La depresión y la ansiedad crecen un 33% entre la población vasca durante la crisis

Una investigación de la UPV demuestra que la recesión ha pasado factura a la salud mental

ARANTXA ALDAZSAN SEBASTIÁN.

La crisis no solo causa estragos en la economía, también afecta peligrosamente a la salud. Un estudio de la UPV/EHU demuestra el claro impacto de la recesión económica en el empeoramiento de la salud mental entre la población vasca. El análisis, realizado por el grupo de investigación OPIK del Departamento de Sociología II, concluye que entre los años 2007 y 2013 el riesgo de padecer ansiedad y depresión aumentó un 33% de media entre la población de 16 a 65 años, especialmente entre los hombres, con un 44% de crecimiento. Los problemas no afectan a todos por igual. «Las desigualdades en la salud se acentúan con la crisis», asegura Amaia Bacigalupe, investigadora principal. Entre los hombres, el deterioro de la salud mental se limitó a la población desempleada, pone como ejemplo.

Parece lógico pensar que la mayor presión en el trabajo, la angustia de quedarse en paro o la inestabilidad laboral pueden pasar factura a la salud cuando se sufren en primera persona. Las primeras evidencias objetivas se han podido observar en el incremento del número de consultas atendidas en alguno de los múltiples recursos que Osakidetza dedica a la salud mental, que han pasado de los 75.826 pacientes de 2007 a las 89.000 de 2014, un 18% más. Ocho años después de lo que se considera el inicio de la crisis, empieza también a aflorar la bibliografía que confirma la relación causa-efecto.

El estudio capitaneado por Bacigalupe y que también firman Unai Martín, del Departamento de Sociología II de la UPV/EHU, y Santiago Esnaola, técnico del Departamento de Salud del Gobierno Vasco, ha indagado en el papel del desempleo como factor desestabilizante. A partir de las encuestas de salud del País Vasco desde 1997 hasta la última publicada en 2013, ha medido en concreto la evolución del riesgo de sufrir ansiedad y depresión -no el diagnóstico-. Para no desvirtuar los resultados, en la estadística se eliminó el efecto del envejecimiento, puesto que los problemas de salud mental han ido creciendo a medida que también envejece la población. El objetivo era «determinar si existía un cambio diferente durante el periodo analizado», los años de la crisis. La conclusión es clara: «Independientemente de la edad, la crisis ha venido acompañada de un deterioro de la salud mental, especialmente en hombres», subraya el estudio, que ha sido publicado recientemente en la revista especializada 'International Journal for Equity in Health'.

Una de las virtudes de la investigación es que no se limita a observar la evolución de los datos. También compara los resultados en relación a diferentes variables: el género, la edad o la situación laboral. Y los problemas no afectan a todos por igual. Las desigualdades se hacen evidentes. El deterioro de la salud mental es mayor entre hombres que entre mujeres. Los problemas de ansiedad y depresión entre la población masculina mejoraron hasta 2007 y empeoraron hasta 2013. En ese periodo la prevalencia de estos trastornos pasó del 10% al 14,7%. El incremento no fue tan acentuado entre la población femenina. La mala salud mental entre las mujeres empeoró a partir de 2002. En 2007, un 18,2% sufría riesgo de ansiedad o depresión. Seis años después eran un 22%. Por edad, los más afectados son los hombres de entre 35 y 54 años, y las mujeres de entre 25 y 44.

¿Por qué se dan esas diferencias? Por un lado está la pérdida de ingresos, que no solo acarrea problemas económicos, también inseguridad, pesimismo, incertidumbre, ansiedad... Pero además surgen otros factores psicológicos. «Algunos estudios apuntan a que en el caso de las mujeres el efecto de la crisis en la salud mental es menos fuerte porque su rol también está ligado a la esfera privada y doméstica, lo que hace que en el caso de quedarse en el desempleo sustituyen ese vacío por otras funciones. En términos de salud mental, parece que sufren menos», explica Bacigalupe. La hipótesis apunta a que el rol que desempeñan las mujeres fuera del mercado laboral puede amortiguar el impacto de la crisis en su salud mental, y al revés, el hombre se puede ver más afectado cuando pierde su papel de sustentador de la familia.

También con empleo

Pero ese patrón de género no se cumple siempre. Si se vinculan los problemas de salud mental con la situación laboral, las mujeres parten en desventaja. El estudio detecta más casos de ansiedad y depresión atribuibles a la situación laboral entre las mujeres, 3,3% frente al 2,5% entre los hombres.

«El desempleo es un factor relevante, pero su papel es limitado», apunta Bacigalupe. Entre los hombres, el aumento de los trastornos de ansiedad y depresión se limita a la población desempleada, y también a los estudiantes, «un nuevo grupo vulnerable», advierte Bacigalupe, experta en desigualdades de la salud. Los casos también crecen entre las mujeres desempleadas (ya desde 2002) y estudiantes. Pero a la vez se observa un empeoramiento entre las personas que conservaron el empleo. «El papel del aumento de desempleo no es suficiente para entender tal deterioro ni el aumento de las desigualdades», insiste la investigadora en las conclusiones del estudio. Esa influencia limitada tiene que ver con un perfil de desempleado «menos precario», más protegido por el sistema social y por contar con una red familiar «más intensa que en otros contextos», aborda el informe.

El hecho de que los problemas mentales sean mayores entre las mujeres desempleadas puede indicar también que el colectivo esté expuesto a mayores riesgos, entre ellos el de la salud mental, añade. «La cobertura de desempleo es menor, también tenemos tasas de pobreza mayores, en general condiciones socioeconómicas peores que, en caso de estar en desempleo, nos sitúan en desventaja respecto a los hombres y en mayor exposición al riesgo de problemas mentales», interpreta Bacigalupe que, en todo caso, precisa que serán necesarios estudios que indaguen en estas diferencias de género para llegar a una conclusión.

Inquietud por los jóvenes

El estudio revela más datos interesantes. El aumento de los problemas de ansiedad y depresión entre la población joven inquieta a los investigadores. «Hay muy pocos estudios que estén realmente viendo qué está pasando con la población joven», advierte Bacigalupe. Con una tasa de paro del 41% (menores de 25 años) y con el obstáculo de los elevados precios de la vivienda intacto, el horizonte pinta bastante negro para esa generación. «Tienen unas nulas expectativas de realización vital y laboral y eso les aboca a una situación de especial riesgo de salud mental en época de crisis», sostiene la investigadora.

El pesimista escenario de la juventud contrasta con la estabilidad que se refleja en el estudio entre las personas jubiladas. «Son las únicas en las que que no se observa ningún efecto en la salud mental relacionado con la crisis. Son el único grupo que ha logrado mantener su nivel de renta, se han convertido en el sustento de muchas familias, y probablemente ese papel les haya protegido. Al menos no está yendo a peor». Y eso hoy en día ya es mucho.