La Virgen coronada

Se procesionaron distintas advocaciones de la Virgen./KUTXATEKA
Se procesionaron distintas advocaciones de la Virgen. / KUTXATEKA

1954 La provincia se volcó en la jornada mariana más destacada celebrada en San Sebastián

JAVIER SADA

Podría escribirse, aunque de forma incorrecta, que las vírgenes coronadas recorrieron las calles de San Sebastián, siendo más acertado mencionar que lo hicieron las imágenes coronadas que representan a la Virgen. Para la Iglesia Católica tan solo hay una Virgen, por lo que todas las demás son sencillas advocaciones que no admiten el plural en cuanto al sujeto principal.

Ayer celebramos la festividad de la Virgen del Coro, patrona de San Sebastián, y hoy lo hacemos por la Virgen de Aránzazu, patrona de Gipuzkoa, efeméride propicia para recordar aquel 31 de octubre de 1954 en el que la ciudad vivió una jornada Mariana como nunca en su historia había conocido: nueve imágenes guipuzcoanas de la Virgen, todas ellas coronadas, fueron procesionadas por las calles principales.

La consagración de la diócesis al Inmaculado Corazón de María creó el ambiente propicio y el alcalde, Juan Pagola, lo decía en su Bando publicado al efecto: «Hemos llegado a la fecha cumbre del calendario conmemorativo del Año Mariano, engalanemos nuestros balcones y acudamos al cortejo». En la balconada de la calle Mari se colocaron las banderas y estandartes de las cofradías, hermandades y congregaciones participantes y en Portaletas, sobre un gran altar, rodeado por cientos de seminaristas y los niños y niñas de las escuelas donostiarras, fueron colocadas las nueve imágenes de la Virgen del Coro, Aránzazu, Itziar, Juncal, Olatz, Arrate, Urrategi, Izaskun y Arritokieta. En la parte superior del 'portaviones' se ubicó el Ayuntamiento y la Diputación, que habían acudido en corporación. Abajo esperaban las bandas de música, los dan-tzaris y los txistularis. La jornada había comenzado en Añorga donde, a las diez de la mañana, centenares de ciclistas, motoristas y automovilistas recibieron a las imágenes. La Virgen del Coro, como anfitriona, abandonó su camerín de Santa María y esperó a las demás en Alderdi Eder.

Ocho imágenes coronadas de la Virgen fueron procesionadas por el centro de la ciudad

El padre Peyton se desplazó a la capital guipuzcoana expresamente para esta ceremonia

A las once comenzó en el Muelle la ceremonia de la consagración, que contó con la participación del padre Peyton, llegado a San Sebastián expresamente para esta ocasión, y una vez terminada todos se trasladaron a Santa María a la espera de la gran procesión vespertina que llegaría hasta el Buen Pastor. Fue el principal problema de la organización controlar las grandes avalanchas de devotos que «como fuera» deseaban acercarse hasta las distintas imágenes, motivo por el que se dictaron severas normas que enfadaron a muchos.

Las imágenes habían llegado con sus respectivos ayuntamientos, las diez o doce personas que formaban su corte de honor y grupos de fieles. Las colegialas esperaban en la calle Narrica... Las mujeres en la calle San Jerónimo... Los hombres en la Subida al Castillo... Los colegiales en la calle Mayor... No faltaron los clubes deportivos de cada localidad... Los remeros que daban escolta con sus remos, los pelotaris con sus cestas, los arrantzales con sus redes... Las campanas tocando a laudes y desde el Muelle el sonido de los barcos.

A la ceremonia se sumó la imagen del Purísimo Corazón de María, que llegó desde Gros, y el rosario se rezó a través de la megafonía instalada en las calles del recorrido. Llegados a los jardines de la catedral se siguió el mismo protocolo para la ubicación del público asistente que, en su mayoría, por falta de espacio, quedó en el exterior del templo. Desde una tribuna situada en el atrio, el padre Patrick Peyton se dirigió a los fieles que abarrotaban las calles... Se cantó la Salve y en los camiones de transporte, las imágenes regresaron a sus puntos de destino.

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