Otro cadáver sin nombre en Álava

Otro cadáver sin nombre en Álava

Después de realizarle las pruebas de ADN, aún no se conoce la identidad del varón que fue encontrado muerto en Langarica

JON ANDER GOITIA

Sin documentación ni denuncias por parte de posibles familiares que ayuden a esclarecer su identidad. Cuando en la tarde del domingo el dispositivo de los servicios de emergencia logró localizar en la balsa de Langarica, a treinta kilómetros de Vitoria, el cuerpo sin vida de un varón de mediana edad se consiguió resolver la primera parte de la investigación: el dueño de las prendas que descansaban desde al menos el viernes en la orilla de este estanque se encontraba en el agua. Sin embargo, las pesquisas continúan, porque por el momento esa es toda la información que se conoce de este varón. Este lunes se le realizaron las pruebas de ADN. Pero tampoco sirvieron para ponerle nombre.

En el pueblo, de unos 60 habitantes, se descarta que pueda tratarse de un vecino. «Según nos enteramos de la noticia hablamos entre los residentes por si podría tratarse de algún conocido». Pero no. Alguno se encuentra fuera de vacaciones, aunque también quedaron descartados. Así que lo tienen claro: «No es nadie del Langarica», confirmaron ayer varios residentes, aún escamados por la identidad del cadáver. Ahora se trata de averiguar si pudo haber llegado desde otro pueblo cercano. No se ha encontrado ningún coche desconocido, por lo que se cree que la persona fallecida pudo haberse acercado andando. «Es una ruta muy concurrida entre vecinos de pueblos aledaños», explicaba Santiago, propietario de un terreno próximo a la balsa. «Llegan desde Gaceo y Salvatierra», continuó. Esta última hipótesis es la que va ganando fuerzas, ya que existe una calzada que conecta directamente con esta localidad.

Primeros testigos

«A diario vienen como unas tres o cuatro personas a pie», comentaba este agricultor, uno de los 16 propietarios que riega sus tierras con el agua de este estanque, donde el baño está prohibido. El viernes se encontraba trabajando en su finca. «Estábamos regando. Vi a gente pasear, pero es algo ya tan cotidiano que ni te fijas», confesaba. Y mientras él trabajaba sobre el campo, su mujer y su nuera optaron por dar un paseo por la calzada que rodea la balsa. Apenas acababan de empezar su paseo cuando avistaron una camisa, un pantalón vaquero y unas sandalias. «Vi a un grupo de chavales bañándose. Parecía que venían de sanfermines, pero no le di más importancia porque pensaba que era de ellos», recordaba Blanqui Sáez de Ibarra.

«El domingo estuve en la balsa y no olí nada extraño. A diario viene gente a pasear por aquí, no te fijas» SANTIAGO, AGRICULTOR

Ella fue la primera testigo. Sin embargo la Policía no recibió ningún aviso hasta pasadas varias horas. Nada levantó sospechas entre los vecinos, ya acostumbrados a ver a grupos de chavales darse un chapuzón en la balsa a pesar de la normativa que lo impide. Los que se refrescan con frecuencia en la balsa suelen hacerlo en la zona con fondo hormigonado. A diferencia del lugar donde se encontraron la ropa y el cadáver, donde el suelo era fangoso. Ahí pudo quedarse atrapado y ahogarse, elucubran.

El operativo de búsqueda se activó el domingo a la hora de comer, después de que la Ertzaintza recibiese el aviso por parte de los vecinos que se sorprendieron al ver de nuevo la ropa en el mismo punto. No se había movido. «Estaba a punto de activar el riego cuando los policías me lo prohibieron, porque iban a entrar los buzos al agua. No olí nada extraño en el sitio», recuerda Santiago. Las labores se centraron en un primer momento en buscar en el fondo de la balsa. Sin embargo, un bombero logró atisbar el cuerpo en el otro extremo del estanque con unos prismáticos, a unos 200 metros. Minutos más tarde confirmaron el fallecimiento de un varón a quien todavía no se puede llamar por su nombre.