¿Mentiría por un bombón?

Una caja de bombones./
Una caja de bombones.

Un estudio revela que los ciudadanos españoles son tan honestos como los de otros lugares del mundo y, sin embargo, son más tolerantes con la corrupción

COLPISAmadrid

Un equipo internacional coordinado por el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, David Pascual-Ezama, ha analizado si 1.440 participantes de 16 países decían la verdad ante una sencilla prueba.

El experimento consistía en lanzar una moneda con dos colores dentro de una caja. Si la cara superior era la blanca, el participante conseguía un bombón; si era la negra, no recibía nada. La peculiaridad es que nadie, salvo él mismo, veía el contenido de la caja, así que podía mentir para llevarse el premio.

La iniciativa nació de una conferencia en la Universidad de Duke, en Estados Unidos, donde el profesor Dan Aliery afirmaba que la honestidad de los ciudadanos era sustancialmente similar independientemente del país en que viviesen. "Aliery dijo que ya había comprobado su tesis en varios países y que se disponía a hacerlo en España y en Italia. Entonces la gente se echó a reír", cuenta Pascual-Ezama.

El investigador español recogió el testigo del estadounidense y, para su sorpresa, el 43% de los participantes confesó haber obtenido la cara negra, quedándose sin bombón. Como la probabilidad de obtenerla es del 50%, con una extrapolación estadística se desprende que el 86% se resistió a la tentación de mentir, sin que hubiera diferencias globales entre las distintas nacionalidades.

"Los indicadores que miden los índices de corrupción de las instituciones de distintos países revelan que esta es mucho mayor en España que en Dinamarca, por ejemplo", afirma Pascual-Ezama. El objeto del estudio era comprobar si el motivo era que los españoles son más deshonestos, pero la prueba desmintió esa teoría.

"Cuando uno está completamente seguro de que no le van a ver -explica el investigador-, el comportamiento es mayoritariamente honesto, independientemente de la cultura".

La conclusión es que los españoles son más permisivos con la corrupción que, por ejemplo, los daneses, pero no más corruptos. A la pregunta de por qué entonces los ciudadanos de este país son más tolerantes con las prácticas deshonestas de las instituciones, Pascual-Ezama ríe y contesta: "Eso es lo que tenemos que averiguar ahora".