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Los últimos seis limpiabotas de la ciudad

Un veterano limpiabotas sin identificar/fondo marín / paco marí
Un veterano limpiabotas sin identificar / fondo marín / paco marí

1973 | En los soportales del Boulevard, «tres héroes de la profesión continúan dejando como espejos los zapatos»

MIKEL G. GURPEGUI

Hoy, reglamentados, solamente quedan media docena de limpiabotas en San Sebastián», leemos en DV en noviembre de 1973, cuando sentían una nostalgia adelantada por un popular oficio que vivía sus última etapa.

Sabemos que en nuestra ciudad trabajaba en los años 50 una treintena de limpiabotas. Y se dice que mucho antes, en la 'Belle Époque', llegaron a ser el doble. Jóvenes incansables que en los arcos del Boulevard o junto a algunos cafés daban lustre y brillo a los zapatos sin descanso, sacándose su buen sueldo.

En los años setenta, la época de los 'limpias' había pasado. Quedaban poquitos, eran veteranos y tenían escaso trabajo. Joaquín Aranondo y Miguel Ciruelo fueron algunos de aquellos últimos limpiabotas donostiarras. En 1973 escribían con cariño y nostalgia acerca de ellos...

«En San Sebastián los limpiabotas van desapareciendo. Y sin llegar contar batallita alguna, diremos que en los tiempos del Casino y del Kursaal se llegaron a clasificar en nuestra ciudad hasta sesenta limpiabotas. Había un toque de elegancia indudable. Hoy en día, los zapatos se los limpia uno -o se los limpian a uno- en casa. Se sale pisando con el calzado ilustrado. Si la lluvia, un bache, el barrillo, el polvo ha manchado nuestros zapatos y tenemos que presentarnos en un despacho, en una reunión o en una comida, o donde fuere, sin desentonar, entonces nos acercamos a los porches del Boulevard, esquina San Jerónimo, donde tres héroes de la profesión continúan dejando como espejos los zapatos para hacernos más presentables».

Como héroes y hasta mosqueteros pintaban a los limpiabotas en el texto publicado el 8 de noviembre de 1973.

«Son tres abnegados mosqueteros que aguantan firmemente las horas del día, para complacer a un público seguro, fijo o de paso, que solicita un recorrido a sus zapatos. Y cumplen su misión a conciencia y discreción. Son hombres sumamente educados, que están al corriente de los problemas, que dominan la vida popular de la ciudad, que recuerdan a aquella banda municipal del maestro Ariz, los dos casinos y otras muchas cosas».

«Vicios superiores»

Recordaban hace 45 años en nuestro diario que los limpiabotas, desde su segundo plano, habían formado parte de los tiempos de esplendor y que era una pena que en 1973, con «un mayor nivel de vida, con una serie de hábitos y vicios muy superiores a los existentes hace cincuenta años, solamente quedan en San Sebastián media docena de limpiabotas, tres de ellos heroicamente defendiendo los porches del Boulevard, junto a la donostiarra calle de San Jerónimo y defendiendo una profesión a extinguir».

«Les rendimos nuestro homenaje de respeto y admiración, y les deseamos largos años de vida. Ellos también han actualizado precios, como es natural, sin esperar al primero de enero. Sus tarifas están acordes con los tiempos. Y no lo decimos por darles jabón, sino por tenerles sincero afecto y respeto».

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