Los secretos del comandante

Jon Goikoetxea lleva varios años publicando tuits, pero dice que lo hace como «un mero entretenimiento» /DV
Jon Goikoetxea lleva varios años publicando tuits, pero dice que lo hace como «un mero entretenimiento» / DV

Un piloto vasco acumula miles de seguidores en Twitter al revelar los misterios que se esconden dentro de la cabina

XABIER GARMENDIA

El comandante les informa: «Vamos a volar a China a bordo de un Airbus A330 y están invitados a vivirlo desde la cabina de vuelo. ¡Bienvenidos a bordo!». Para aceptar su atractiva oferta, no hace falta facturar las maletas ni esperar al embarque. Ni siquiera hay que echar mano a la cartera porque no les pedirán la documentación ni un solo euro. A lo largo del trayecto, el piloto les enseñará gustosamente todo el proceso: la reunión de la tripulación antes de despegar, las complicaciones meteorológicas a las que se enfrentan, el reparto de tareas dentro de la cabina, la lista de comprobaciones y hasta la comida que les sirven. No se asusten porque la visita guiada no va a incrementar el riesgo de que se produzca un accidente. El único ave que van a ver es el pájaro azul de Twitter y no impactará contra la nave.

A los mandos de este recorrido virtual está Jon Goikoetxea, un ondarrutarra de 27 años que muestra en su cuenta casi todos los pormenores de un trayecto en avión, lo cual es todo un enigma para el común de los mortales. Desde el botón rojo que activa la potencia máxima de la nave hasta el notable consumo de combustible, sus tuits dan pinceladas acerca de la intrincada tarea de pilotar un avión comercial con centenares de pasajeros a bordo. «La gente no ve lo que hacemos en nuestro trabajo y en las redes sociales descubrí la forma de acercárselo», explica. Inspirado por compañeros de profesión de otros países, comenzó a publicar imágenes acompañadas de pedagógicas explicaciones. Uno de los últimos vuelos que ha retransmitido hasta el momento -de Los Ángeles a Madrid- le ha valido para ser reconocido como el mejor hilo de no ficción por parte de Twitter España.

Jon lleva varios años haciendo esto, pero puntualiza que nunca ha buscado «ni reconocimiento ni fama», por lo que no suele aparecer en las fotos que cuelga. «Intento conservar una especie de semianonimato porque aquí lo importante no soy yo, sino que la gente pueda descubrir lo que hay detrás de la puerta de la cabina», subraya. De todos modos, el éxito que ha conseguido -suma más de 12.200 seguidores- es bastante reciente. «Al principio éramos los cuatro gatos de siempre: los fanáticos de la aviación y algún que otro curioso de vez en cuando. Pero a raíz del premio, se ha añadido muchísima gente. No me lo esperaba», cuenta. El galardón le pilló en pleno vuelo, así que no se enteró hasta haber aterrizado: «De repente se me llenó el teléfono de notificaciones. No daba crédito».

Su cuenta, con más de 2.000 tuits publicados a día de hoy, no se actualiza a diario, pero está repleta de curiosidades. Pocos sabrán, por ejemplo, que en el espacio aéreo de Mongolia se utilizan los metros como unidad de medida en detrimento de los pies y que paradójicamente algunos aviones grandes tienen un límite de peso mayor para el despegue que para el aterrizaje. «Son cosas cotidianas para los que trabajamos en esto, pero que no se suelen contar. No es que haya una especie de secretismo ni nada parecido, simplemente no se habla de ello», indica.

Contra el miedo a volar

Su objetivo no es únicamente que el público general comprenda su profesión, sino también que los más temerosos pierdan el miedo a volar al ser conscientes de lo que tienen ante sí. «Las aerolíneas cada vez están trabajando más en este aspecto y enseñan lo que hacemos a través de vídeos e imágenes, pero todo puede dar más de sí», reflexiona.

En cualquier caso, todo esto no es más que «un mero entretenimiento» para él, por lo que no pretende ir más allá de lo que ya hace. De hecho, cuenta que no lleva una planificación exacta de lo que va a publicar, sino que simplemente inmortaliza lo que le parece interesante para el público general y cuando tiene tiempo, organiza el material y lo sube.

Eso sí, nunca abandona su responsabilidad a los mandos del avión para hacer las fotografías. «Obviamente no lo hago en momentos críticos del viaje, sino cuando estamos en crucero. Hay otras veces que engancho una cámara en un soporte fijo y me desentiendo del tema hasta que aterrizo», revela. Jon quiere evitar así acabar como un colega de profesión de Easyjet, que fue despedido tras publicar unas imágenes en Snapchat en pleno vuelo jugando con su copiloto: «No llegaré a esos extremos».

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