Los 'guerreros de Playstation' piensan en el suicidio

Dos pilotos de drones realizan su trabajo en el área denominada 'el cubículo'/
Dos pilotos de drones realizan su trabajo en el área denominada 'el cubículo'

Estados Unidos comienza a estudiar los problemas psicológicos que sufren los militares que, sentados en un sillón y con un mando a distancia, dirigen bombardeos y asesinatos mediante aviones teledirigidos

ÓSCAR B. DE OTÁLORA

En los últimos once años, los aviones no tripulados de Estados Unidos han acabado con la vida de 2.400 personas sólo en Pakistán. Durante casi una década se creyó que este nuevo método de guerra, los llamados drones, iba a marcar un antes y un después en los escenarios de batalla. Se suponía que era el inicio de una nueva forma de lucha sin bajas por parte del país atacante y que sus responsables serían una generación de expertos que había crecido con la 'Playstation' y la 'Gameboy' y que, por lo tanto, no iba a tener problemas a la hora de vencer en este nuevo conflicto tecnológico. Además sería una guerra limpia y quirúrgica. Sin embargo, la realidad está demostrando que ni siquiera las máquinas son capaces de acabar con las debilidades humanas. Los pilotos de drones se hunden en la depresión y su comportamiento está desvelando que la psicología humana es, como en muchos ámbitos de la vida, el punto más débil de cualquier estrategia.

El año pasado, según un documento filtrado a los medios de comunicación norteamericanos, 240 militares abandonaron las unidades que controlan los drones, una cifra significativa si se tienen en cuenta que alrededor de 1.180 personas componen toda la fuerza capaz de manejar este complejo sistemas de armas. Los síntomas que presentan muchos de estos pilotos de sillón -a los que se apoda '18x'- son ansiedad, depresión y trastorno de estrés post traumático, con pensamientos suicidas y problemas de relación. A algunos de ellos también se les ha diagnosticado 'burnout' -'el síndrome del quemado'- con síntomas de fatiga crónica, falta de motivación y sensación de incompetencia. Esta sintomatología ha sorprendido al Ejército americano, que creía que manejar un avión teledirigido desde un sillón y con un mando a distancia no podía acarrear este tipo de problemas. Con lo que no contaron es que no todas las psicologías humanas están preparadas para matar y asumir las consecuencias de una decisión de este tipo.

Invento de la CIA

Todo el drama comienza con el 11 de septiembre de 2001. Estados Unidos y los países coaligados invaden Afganistán y comienzan a luchar con los talibanes y Al Qaida. En ese momento, los drones eran unos aviones no tripulados dotados de cámaras de vídeo y sensores que ya se habían utilizado en los años 90 en la guerra de Bosnia como forma de obtener información en tiempo real sobre el enemigo. Sin embargo, durante la guerra afgana, los mandos de la CIA decidieron armar estas aeronaves con misiles antitanque 'Hellfire' y utilizarlos en contra de blancos sobre el terreno. Según una leyenda que narran los críticos con esta forma de lucha, cada vez que uno de estos aviones transmitía las imágenes de un hombre con barbas y chilaba blanca se decidía abrir fuego.

A partir de esos años, los drones experimentaron un desarrollo espectacular dentro de la maquinaria bélica norteamericana. El primer aparato, bautizado como 'Predator', se utilizó durante años pese a que era tan sólo un avión de observación con un improvisado sistema para lanzar misiles. La empresa General Atomic crearía un segundo drone, denominado 'Reaper' (Segador) diseñado específicamente para los ataques militares. Este avión teledirigido transporta alrededor de 300 kilos de armas y permite, por ejemplo, ver una matrícula de noche a tres kilómetros de distancia. El Ministerio de Defensa español acaba de adquirir cuatro de ellos, aunque, según se ha afirmado, sin capacidad para realizar ataques a tierra y sólo con la versión de observación.

Normalmente se dirigen desde un punto de control que puede estar situado en Estados Unidos aunque el aparato sobrevuele Irak o Siria. Un militar se dedica a controlar el vuelo de la aeronave mientras que su compañero se encarga del armamento o las cámaras de vigilancia. Estos dos '18x' trabajan en una sala aislada -el 'cubículo'- y sus calendarios de trabajo son de doce horas diarias, seis días a la semana. Estas cifras suponen unas 1.800 horas al año frente a las 300 de un piloto de un avión verdadero. Pero al hombre que vuela en un caza se le considera un héroe y a los '18x' se les acusa de ser actores en una «guerra de cobardes».

Valoración social

Esta diferencia en la valoración social con respecto al papel de los responsables de los drones y los pilotos es una de las claves de la depresión de los '18x'. Pero hay más consideraciones. Una de ellas es la falta de riesgo. Mientras que un piloto pone en peligro su vida cada vez que despega, un controlador de drones no tiene ningún temor. Esta ausencia de peligro implica que no es necesario el coraje y, por lo tanto, todos los valores asociados a la valentía y el autorrespeto. Ello, a su vez, lleva aparejado que entre los pilotos existe un espíritu de camaradería propio de quienes comparten situaciones de miedo y superan retos, algo que no sucede en quienes simplemente están sentados en un sillón manejando un 'joystick'.

Además, subyace un sentido moral complejo en el uso de drones. En un principio se creía que el hecho de que los muertos fuesen únicamente píxeles en un pantalla iba a evitar todo el coste psíquico que conlleva ejecutar una muerte. Los expertos se han dado cuenta de que en algunos momentos ha sido así, es decir, los pilotos de drones pueden realizar ataques como quien juega a la 'Playstation'. Pero esto es una trampa. En la práctica, la mentalidad de videojuego ha supuesto un aumento de las bajas civiles -los daños colaterales- en cada bombardeo, puesto que no se toman las mismas precauciones que cuando se puede tener una visión directa del enemigo. De los 2.400 muertos acreditados en Pakistan, al menos 900 eran civiles sin ninguna vinculación con actividades terroristas. Esta actitud de confundir la vida con la 'Gameboy', sin embargo, supone que el aumento de los daños civiles se traslada a la opinión pública y genera un fuerte rechazo hacia los '18x'. En este sentido, antiguos pilotos de drones iniciaron este año una campaña en redes sociales para pedir a sus compañeros que se nieguen a volar. En esta acción, difundieron un vídeo con las imágenes de niños muertos por ataques realizados con aviones teledirigidos.

Una de las reflexiones sobre esta cuestión la ha realizado el psiquiatra y experto en tratar a los veteranos de Vietnam, Jonathan Say, quien asegura que al valorar los traumas que sufre alguien que ha participado en una guerra, los efectos del miedo y el pánico pueden ser inferiores a otro tipo de traumas. En su libro 'Aquiles en Vietnam', el psiquiatra asegura que se debe tener en cuenta la 'lesión moral', es decir, el daño que causa en el espíritu el tomar decisiones que acarrean muertes. La 'Playstation' en este mundo, mata de verdad y, según los datos, no todos los pilotos pueden asumir ese hecho aunque al principio parezca un juego.