«Cuando me dan los exámenes tapo la nota, no quiero sentirme rechazada»

Alumnos con altas capacidades y sus padres describen las dificultades y trabas con las que se encuentran en la escuela

M. F. VALLEJO SAN SEBASTIÁN.

Entrar en un centro que ofrece actividades extraescolares para niños superdotados es descubrir un mundo de pequeños genios que se enfrentan a grandes obstáculos para desarrollar su talento. Escolares con cocientes intelectuales de escándalo que no encajan en una escuela que les aburre y padres angustiados, en continua batalla con los colegios, los profesores y el sistema educativo.

«Nos decían que mi hijo era muy movido y se portaba mal en clase. Lo llevamos al psicólogo. Estaba muy triste, y lloraba por las noches. ¡Con 9 años tuvo una depresión! Ya no sabíamos qué hacer, hasta que la tutora nos dijo que le hiciéramos un test de inteligencia», se lamenta Marta, una vecina de Santurtzi con un hijo de altas capacidades.

No es un caso excepcional. «Muchos de estos niños nos llegan tras pasar por los servicios de Salud Mental de Osakidetza. Los padres ven que al niño le pasa algo. Se porta mal en el colegio, no tiene amigos, esta tristeza comienza un peregrinaje por psicólogos y consultas», añade Elisa Álvarez, responsable de Interac, la asociación que trata a estos menores brillantes.

También es habitual que estorben en las aulas o saquen malas notas. «A mí me echaron de clase porque preguntaba mucho, decían que lo hacía por molestar», explica un chico de 13 años, estudiante de tercero de ESO de Vitoria, que acude al centro especializado bilbaíno. Su madre, Silvia, dice que «en los colegios no hacen nada con ellos. Los profesores no saben o no tienen tiempo para atenderlos». El 65% de los niños superdotados «sufre fracaso escolar», apunta Álvarez. «Se aburren en clase y se sienten incomprendidos», dice.

Antes de los 4 años

Los padres suelen optar por buscar una valoración de las capacidades de sus hijos externa al sistema educativo porque el proceso que se lleva a cabo en la escuela «es muy largo, con muchos trámites burocráticos», comenta la responsable de Interac. Resalta que «apenas se detecta al 1% cuando los estudios revelan que un 3% de los escolares son superdotados y el 8% tiene altas capacidades». Coincide en que descubrir a las chicas es «complicado». «Si no se hace antes de los 4 años, es imposible. Después aprenden a ocultarse para no tener problemas».

«Cuando me dan los exámenes tapo la nota para que no la vean mis compañeros, no quiero sentirme rechazada», comenta una estudiante de 13 años a la que después de un largo proceso de trámites y evaluaciones psicológicas han adelantado un curso. «Mi hija, además de intentar pasar desapercibida, iba triste al colegio... hasta que un día sufrió un ataque de ansiedad y empecé a informarme y a leer», comenta su madre, Elisabete, que recuerda cómo sintió «un alivio» cuando se comprobó el alto cociente intelectual de su hija y se le aceleró la escolarización. Aunque no ha sido la panacea: sigue enfrentándose «a la incomprensión de los profesores». «Pasan bastante de nosotros. Solo pedimos que nos ofrezcan cosas interesantes en clase para hacer», añade su hija.

Jesús Ángel Hijano es padre de un chico de 18 años que completó los dos cursos de Bachillerato en uno solo y está ya en segundo de carrera. Su hijo pequeño también cursa en la actualidad los dos años de Bachiller en uno. «En Primaria y Secundaria se aburrían, ha sido una buena solución, aunque conseguir que se apliquen estas medidas no es fácil y lleva tiempo. Ha-Falta información a las familias y existen dificultades burocráticas». En el caso de estos dos jóvenes de Elgoibar, acelerar su programa de enseñanza fue posible gracias a que encontraron un centro, el instituto de Mutriku, que les apoyó y facilitó todo el proceso.

 

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