Los catadores del euro

PIONEROS. Un vecino de Churriana abre uno de los paquetes de euros de prueba que se repartieron entre el 30 de septiembre y el 3 de octubre de 1998. / ÑITO SALAS. ARCHIVO
PIONEROS. Un vecino de Churriana abre uno de los paquetes de euros de prueba que se repartieron entre el 30 de septiembre y el 3 de octubre de 1998. / ÑITO SALAS. ARCHIVO

La barriada malagueña de Churriana fue el primer lugar de Europa que adoptó la moneda única. Un experimento que sus vecinos superaron con nota hace veinte años

NURIA TRIGUERO

Fue 1998 el año en que Pinochet fue detenido en una clínica de Londres por orden del juez Garzón. También el que vio partir al primer astronauta español -hoy ministro- rumbo al espacio exterior. Se firmó el acuerdo de paz en el Ulster, el Papa besó el suelo de La Habana y Bill Clinton fue sometido a un juicio político por un 'affair' con una becaria. Pasaron muchas cosas en el mundo en aquel 1998, pero para la barriada malagueña de Churriana fue, indiscutiblemente, el año del euro.

Cuando faltaban más de tres ejercicios para la puesta en circulación de la moneda única (que se produciría el 1 de enero de 2002), este rincón de la Costa del Sol se adelantó al resto de Europa protagonizando una experiencia oficial de simulación del paso de la peseta al euro que atrajo a la prensa internacional y llenó sus calles de visitantes y a sus vecinos de orgullo. Durante cuatro días, en su casco histórico se pusieron en circulación miles de monedas acuñadas para la ocasión con el fin de que los ciudadanos aprendieran a «vivir en euros», como dijo el entonces ministro de Economía, Rodrigo Rato.

Churriana es una barriada con alma de pueblo. Está a diez kilómetros de la ciudad de Málaga, retirado de la costa, y su centro urbano ofrece el típico aspecto de una localidad andaluza, con calles estrechas y casas encaladas. De hecho, fue municipio independiente hasta 1905, cuando la plaga de la filoxera empobreció a sus habitantes y a su Consistorio, obligando a este a solicitar la adhesión a Málaga capital.

¿Cómo llegó a convertirse en el lugar designado para albergar la experiencia piloto del euro en la UE? Todas las crónicas de la época señalan a Celia Villalobos, entonces alcaldesa de Málaga. Ella lo admite orgullosa: «Rodrigo Rato comentó en una reunión del partido que la Unión Europea quería hacer una simulación de la puesta en circulación del euro. Yo le dije que tenía el lugar perfecto: un barrio que era como un pueblo, pero dentro de una gran ciudad». No se habló más: la Sociedad Estatal para la Transición al Euro y el Ayuntamiento de Málaga se pusieron manos a la obra para que, del 30 de septiembre al 3 de octubre de aquel año, Churriana se convirtiera en una 'minizona euro'.

Doble objetivo

Aquel fue un experimento con un doble objetivo, según explica Villalobos. La UE y el Gobierno español querían testar cómo se adaptaban los ciudadanos a la moneda única en las transacciones del día a día: la conversión, el redondeo, el manejo de los céntimos... Pero más que eso, destaca la exregidora, se trataba «de que la gente hablara del euro, de hacer marketing». Así que no se escatimó en esfuerzos: desde las monedas que protagonizaron la prueba, que se acuñaron con todas las de la ley en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, hasta la difusión de la iniciativa, en la que se implicó el Ministerio de Economía al más alto nivel y las autoridades de la UE, de forma que periodistas de toda Europa acudieron a cubrir el evento.

La experiencia fue «un éxito total», según el entonces gerente de la Sociedad Estatal de Transición al Euro. Los datos lo confirman: más de 150.000 operaciones de cambio de moneda en cuatro días, 600.000 euros puestos en circulación y miles de visitantes atestando las calles de Churriana. Los vecinos lo recuerdan como una fiesta, y de hecho lo fue: hubo una feria del tapeo, actuaciones musicales, una corrida de toros y fuegos artificiales. «Nunca se ha visto el 'pueblo' igual», asegura Cristóbal Salazar, historiador local, que se empleó a fondo durante aquellos cuatro días grabando decenas de entrevistas a vecinos y forasteros.

La clave de la gran repercusión que tuvo la iniciativa fue, según Salazar, la implicación local. «Churriana se volcó», resume. Villalobos coincide con él: «Estoy segura de que si se hubiera hecho en otro sitio no habría salido igual. La gente de Churriana es especial», afirma. Todos los comercios del centro se implicaron; en total, alrededor de un centenar, desde los puestos del mercado hasta restaurantes, cafeterías, farmacias y tiendas de 'todo a cien', que pasaron a ser de 'todo a un euro', con la consiguiente ganancia. El barrio «nunca estuvo más limpio ni más bonito», destaca el historiador. Se encalaron las casas, se plantaron macetones con flores y se peatonalizó todo el casco histórico para la ocasión. Algo así como 'Bienvenido, míster euro'. Hasta se hicieron 'souvenirs': camisetas, llaveros, botijos e incluso tartas con el ya ultraconocido símbolo.

Las tres entidades financieras presentes en el barrio -Unicaja, Caja Rural de Málaga y Banco Popular Español- tuvieron un papel clave. Además de atender los cambios de moneda en sus propias sucursales, habilitaron varios puntos de cambio móviles. Aún así, no se pudieron evitar las largas colas de ciudadanos ansiosos por tener en sus manos los euros de prueba. Nieves Bravo trabajaba entonces de limpiadora en Unicaja y fue testigo de la «locura» de aquellos días. «Había tanta gente venida de tantos sitios... Se agotaron las monedas en la sucursal y llamaron coleccionistas hasta de Nueva York interesados en hacerse con ellas», revive. Para ayudar a los consumidores a familiarizarse con el euro, se repartieron calculadoras con conversor y se organizaron charlas informativas.

Veinte años después, raro es el hogar de esta barriada malagueña que no atesora una de aquellas colecciones de monedas que se adquirían por 1.600 pesetas (9,51 euros) o 3.000 pesetas (17,83 euros). «Yo las tengo enmarcadas y regalé muchísimas», apunta Bravo. Carmela Álvarez, dueña de una farmacia en el centro de Churriana, guarda «un bote lleno hasta los topes», ya que ella y su marido, ya fallecido, compraron varios paquetes pensando en un amigo aficionado a la numismática que poco después sufrió un infarto, por lo que no se los llegaron a dar. «Me produce tristeza verlas, cualquier día las regalo», confiesa.

Un evento que desató la locura de los coleccionistas

La emisión de los euros de Churriana fue todo un acontecimiento en el mundo numismático. Hasta Churriana se desplazaron numerosos coleccionistas para hacerse con monedas. «Algunos llegaron a dormir en la calle para entrar los primeros en la sucursal», recuerda el historiador local Cristóbal Salazar. Como el objetivo de la iniciativa era que los ciudadanos usaran los euros y no que los atesoraran los coleccionistas, se limitó el cambio a 4.600 pesetas por persona. Actualmente, la colección de ocho 'euros en prueba' se vende en el portal Todocolección por precios que van de 15 a 30 euros.

Un antigripal para el ministro

La botica fue uno de los lugares más fotografiados el día del preestreno del euro en Churriana. La comitiva inaugural hizo parada en el establecimiento para comprar un antigripal para el ministro Rato, que andaba resfriado. «Se metieron por lo menos cincuenta periodistas con las cámaras, creía que nos echaban abajo el local», recuerda su propietaria. El mediático paseíllo de las autoridades por el barrio dio bastante más de sí, a juzgar por la galería de fotos que dejó para la posteridad: compraron -con euros, por supuesto- una chirimoya en el mercado, uvas moscatel en una frutería, nardos en la floristería... Para terminar, se tomaron un refresco en un bar donde la entonces alcaldesa dejó la primera propina en euros, que por cierto no fue muy espléndida: seis céntimos.

Los miles de ciudadanos anónimos que acudieron a la llamada del euro en Churriana también se aflojaron los bolsillos: se estimó un movimiento de 200 millones de pesetas en los comercios locales durante aquellos días. No hubo incidencias destacables, más allá de quejas por el redondeo al alza en algunos establecimientos y aturullamientos con el cambio que los comerciantes solucionaban con paciencia y buen humor. Y ojo, fueron los jubilados quienes sacaron mejor nota en el manejo de la nueva moneda, apuntala Salazar: «Recordaban lo que eran los céntimos».

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