Fumar en espacios públicos se sanciona con multas de entre 30 y 600 euros

Un aficionado realista fuma un cigarro durante el partido en Anoeta. /
Un aficionado realista fuma un cigarro durante el partido en Anoeta.

La Ley de Adicciones prohíbe el consumo de tabaco en instalaciones deportivas de todo tipo

GAIZKA LASA SAN SEBASTIÁN.

Resumir implica riesgo de simplificar, pero explicar de manera exhaustiva en qué consiste la Ley de Atención Integral de Adicciones y Drogodependencias equivale a perderse en la densidad de 97 artículos desarrollados a través de numerosos puntos de frondosas explicaciones. La norma ya nació con dos titulares. No se puede fumar en instalaciones deportivas, aunque queden al aire libre. Y el cigarrillo electrónico queda equiparado al tabaco, quedando, por tanto, prohibido su consumo en espacios públicos.

Pero la ley contiene otras muchas medidas para la «promoción activa de una cultura de la salud que fomente hábitos de vida saludables y que incluya la modificación de actitudes y comportamientos de la sociedad hacia las adicciones», según recogen sus principios rectores. Por su consumo, el alcohol y el tabaco acaparan buena parte de protagonismo, pero el documento publicado en el Boletín Oficial del País Vasco también regula el vapeo o las adicciones comportamentales -tecnologías digitales y videojuegos-, además de establecer un régimen sancionador.

¿A quién se prohibe el alcohol?

Por primera vez, esta ley prohibe el consumo de bebidas alcohólicas por personas menores de 18 años. Tampoco podrán consumirlas aquellos que se encuentran prestando servicios. Y la lista es amplia. Desde personas que conducen vehículos de servicio público, pasando por personal de centros sanitarios y miembros de cuerpos armados, hasta profesionales que trabajen con menores de edad. En general, «todas aquellas cuya actividad, de realizarse bajo influencia de bebidas alcohólicas, pudiera poner en riesgo su vida o integridad física o las de terceras personas».

La regulación del consumo de alcohol en la calle, ya sea como botellón o poteo, corresponderá, como hasta ahora, a los ayuntamientos. La disposición final primera también otorga a los consistorios la potestad de acordar, de manera singularizada, el cierre en horario nocturno de establecimientos que vendan bebidas alcohólicas, por razones de orden público.

¿Dónde no se puede fumar?

Es uno de los capítulos más rigurosos y con delimitaciones más concretas. En el propio título de limitaciones al consumo de tabaco, la ley apostilla: «en cuanto que afecta a terceras personas». De ahí la rigidez. El artículo 40 despliega una lista de veinticinco lugares donde se prohibe fumar. Por su masiva afluencia, la categoría más rimbombante se refiere a las «instalaciones deportivas, incluidas las zonas anejas cerradas, semicerradas y al aire libre».

Los fumadores lo van a tener difícil. Su vicio queda prohibido en centros de trabajo, dependencias de las administraciones públicas, centros sanitarios, colegios, parques infantiles, centros comerciales, hoteles, bares, restaurantes, centros de ocio, salas de fiesta, ascensores, cajeros automáticos, estaciones de autobús, aeropuertos... la ristra restrictiva es larga.

¿Qué ocurre con las sociedades gastronómicas?

Podrían suponer un oasis para los consumidores de humo si aciertan a forjar amplios consensos internos. La ley no se ha mojado. Dice que «en el caso de espacios cerrados y semicerrados de titularidad privada de uso público», el consumo de tabaco podrá permitirse expresamente mediante acuerdo mayoritario de las personas socias. Eso sí, la entidad deberá carecer de ánimo de lucro y no incluir entre su objeto social o actividades «la comercialización o compraventa de cualesquiera bienes o productos consumibles».

¿Qué pasa con el cigarrillo electrónico?

La Ley de Adicciones convierte a Euskadi en la primera comunidad autónoma que equipara el cigarrillo electrónico al tabaco y, en consecuencia, lo prohibe en todos aquellos espacios en los que no se puede fumar. Por esta misma regla de tres, se prohibe vender o suministrar «dispositivos susceptibles de liberación de nicotina» a las personas menores de 18 años.

El texto señala que en los lugares en los que se comercialicen tales productos se instalarán, en lugar visible, carteles indicativos al respecto, debiendo informar, además, de la prohibición de venta a personas menores de 18 años y advertir de que tienen nicotina y que «pueden perjudicar la salud».

¿Cómo controlar las nuevas tecnologías?

La nueva norma no es ajena al contexto de la era de la información y al desarrollo de las nuevas tecnologías. De hecho, establece «limitaciones sobre la oferta de medios susceptibles de generar y promover el uso excesivo de las tecnologías digitales y sus nuevas aplicaciones». Aviso a navegantes de los dichosos smartphones, objeto de una nueva clase de dependencia.

La ley contempla promover el diseño de programas que permitan controlar y limitar el tiempo de conexión a internet, a las redes sociales y a los videojuegos. También propone diseñar «un sistema de autoexclusión de acceso a videojuegos en línea, similar al existente en el ámbito de los juegos de azar».

¿Y si no se cumple la ley?

Las infracciones más leves serán sancionadas con multas que oscilan entre los 30 y los 600 euros. En cuanto a lo que más puede afectar al ciudadano de a pie, fumar en lugares prohibidos conllevará una multa de 30 euros, si la infracción se realiza de forma aislada. Pero puede variar hasta los 600 euros en función de criterios agravantes como el perjuicio a menores o la reincidencia.

Grave se considerará «habilitar zonas para fumar en establecimientos y lugares donde no esté permitida su habilitación». Acarreará sanciones con multas desde 601 hasta 10.000 euros y suspensión temporal de la actividad o cierre -total o parcial- del establecimiento por un periodo de hasta cinco años». Las infracciones muy graves -implica perjuicio a la salud- pueden derivar en multas de hasta 600.000 euros.