «Yo no tengo intención de trabajar en un hospital o en un geriátrico, en todos los casos he dejado claro que el Grado Medio es tan solo un puente para acceder al Superior». No obstante, «en el primer centro al que acudí me dijeron que no iba a poder, que me estaba confundiendo, que nunca podría ejercer... Salí de allí llorando, pero no me he rendido».

Ha comenzado en curso en un centro en el que, «después de muchas reuniones con el CRI», desdoblarán su primer año en dos para poder lidiar con las clases teóricas y las prácticas. Admite que está asustada –en realidad, utiliza un término más contundente– porque «voy a ser la primera, una especie de conejillo de Indias, en un entorno completamente nuevo para mí». Además de asumir el reto, ya está haciendo cálculos para compatibilizar su nueva vida con la práctica del 'goalball', el deporte que ha llevado a esta jugadora del Itxaropena vitoriano, toda determinación, a ser la integrante más joven de la selección absoluta española.

 

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