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«La tragedia» de María Alicia, sin tiempo para ser niña

Tres niñas vivarachas/fondo marín / paco marí
Tres niñas vivarachas / fondo marín / paco marí

MIKEL G. GURPEGUI

Aunque parezca un tema de nuestro tiempo, también hace sesenta años preocupaba la realidad de esos chavales estresados por sus actividades escolares y extraescolares. Encontramos esta preocupación en un artículo sin firma y con llamativo título, 'La tragedia de María Alicia', que describía y criticaba el día a día de una niña donostiarra, no sabemos si imaginaria o real. Leamos.

«María Alicia es una niña cualquiera de siete años, que va al colegio con sus trenzas o flequillo que le da un aire de encantadora despreocupación. Es inquieta, juguetona (...). Pero por la edad le han cambiado el horario: para las nueve está en clase que abandona a las doce, si su mal comportamiento no dice lo contrario».

«Por la tarde, vuelve a las dos y media, hasta las seis. Le queda media hora para triturar la merienda, si un castigo no retrasa esta diaria operación. Y, a las seis y media, asiste al Conservatorio. Una hora dura el tormento que estoicamente padece el profesor. Y a las siete y media -algo más tarde siempre, pues cualquier cosa entretiene a una niña- regresa a casa».

«Y comienza el martirio. Primero, los problemas y las cuentas. Luego, las páginas de copia, escritura y dibujo. A continuación, las lecciones y algún castigo en forma de líneas repetidas un centenar -y más- de veces. Sigue a esto los deberes que exige la música y el estudio de sus lecciones. Total: las diez y media de la noche ofrece la coyuntura de presentar a una niña inquieta, vivaracha, un auténtico 'trasto' de cría, igual que una piltrafa, sin ganas de cenar, cargada de sueño y nerviosa por ignorar el resultado de tanto esfuerzo diario».

«Los niños en edad escolar tienen un efecto en la actualidad: han dejado de ser niños para ingresar en el orden de las personas importantes y llenas de preocupación (...). Convendría implantar un método de 'productividad' dentro del centro escolar que les permita, fuera de las horas de clase, ser niños y jugar hasta caer rendidos».

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