El Pinar, nuevo escenario de bodas en Donostia

Fachada principal del pabellón de inspiración renacentista de la finca El Pinar, que será reformado./
Fachada principal del pabellón de inspiración renacentista de la finca El Pinar, que será reformado.

Una empresa de catering apuesta por la celebración de bodas y fiestas en esta residencia veraniega privada de 25.000 metros cuadrados situada entre Loiola y Txomin

Jorge F. Mendiola
JORGE F. MENDIOLA SAN SEBASTIÁN.

La finca El Pinar, una residencia veraniega obra de Luis Elizalde con casi un siglo de historia, puede convertirse próximamente en escenario de bodas y otros eventos si prospera la iniciativa que sus propietarios han presentado al Ayuntamiento.

Con una superficie de 25.000 metros cuadrados entre Loiola y Txomin y acceso por el camino de Uba, la finca -de la familia Vergarajaúregui-Satrústegui- ya ha sido lugar de celebraciones desde hace más de 50 años, pero lo que se pretende ahora es profesionalizar el negocio con la participación de la empresa de catering Divinus. Para ello, es necesario realizar algunas obras de reforma y accesibilidad y, al tratarse de terrenos rurales, se precisa que la Diputación declare «de interés público» la implantación de usos hosteleros antes de acometerlas. La Junta de Gobierno Local prevé aprobar hoy la solicitud a la institución foral, que es la competente en la materia, lo que supone el inicio de los trámites administrativos para que la idea se convierta en realidad.

Lo cierto es que El Pinar ya se ofrece en alquiler para todo tipo de actos (presentaciones de productos, spots, sesiones de fotos...) a través de una agencia inmobiliaria, que se refiere a ella como una «hermosísima finca con más de medio kilómetro de carreteras en su interior». Según la descripción del anuncio publicado por Fatum Houses, la entrada se realiza por un camino bajo las copas de tilos, arces, fresnos y laureles hasta llegar al pabellón de recreo, de inspiración renacentista, que «constituye el corazón de la propiedad». El edificio, de 220 metros cuadrados, preside el jardín al situarse elevado sobre una escalinata curva de siete peldaños y se abre al exterior mediante una galería de arcos de medio punto sostenida por una columnata de orden jónico con tondos en sus enjutas.

FATUM HOUSES

Por su extensión, trazado y la calidad de los ejemplares arbóreos que alberga -en especial los cedros del Atlas-, así como por su antigüedad y por estar ligada su historia al Festival de Cine -las estrellas de Hollywood ya se divertían aquí hace medio siglo-, el de El Pinar es considerado uno de los jardines particulares «más notables» de Gipuzkoa.

Además del pabellón, la finca cuenta con otras construcciones como la casa del guarda o el frontón. También una piscina en forma de lágrima que respeta las raíces de los árboles circundantes (abetos, pinos, cipreses, robles americanos, acacias, nísperos del Japón, kakis...) y estatuas de inspiración clásica.

«Preservar su valor»

Las mejoras incluidas en el proyecto básico entregado al departamento de Urbanismo afectan al pabellón principal (fachada, balaustrada, escaleras, cornisas, ventanas...), así como a los accesos y el jardín. Según defienden los promotores, el objeto de la intervención es «no solo preservar el valor de la finca, sino mejorar la calidad de vida de la población de los barrios colindantes protegiendo un elemento de interés natural y de valor arquitectónico». El presupuesto estimado de los trabajos a acometer asciende a 64.213 euros.

La propiedad acometerá obras por valor de 64.000 euros en el pabellón, el jardín y los accesos

Divinus Catering ya promociona en su web la posibilidad de contratar bodas, fiestas y demás reuniones en El Pinar, que define como «pabellón de recreo de uno de los jardines privados más plácidos y románticos de San Sebastián» y «escenario de fiestas inolvidables». En definitiva, anuncian, «un paraíso terrenal que invita a celebrar con capacidad para 250 personas». A pesar de su antigüedad (1922) y de las demandas de los defensores del patrimonio, el pabellón no está protegido en el catálogo municipal Peppuc, una omisión que los expertos consideran «injustificable».

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