La caza del zorro sigue viva

Aunque en Inglaterra y Gales se siguen organizando de tapadillo cacerías a caballo pese a estar prohibidas desde 2005, Irlanda se afianza como el paraíso de los 'casacas rojas'

Un grupo de cazadores, miembros del club Meath Hunt de Kells (Irlanda), y sus perros siguen el rastro de un zorro en una cacería celebrada esta Navidad. / REUTERS
Un grupo de cazadores, miembros del club Meath Hunt de Kells (Irlanda), y sus perros siguen el rastro de un zorro en una cacería celebrada esta Navidad. / REUTERS
IRMA CUESTA

Alguna vez ha soñado con participar en la caza de zorro? Nosotros podemos hacer que experimente esa emoción en Irlanda. Venga a ver cómo los perros ágilmente persiguen a los zorros mientras cabalga sobre un valiente caballo de caza irlandés». El anuncio, colgado en la web de una empresa dedicada a organizar actividades hípicas en la isla, es solo uno de los muchos que proliferan en la tierra de Oscar Wilde desde que en 2005 el Gobierno británico prohibió la caza de zorros a caballo en Inglaterra y Gales. Desde entonces, Irlanda se ha convertido en una suerte de paraíso terrenal para la legión de amantes de un deporte tan antiguo como polémico.

A pesar de que organizaciones como Hunt Saboteurs y West Midlands, dos de las más activas en contra de la caza del zorro, echan el resto tratando de evitar que sus compatriotas aprovechen los resquicios que dejó la ley aprobada bajo el mandato de Tony Blair para sortear la norma, estas cacerías siguen produciéndose.

Los defensores de los animales llevan 14 años sosteniendo que la prohibición se ignora sistemáticamente y aportando datos concluyentes. Este año, la temporada de caza en Reino Unido comenzó en el mes de noviembre. Desde entonces hasta finales de diciembre varias asociaciones han denunciado decenas de persecuciones y muertes de zorros. Sólo durante el Boxing Day, una de las fiestas británicas más antiguas, se celebraron 53 cacerías por todo el país.

Lo cierto es que, más de una década después de la polémica ley, el debate sigue sobre la mesa. Hace solo unas semanas, cuando las organizaciones animalistas alertaron sobre la proliferación de este tipo de cacerías, la parlamentaria laborista Susan Mary denunció el desarrollo de nuevas prácticas para aprovechar las lagunas que deja la legislación, y anunció que su partido, si llega la poder, luchará sin descanso para erradicarlas.

Las pretensiones de los laboristas no han hecho ni pizca de gracia a la potente asociación de cazadores Grove and Rufford Hunt, cuyo presidente, Nick Alexander, ha levantado la voz asegurando que «la caza es una parte muy importante de Inglaterra; de la antigua Inglaterra y de la Inglaterra moderna. Y estamos aquí para quedarnos», reta a los animalistas.

Cuando en 2005 se promulgó la ley que prohibía la caza del zorro a caballo, Grove and Rufford Hunt mantuvo que 250.000 empleos corrían peligro. Aunque la cifra puede haberse exagerado (hasta el extremo, según los detractores de esta práctica cinegética), lo cierto es que muchos de los puestos de trabajo que se perdieron en Inglaterra, Gales y Escocia, en donde se prohibió incluso antes, se ganaron en el país del trébol y la cerveza Guinness. Allí cualquiera que se dé una vuelta por el campo puede toparse con un grupo de jinetes de casacas rojas -o negras-y botas lustradas, muchos procedentes de la isla vecina. Incluso Tony Blair ha confesado que se equivocó al promulgarla. En sus memorias, el exprimer ministro calificó la ley de «error fatal». «Me dejé manipular por un prejuicio urbano contra los hombres del campo. Luego me di cuenta de que esto no era una pandilla de tíos raros que disfrutan de la crueldad, sino una tradición con profundos vínculos comunales y sociales, que eran parte integral de un modo de vida». Pero, para entonces, ya era demasiado tarde.