«¿Qué más quieren que hagamos?»

Mujeres musulmanas, durante una manifestación en Madrid en contra del terrorismo./
Mujeres musulmanas, durante una manifestación en Madrid en contra del terrorismo.
JAVIER GUILLENEA

Si dijera que soy agnóstico me dejarías en paz?», dice Javier (Abdul Haqq) Salaberria con un deje de irritación en su voz. La pregunta es directa y la respuesta no puede ser otra que sí, que si hubiera dicho que es agnóstico ni siquiera habría recibido esa y otras llamadas a las que ha tenido que enfrentarse cada vez que a alguien se le ocurre escribir un reportaje sobre el islam y el terrorismo. Pero Salaberria, delegado en el País Vasco de European Muslim Union Foundation, es musulmán y en estos tiempos que corren sabe que debe responder. Lleva años contestando a la misma pregunta con las mismas escasas esperanzas. «Estoy en una encrucijada. Diga lo que diga y haga lo que haga, soy culpable», se queja.

La cuestión es si la comunidad musulmana española hace lo suficiente para deslegitimar el terrorismo del Estado Islámico, que el pasado día 20 protagonizó su último capítulo en París, donde un islamista radicalizado mató a un policía e hirió a otros dos. ¿Basta con un escrito de rechazo o hace falta algo más? Porque escritos hay muchos. La última condena oficial de la Comisión Islámica de España data del día 9, tras el doble atentado en el que murieron 43 personas en dos iglesias coptas. El órgano interlocutor de las comunidades religiosas musulmanas ante la Administración rechaza «enérgicamente este y todo ataque asesino» y muestra su solidaridad «con el muy apreciado pueblo hermano de Egipto, con quienes nos sentimos consternados, hermanados todos sean cuales sean nuestras convicciones. (...) Egipto es un país de demostrada convivencia y solidaridad entre musulmanes y cristianos».

«Podría publicar un libro con los comunicados que hemos difundido», afirma Riay Tatary, presidente de la Comisión, que insiste en que el rechazo de la comunidad islámica al yihadismo está fuera de toda duda. Sin embargo, esta postura no termina de llegar con nitidez a una sociedad que solo respira con operaciones policiales como la que ayer culminó con la detención en Barcelona de nueve sospechosos, tres de ellos acusados de estar directamente vinculados con los atentados de Bruselas de marzo de 2016, que causaron 32 muertos y 340 heridos.

Las condenas no parecen suficientes para romper con la imagen de un islam en alguna medida cómplice de un terror que, pese a haber matado a muchos más musulmanes que a miembros de otras religiones, se percibe en Europa como un ataque a las esencias de Occidente. «Cualquier musulmán en el mundo rechaza la violencia, el odio y la discriminación», recalca Hanif Escudero, secretario de la Junta Islámica, quien reconoce, no obstante, que es un mensaje que deben «repetir mucho». «Quizá tengamos que dar un paso adelante», apunta.

Es lo que sostiene Juan Luis de León Azcárate, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Deusto, que rechaza el argumento ampliamente recordado por la comunidad musulmana de que el terrorismo no tiene nada que ver con el islam. «No digo que no estén haciendo un esfuerzo, pero creo que, dado que los yihadistas dicen que actúan en nombre del islam, los musulmanes moderados tienen el deber moral de salir a la palestra para repudiar el terrorismo y deslegitimarlo».

Javier Salaberria no está de acuerdo con este punto de vista. Primero, porque «no hay musulmanes buenos y malos, sino musulmanes que cumplen sus obligaciones y no musulmanes». Y, entre estas obligaciones, el terrorismo no tiene cabida. Segundo, porque «no se puede decir que el islam tiene que hacer algo más ya que no ha creado el terrorismo». «Asegurar eso -añade- es como decir que al IRA lo creó el cristianismo o a ETA la Iglesia católica».

«No sé qué más se nos puede pedir a los musulmanes», se lamenta Riay Tatary. «Hemos salido en todas las manifestaciones convocadas por las administraciones y diferentes organizaciones, hemos hecho concentraciones propias, hemos plantado árboles en memoria de las víctimas y organizamos conferencias contra la violencia, pero esto no lo ve el resto de la sociedad. ¿Qué más quieren que hagamos?». Es una pregunta a la que responde Juan Luis de León Azcarate. «Su esfuerzo tiene que ser más visible, es algo que tenemos que ver más claramente», insiste.

Deslegitimación

El profesor de Teología se explica: «Si es un terrorismo que reivindica a Alá, es obvio que los musulmanes tienen que manifestarse públicamente contra ese terrorismo y ayudar a que el resto de la sociedad vea que ese tipo de violencia no tiene cabida en el Corán. Ellos deben ser los protagonistas de una denuncia y una deslegitimación desde el propio Corán».

Hanif Escudero admite que «algo más sí se puede hacer», aunque también enfatiza lo que ya se ha hecho. «En 2005 la Comisión Islámica de España publicó una fatwa que decía que Al Qaeda, Bin Laden y todos los terroristas estaban fuera del islam. Esta condena se utiliza desde entonces como fuente de jurisprudencia y se ha convertido en un referente en otros países». Pero este paso no fue suficiente. «Los musulmanes de a pie están cansados de estar continuamente justificándose en la calle, en el trabajo o en los colegios por actos terroristas cometidos por no musulmanes», sentencia.

El responsable de la Junta Islámica, de la que depende la publicación digital 'Webislam', reconoce que, «para la sociedad, ciertos gestos pueden ser escasos». Por eso mantiene que «debemos hacer más», aunque el problema es cómo. «Se podría hacer una gran manifestación de musulmanes, pero es complicado y somos conscientes de ello. Al contrario de lo que ocurre en España, en otros países la comunidad islámica es más amplia y está mejor organizada, por lo que su rechazo tiene más impacto». Además, agrega Escudero, «hay miedo, porque los movimientos de extrema derecha están atentos a lo que hacemos y no sabemos si nos van a boicotear».

De lo que supone afrontar este miedo saben mucho el sociólogo Imanol Zubero y el filósofo Fernando Savater. El primero fue cofundador de Gesto por la Paz; el segundo lo fue del Foro Ermua. La creación de ambos movimientos supuso un paso más en la retórica de los comunicados de condena y sirvió para hacer visible que no todos los vascos apoyaban el terrorismo. «Cuando salíamos fuera teníamos que dar explicaciones y decir que rechazábamos a ETA», recuerda Zubero. «No es justo -añade- que los musulmanes tengan que pedir perdón por lo que hacen otros, pero si esto sigue no van a tener más remedio que asumirlo». A su juicio, los musulmanes no tienen una responsabilidad mayor por el hecho de serlo, ni tampoco tienen por qué liderar las protestas contra el terrorismo del Estado Islámico u otros grupos yihadistas. «Esa tarea corresponde a la sociedad en su conjunto, no solo a ellos», recalca.

Para Fernando Savater, en cambio, «es prudente que sean los musulmanes los primeros que condenen un atentado y que dejen bien claro que no tienen nada que ver». El filósofo revive con desagrado las viejas pancartas que se esgrimían en Euskadi en contra de la violencia con el lema «no son vascos, son asesinos», que es el mismo argumento de quienes dicen que los terroristas de ahora no son musulmanes. «Los de ETA eran asesinos, terroristas y también vascos; no se puede definir al vasco o al musulmán como alguien incapaz de cometer el mal».

Savater reconoce que «no se les puede pedir a los musulmanes que salgan a la calle cada vez que alguien pone una bomba», pero sostiene que sí se les puede reclamar más. «Un paso adelante sería que admitan que los terroristas son de los suyos, que no se quiten el problema de encima diciendo que son otros. Lo siento mucho, sé que es fastidioso, pero es inevitable que pase, como ocurrió en Euskadi».