M. Laure Rodríguez Quiroga: «Regular sobre el cuerpo de una mujer musulmana nunca es garantía de liberación»

Rodríguez, en una plaza de Irun, donde vive ahora./
Rodríguez, en una plaza de Irun, donde vive ahora.

Tras reconocerse musulmana con 28 años, la escritora reivindica la centralidad de la mujer en el Islam y combate los «falsos mitos» sobre ellas

AMAIA CHICOSAN SEBASTIÁN.

Mujer. Nacida en París hace 42 años. De orígenes gallegos pero raíces vascas. Musulmana por convicción y decisión propia desde los 28 años. Feminista. Activista de un Islam «integrador, respetuoso, plural» y en el que la mujer, «la matriz», es el centro. M. Laure Rodríguez reivindica la libertad de las mujeres que practican «una forma de vida», no solo una religión, que «no es machista per sé» sino que, con la ayuda secular de Occidente -reprocha-, ha permitido que «el discurso dominante» sea el «patriarcal y capitalista». Esta trabajadora social, residente en Irun, lleva años rebelándose contra la imagen de una mujer musulmana sumisa, y combate especialmente la «obsesión» que existe por su vestimenta. «Regular sobre el cuerpo de la mujer nunca será garantía de liberación», remarca mirando a países como Irán o Turquía, pero también a Francia y a la Unión Europea. En su último libro, se propone ayudar a derribar los 'Falsos mitos de la mujer en el Islam', desde la experiencia propia y desde la investigación del Corán y de la historia que realiza desde hace años.

-¿Por qué se convirtió al Islam?

-Mi acercamiento fue a raíz de mi labor como trabajadora social en París y Marruecos con menores de acogida que padecían poliadicciones. Noté que cuando llegaba el Ramadán era mucho más fácil lograr cambios en ellos, y es que les faltaba trabajar la parte espiritual, que es la que más me interesa mí. La parte teórica, no la religiosa.

-¿Así que no cree en Alá?

-Creo en Alá, pero para mí no es un dios según la concepción cristiana, es otra cosa. Es difícil de explicar. Para mí el Islam no es una religión. No hay portavoces, cada uno se representa a sí mismo.

-¿Qué es entonces?

-Una forma de vida. Como el veganismo, que no solo es una manera de alimentarte sino una forma de estar en el mundo.

-¿Y cuáles son las características de esa forma de vida islámica?

-Serían muchas. Pero sobre todo las relaciones humanas. La centralidad está en la mujer y sus derechos y a partir de ahí se empieza a definir el resto de la sociedad. Lo entiendo como algo antipatriarcal, no machista. Y tampoco hay ese antropocentrismo de que el ser humano está por encima del resto de la creación. Somos una parte del todo, es una visión cosmológica. La diversidad, el respeto mutuo, la conciencia ecológica, el reparto de la riqueza, que nadie es más que nadie...

-¿Todo eso es el Islam?

-Todo eso es el Islam.

-¿Y por qué no se percibe así?

-Ahí está el problema. Es verdad que hay un discurso hegemónico, dominante, que no quiere decir que sea mayoritario, que se ha apropiado de todo. Y desde fuera de los musulmanes se alimenta y se da credibilidad a lecturas machistas, patriarcales, capitalistas... que no tienen nada que ver con el Islam.

-Dice que la mujer está en el centro, pero en la práctica no se visualiza ni se ejerce en muchos países.

-El centro del Corán es matriz. No solo de las mujeres, sino de las hembras, de los animales. Hay una aleya del Corán, la 4.1, que dice 'Honrad a Alá y honrad las matrices'. Es la base crucial. Ahí te das cuenta de cómo se ha prostituido esa parte.

-¿Y cómo se ha podido pervertir tanto esa interpretación?

-La revolución industrial y el proceso de colonización jugó un papel fundamental. El eurocentrismo y sus sistemas económicos fueron aceptados en las colonias porque hacían prevalecer los privilegios de los hombres.

-¿Así que Occidente es culpable?

-En la época de colonización, sí. Y el secuestro del conocimiento. La mayor parte de traducciones hechas sobre el Corán las han hecho hombres, blancos y no musulmanes. Pero también hay que hacer una lectura autocrítica. Hay personas dentro del Islam que lo utilizan como paraguas protector para cometer atrocidades, justificar el machismo y la discriminación de las mujeres. Y precisamente lo que estamos haciendo desde dentro es luchar contra eso.

-¿El Islam no es machista?

-No, en absoluto. Son los hombres, musulmanes y no musulmanes, los que lo han hecho.

-¿Cuáles son los mitos que quiere desterrar sobre la mujer en el Islam?

-Hay muchos. Por un lado, el tema de nuestro cuerpo. La regulación y control de nuestros cuerpos. Desde hace tres siglos la centralidad sobre la mujer musulmana está basada en cómo nos vestimos. Hombres, de dentro y fuera del ámbito musulmán, debaten sobre nuestros cuerpos sin tomar en cuenta nuestras decisiones. Que cada mujer elija cómo vestirse o no. Hay mujeres que lo hacen por cumplir con un deber religioso, pero existen usos políticos, reivindicativos, por comodidad. Siempre pongo el ejemplo de Gisele Mari Rocha, una guitarrista de heavy metal brasileña que va completamente cubierta con un niqab.

-Pero eso es una excepción.

-No lo es. Lo excepcional realmente es hacernos creer que la forma de vestir de las musulmanas es así. En el Estado español, mujeres que vayan totalmente cubiertas son 30 de un 2% de población de mujeres musulmanas.

-¿Y se cubren porque lo deciden libremente?

-¿Realmente las mujeres somos libres de hacer lo que hacemos? ¿Soy libre de ir maquillada? ¿De ir de rosa, el color de moda? Siempre hay condicionantes. En el Estado español tenemos garantías jurídicas para elegir con libertad. Pero existe presión social para que no vistas de una forma determinada. Si la sociedad te lee como musulmana, eres objetivo de discursos islamófobos.

-¿Pero ir cubierta de los pies a la cabeza con un niqab o un burka es una decisión libre? ¿Una mujer se puede sentir libre así?

-Ahí está la intención y la lectura que cada mujer haga. ¿Yo lo considero islámico? No. Por eso no visto así. Pero respeto que cada mujer tome las decisiones sobre su cuerpo, y muchas veces detrás hay una contestación al sistema patriarcal capitalista, y al uso sexuado de nuestros cuerpos. En Francia, se extendió el hiyab y el niqab cuando se prohibió su uso en determinados lugares.

-¿También en países árabes como Irán, Afganistán o Arabia Saudí las mujeres pueden elegir si cubrirse o no?

-Eso es otra realidad. Pero el otro día hablaba con una amiga saudí y le preguntaba por esta preocupación... Y me decía 'tú diles a tus amigas europeas que no se preocupen, que ellas con sus privilegios pueden seguir haciendo lo que les dé la gana al país al que vayan'.

-¿Que no nos metamos en su vida?

-Efectivamente, que dejemos de utilizarlas como chivos expiatorios para validar la islamofobia. Países con una imposición de vestimenta solamente hay dos, Irán y Turquía, en el que se prohíbe a las funcionarias ir cubiertas. En el resto, no hay legislación.

-La UE acaba de respaldar que las empresas europeas puedan prohibir el uso de hiyab a sus trabajadoras. ¿Qué le parece?

-La vulneración de un derecho humano fundamental. Regular sobre el cuerpo de una mujer no es garantía nunca de liberación. Nunca. En el mundo, de los cinco códigos de vestimenta más estrictos, uno está en Francia, a la par de Arabia Saudí.

-Usted se siente absolutamente libre, ¿pero qué porcentaje de musulmanas pueden decir lo mismo?

-Somos 800 millones de mujeres musulmanas en 200 países. No hay estadísticas que hablen sobre nuestro grado de libertad. Pero hay una mirada obsesiva de centrarnos en lo que ocurre en el mundo árabe, cuando es una minoría. La mayor concentración de mujeres musulmanas está en Asia, no en el mundo árabe. Y muchas vivimos en espacios occidentales y pasamos desapercibidas porque no llevamos prendas identificativas. Yo no llevo nada, y cuando lo llevo, no es de una forma normativa.

-¿Y por qué lo lleva?

-Porque me apetece. Porque es mi libertad para decidir cuándo quiero y cuándo no, y si alguna vez decido ponérmelo de manera definitiva, creo que nadie es quién para regular sobre mi cuerpo.

-Usted se define como feminista musulmana, ¿cuántas más hay como usted?

-Muchísimas.

-¿Qué fuerza tienen?

-La que se nos quiere dar. Ha habido una invisibilización del feminismo islámico muy potente por parte del feminismo del poder, de quienes expedían sellos de garantía feminista 'tú puedes serlo, tú no'.

-Habla de otros grupos feministas...

-Sí, pero ya no nos callan. A mí una feminista atea no me va a decir cómo me tengo que liberar.

-¿Y dentro de la comunidad musulmana?

-La fuerza de las nuevas generaciones, con carreras universitarias, varios idiomas, juega un papel importante. Se sienten más valientes para reivindicar que tienen/tenemos voz. Que no están solas por criticar lecturas machistas, la autoridad de los hombres o reivindicar su papel espiritual dentro de las mezquitas. El siglo XXI es el de las mujeres. Está habiendo muchos cambios para recuperar los derechos legítimos que se nos han robado. En diferentes contextos, cada uno en la realidad en la que vive. En las distintas legislaciones se empieza a ver. Se echa mano de Arabia Saudí, ahora bajo polémica por ser elegida por la ONU para hablar en nombre de las mujeres. No es que yo defienda a Arabia Saudí, pero hay que reconocer cambios que se están haciendo. Desde 2012 se han empezado a impulsar políticas internas de reconocimiento de derechos fundamentales de las mujeres, por presión de ellas. Aunque queda muchísimo por hacer.

-¿Demasiado para pensar en mujeres libres?

-Falta reconocer el estatus jurídico de la mujer. Ahora pasan de la autoridad del padre a la del marido. ¿Pero es representativo del conjunto de las musulmanas? En absoluto. En otros países, como Chad, se están haciendo cambios legales para desprenderse de legislaciones coloniales homófobas, por ejemplo.

-¿Cómo convencería de esos avances a quienes se dejan llevar por la ola de islamofobia que crece en Europa?

-Quien se alimenta de fuentes patriarcales obtiene discursos patriarcales. Yo invito a que lean a mujeres musulmanas, no a quien nos utiliza como excusa para validar su rechazo al hecho religioso.

-¿Le da miedo esa corriente?

-Da miedo, pero no me van a callar. No me he reconocido musulmana, desde luego, para callarme.

-¿Y más allá de lo personal?

-A cualquier persona que cree en las libertades y en la democracia nos debería dar miedo el auge de grupos de extrema derecha que no solo atacan al Islam, sino a cualquier libertad. Quien tiene un discurso islamófobo, tiene un discurso homófobo, lésfobo, racista, machista... No es un discurso aislado.

-¿Qué siente ante cada atentado relacionado con el radicalismo islámico?

-Es como en el caso vasco. Cada vez que había un atentado de ETA, los que vivíamos fuera nos sentíamos señalados. Y ahora vuelvo a sentir esa experiencia. Yo creo en la paz. El Islam no tiene nada que ver con eso. Y me molesta que desde fuera se apropien de términos nuestros. Yihad, según el concepto coránico, significa esfuerzo. No es la guerra santa de los musulmanes, como dice la RAE. Me parece un insulto que recoja una única acepción, la que definen encima las personas no musulmanas.